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Las recreativas de mi adolescencia

¿Tienes cinco duros? Típica pregunta de los noventa. Con cinco duros se podían hacer muchas cosas. Hasta con una peseta, aunque en este caso la experiencia durase menos (o llenar un globo de agua, o comernos un osito). Algo que hoy en día no se puede repetir, ni por asomo, con el euro.

Pero si estamos en Vidaextra y formulamos esa pregunta que nos llega desde nuestros compañeros de Xataka, está claro sobre a qué nos referimos. Cinco duros significaban diversión. Y todo porque gracias a ellos podíamos echar una partida en una recreativa de la época. Daba igual dónde…

Un salón recreativo del barrio, un bar de mala muerte… Con 25 pesetas podíamos sumergirnos en mundos virtuales. De esos que solían durar, por lo general, pocos minutos. Dependiendo de nuestra habilidad a los mandos. Hecho que ha reflejado con acierto nuestro compañero probertoj al clasificar las clases de personas que se agolpaban ante una máquina recreativa. Pero en mi caso no voy a hablaros de lo mismo, sino más bien de los recuerdos que todavía guardo de esa época, haciendo mención a las recreativas de mi adolescencia, con alto porcentaje de las de mi ciudad, Ourense.

Ciudad que, pese a lo bonita que es (como para hablar mal de mi tierra…), no ha sido desde luego el referente nacional en cuanto a arcades se refiere (e irónicamente tampoco el pueblo de Arcade, Pontevedra, provincia vecina), viendo cómo todas las novedades que se anunciaban en las revistas llegaban con mucho retraso a mi ciudad. Motivo por el cuál, cuando viajaba a una ciudad con más habitantes, véase Vigo o Madrid, alucinaba con la gran cantidad de máquinas que intentaban aumentar el realismo con cachivaches de todo tipo. En Ourense había, pero menos, claro. Pese a que hoy en día, tal y como apuntó mi compañero probertoj, son prácticamente de las pocas que se pueden ver en los recreativos de cualquier ciudad. Aquí siguen varias, tanto en el Centro Comercial, como en las galerías Viacambre, y realmente poco más. Aparte que con máquinas que no han cambiado en todos estos años y que se pueden ver en otros lugares. Que si un ‘The House of the Dead 4’, que si un ‘Puzzle Bobble’, alguno de coches del año de la pera, otro de fútbol y para de contar.

Los primeros vicios, los primeros piques…

Three Wonders (Capcom)

En un ejercicio de retrospección intento recordar cuál fue mi primera recreativa, pero es imposible hacerlo. No han sido desde luego los ‘Space Invaders’, ‘Pac-man’ y cía, ya que en esa etapa todavía ni estaba en estado de gestación. Cierto es que los acabé probando más tarde, pero no es lo mismo. Los primeros recuerdos que me vienen a la mente ante una recreativa son títulos como los ‘Bad Dudes vs. Dragon Ninja’ y ‘Joe & Mac: Caveman Ninja’ de Data East, o los ‘Three Wonders’ y por supuesto ‘Street Fighter II’ de Capcom, el gran impulsor de los juegos de lucha en 2D.

Recuerdo lo mucho que me flipó el ‘Bad Dudes’ en recreativa y lo castaña que me pareció tras hacer lo propio con su conversión a Amiga 500. Hecho que también se repitió con la olvidable conversión a dicho sistema del juego de lucha más famoso de la historia y cuyo nombre no hace falta repetir. Era bastante chocante comprobar cómo, en algunos casos, pese a ser una máquina tan potente para la época, sufría lo suyo con algunas adaptaciones de títulos de recreativas de finales de los ochenta, principios de los noventa. De ahí que cada vez que pisaba un salón recreativo lo flipaba en colores, ya que no me podía permitir (lógicamente) tener una Neo Geo en casa, el sueño de cualquier persona asidua a las maquinitas. Menos mal que SEGA y Nintendo nos lo hicieron más fácil con los 16 bits.

