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Animal Crossing new leaf

Ya estamos probando ‘Animal Crossing: New Leaf’ en VidaExtra (sale a la venta para 3DS el 14 de junio), bueno, lo estoy probando yo, que el resto del equipo de editores se puso a silbar disimuladamente cuando el juego llegó hasta nuestras manos. Con incontables horas a la entrega de DS en mi curriculum, los malandrines sabían que me tiraría de cabeza hacia ese mundo de colorines. No se equivocaban, la solida reputación de hardcore gamers de mis compañeros está a salvo si el que firma gustoso el presente artículo es un servidor… Ya tendrán tiempo de jugar cuando no los vea nadie.

Y es que ‘Animal Crossing: New Leaf’ es muy ‘Animal Crossing’, es decir: simplón, naif, meloso, tontorrón, tranquilo y un montón de adjetivos más de esos que suben el nivel de azúcar hasta extremos peligrosos.. ¡Y me encanta! El juego es el contrapunto perfecto a todo el estruendo que nos rodea, digital y real. Es un reducto de paz en el que esconderse unos minutos al día para olvidarse de todo. En ‘Animal Crossing’ solo tendrás que preocuparte por pagar la hipoteca… Un momento, ¿La hipoteca? Releo la lista de adjetivos que escribí hace un momento y no encuentro ‘inocente’.

Dejaré de lado el pizpireto capitalismo que rige el juego para centrarme en las impresiones iniciales, que para eso estamos aquí. Solo hablaré de mi experiencia durante el primer día, y lo haré apoyándome en una de las grandes virtudes de la franquicia, su movimiento en paralelo al tiempo real.

Viviendo un día en ‘Animal Crossing: New Leaf’: amanecer

Empiezo a jugar bien temprano, por lo que el cielo anaranjado, todavía salpicado de estrellas, baña un pueblecito casi desierto. Antes de que la vida haga acto de presencia aprovecho para recorrer el mapa a sabiendas de sus fronteras marcadas en la pantalla táctil. El río que cruza serpenteante de norte a sur me muestra la primera evidencia de mejora gráfica. Porque a primera vista nada parece haber cambiado por aquí, y es en pequeños detalles como el agua o ciertas texturas donde me doy cuenta de que realmente se ve mejor que la anterior entrega de DS.

Correteo de aquí para allá tocando los límites de mi pequeño mundo. Accedo a una zona comercial de estricto horario de apertura y llego hasta lo que parece un mirador. Me siento en un banco y admiro con calma cómo los tonos anaranjados dejan paso poco a poco a un cielo azul. Es entonces cuando siento el juego por primera vez. Eso es ‘Animal Crossing’.

Animal Crossing New Leaf amanecer

Mañana y mediodía. Soy alcalde y vivo en una tienda de campaña

Soy el alcalde del pueblo, así, sin más, nada mas y nada menos. Es una de las novedades más sonadas de esa entrega portátil, pero a mí me asusta la idea. ‘Animal Crossing’ es sinónimo de simpleza y tranquilidad, y cargar sobre tus hombros tanta responsabilidad tal vez no sea lo más adecuado para mantener esa premisa. En estos primeros compases todo va muy lento, así que no sé hasta qué punto cambiará más adelante mi opinión al respecto.

Vivo en una tienda de campaña. Tom Nook, mi casero, me ha prometido que mañana a primera hora tendré mi casita. Bueno, mía no, que el dichoso mapache es como un banco y tengo que pagarle religiosamente (en bayas) hasta saldar su préstamo. Luego, claro está, habrá que endeudarse de nuevo porque querré una casa más grande, y más grande, y querré llenarla de un montón de cosas… Vuelvo a mi realidad virtual. Vivo en una tienda de campaña. Todo llegará.

Animal Crossing New Leaf tienda de campaña

Visito a los vecinos, con personalidades que ellos mismos definen en un par de frases, como es habitual. Me acerco de nuevo a la zona comercial y de ocio, que ya ha abierto sus puertas. Está el museo que estoy deseando ver lleno con mis hallazgos, la tienda de Nook en la que prefiero no entrar, las hermanas erizo y la destreza con la máquina de coser que las caracteriza. Hay también unas cuantas puertas cerradas. Me veo subiendo hasta aquí todos los días para ver si abren por fin esa cafetería donde toca mi perro favorito (aunque según dicen ha colgado la guitarra para darle a los platos bajo la bola de espejos. Renovarse o morir, supongo).

Tarde y noche. ¡Quiero mi caña de pescar!

He estado saliendo y entrando del juego durante todo el día. Como se rige en tiempo real, la tarde me recibe con el comienzo del crepúsculo. A estas alturas he arrasado con todas las manzanas de cada árbol, he limpiado una y otra vez la playa de conchas marinas, el museo tiene un ejemplar de cada especie de insecto que he capturado con mi cazamariposas y ya veo algún dinosaurio a medio hacer a base de desenterrar fósiles con mi pala. Se me resisten los peces, pero me temo que hasta mañana no podré comprar mi caña de pescar.

Animal Crossing New Leaf alcalde

Los vecinos empiezan a llamarme pesado porque los asalto una y otra vez en cuanto los veo. La única que me aguanta a estas horas es mi eficiente y peluda secretaria, que me ha dicho que en breve llegará un nuevo habitante al que podré atosigar con mis preguntas. En ‘Animal Crossing: New Leaf’ todo tiene su momento. Hay que disfrutar en partidas cortas, a diferentes horas del día y en diferentes épocas del año. Calma.

Ya es de noche. Las estrellas cubren tililantes un cielo despejado y es hora de dar por finalizada la jornada. Retorno al mirador con un gorro a juego con el paisaje. Se lo compré a un pequeño mapache que seguro es familia de Tom Nook. Me quedo un rato sentado, pensando en el largo día transcurrido. ‘Animal Crossing: New Leaf’ me ha pillado desde la primera partida. Todo resulta familiar con respecto a la anterior entrega portátil, tal vez demasiado, pero el encanto está ahí, y las promesas de novedades lo estarán en los días siguientes. Miro a la algodonosa luna y sonrío. He vuelto.

Animal Crossing New Leaf noche

Plataformas: Nintendo 3DS
Desarrollador: Nintendo
Distribuidor: Nintendo
Lanzamiento: 14 de junio de 2013
Precio: 40,95 euros

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