De hecho gracias a estas dos consolas de sobremesa pude disfrutar más del ‘Street Fighter II’ en ellas que en los recreativos. Algo que no sucedió, obviamente, con ‘Three Wonders’, también de Capcom, al no contar con ninguna adaptación ni a consolas ni a PC. Eso sí, en la actualidad podemos encontrarlo en alguna recopilación de Capcom. Pero no es lo mismo. Recuerdo cuando lo probé por primera vez. Cafetería del complejo deportivo Bamio, de Ourense. Ahí estaba la solitaria máquina recreativa con sus tres juegos en el interior. Que ésa es otra. ¿Qué ley azarosa, como diría Luis Piedrahita, regía qué pintaba ahí el ‘Don’t Pull’? Porque los ‘Chariot’ y ‘Midnight Wanderers’ está claro que compartían historia y personajes, pero ¿y el juego de puzles qué? Por darle más colorido.

De los tres me quedo sobre todo con ‘Mignight Wanderers’, ese plataformas de acción que años más tarde Treasure se encargaría de mejorar con el clásico atemporal ‘Gunstar Heroes’, y que me tenía como loco. Con ese control a prueba de bombas y un ritmo tan frenético, siendo francamente divertido (y más asequible) jugado a dos bandas. Algo que en cierto modo sucedía con el gran ‘Joe & Mac’ de Data East, título que también recuerdo con especial cariño situándolo en un restaurante de La Guardia, Pontevedra. En la playa del Molino. Ahí pude comprobar lo divertido que era, con esa temática jurásica que también se explotó en distintos sistemas con los ‘Bonk’, ‘Chuck Rock’ y compañía. Pero el título de Data East tenía algo especial. Y una dificultad bastante puñetera, dicho sea de paso. Cosa que he recordado hace pocos meses con mi buen amigo Marcelo al completarlo en su versión original NTSC-USA para Megadrive, y eso que no es lo mismo. La conversión no es muy avenida. Y no, la de Amiga 500 tampoco. Suerte que, al menos, puede que recibamos su mejor versión este 2013, o quizás en 2014. Y todo porque los franceses Golgoth Studio nos mostraron hace tiempo que lo tenían en mente. Aunque primero tengan que rematar, ya del todo, ese ‘Toki HD’.

Sacrificando el desayuno por las recreativas

Tekken 2 (Namco)

Al ser todavía un pipiolo en época estudiantil no podía permitirme el lujo de estar con una recreativa todos los días. La paga semanal era justa. Cien pesetas, y tiramillas. Aunque eso no quita que a veces optase por sacrificar el dinero del desayuno, que era casi como esa paga semanal, por unos vicios. O bien ahorrarlo para un bien mayor, como un juego para mi Playstation. Pero ésa es otra historia.

En la etapa del instituto es en la que pude disfrutar más de las máquinas recreativas. Los ciber-cafés empezaban a hacerse un hueco, y al final acabaría cediendo a ellos (‘Duke Nukem’ y ‘Red Alert’ tienen la culpa), pero sin duda en comparación me gasté mucho más en las recreativas desarrolladas por Capcom, Namco, SEGA y SNK. Títulos como ‘The Punisher’ (en la sala que estaba enfrente del colegio Cardenal Cisneros), ‘Tekken 2’ (en el VIPs Seara de la calle Camiño Caneiro), o ‘Samurai Shodown’ (en el café-bar Oasis de mi barrio) tienen gran parte de culpa de mi empeoramiento en las notas. Aunque irónicamente gracias a ellos y tantos otros esté donde estoy ahora. Parece mentira.

En donde más tiempo pasé fue en el Seara, que estaba además enfrente de la academia San Roque, donde iba a mejorar esas notas. La tentación… Ya se sabe. Y las compañías. Con mi buen amigo Jorge como máximo impulsor de esos piques al ‘Tekken 2’, una de las máquinas a las que más tiempo le pude dedicar por aquel entonces. Recuerdo cómo Hugo era el amo. Bueno, casi en cualquier juego. Tenía un don. O ese manejo tan perro de mi vecino Jose con Paul. Supongo que inconscientemente por todos ellos suelo ser tan perro en los juegos de lucha. En especial en los ‘Tekken’ y ‘Soul Calibur’ si hablamos de tres dimensiones. No dejando tregua al rival ni en el suelo. Es más. En el suelo es cuando más perro me vuelvo. O arrinconando al rival. Pero si bien por aquel entonces todos iban a lo fácil en el ‘Tekken 2’, escogiendo a Paul Phoenix, Baek Doo San o Bruce Irvin, yo solía tirar más por King. Era de mis favoritos, y me sabía todas sus llaves. Algo que pocos de la zona conocían. Con lo que sumado a que no sabían cómo deshacerse de las llaves, cada vez que hilaba una de las llaves-combo que tenía King, machacando a ritmo las teclas, como si de “Simón dice” se tratase, era prácticamente una victoria segura. Si volviese a esa recreativa creo que hasta recordaría los combos.

Capcom y SEGA y su múltiples beat’em ups

Golden Axe: The Revenge of Death Adder (SEGA)

Si bien los shoot’em ups, o los juegos de naves, son de mis favoritos, intento hacer memoria, pero en comparación han sido pocos los que pude disfrutar frente a una máquina recreativa. Para más inri hay en concreto uno del Seara cuyo nombre jamás he vuelto a recordar. Estaba al lado del ‘Neo Turf Masters’ de Nazca Corporation, por si alguien de la zona lo recuerda. El caso es que obviando ese género que he podido disfrutar más en consolas, a los que más moneditas dediqué está claro que han sido tanto los de lucha en dos y tres dimensiones, como los beat’em ups, guardando con especial cariño los trabajos de Capcom y SEGA en este terreno. Sobre todo el ‘Golden Axe: The Revenge of Death Adder’. También en parte porque jamás ha contado con conversión alguna a consolas, siendo otra de esas joyas ocultas de los arcades de los noventa. Y mi ‘Golden Axe’ favorito, obviamente.

Aquí mi memoria me puede jugar una mala pasada, pero juraría que fue la primera máquina recreativa que se instaló en el café-bar Oasis de mi barrio. Y claro, todos los del barrio lo flipamos en colores con este título de SEGA. Era el ‘Golden Axe’ que tanto nos gustaba de la Megadrive, pero con mejores gráficos, más elementos en pantalla, y con opción de juego a cuatro bandas. Era la perdición.

Perdición en cuanto a echar monedas se refiere, porque era jodido como él solo. Ni con cuatro fuimos capaces de pasarlo, llegando con suerte a la tercera pantalla, y gracias. Hoy con los emuladores (que conste que éste tardó en emularse con fluidez) es todo más fácil. Le damos a echar moneda y sale. Antes era nuestro dinero de verdad. Había que aplicarse de verdad. Y la presión estaba en el aire.

A pesar de esto, no lo considero mi beat’em up favorito. Dicho honor tendría que recaer en ‘Dungeons & Dragons: Shadow over Mystara’, clasicazo de Capcom que perfeccionó hasta el extremo la fórmula iniciada años antes con ‘The King of Dragons’. En esta secuela del ‘Dungeons & Dragons’ visto dos años antes también podíamos jugar a cuatro bandas, tal y como sucedía en el título de SEGA, pero en el de Capcom todo era más completo. El control de nuestro personaje era más variado, y hasta había un ligero componente rolero. Eso sí, por desgracia no tuve la suerte de jugarlo tanto en su momento al llegar tan tarde. Pero por lo menos me desquité con otros clásicos de la compañía de Osaka, como el antes mencionado ‘The Punisher’, u otro de mis favoritos, el altamente demandado ‘Cadillacs & Dinosaurs’. Coches de lujo, dinosaurios y tollinas virtuales en compañía de dos colegas. ¿Qué podía salir mal? Salvo agotar nuestra paga semanal en diez minutos, nada.

Aunque para momento en el barrio, el que se produjo con la llegada del ‘Samurai Shodown’. Con ‘Street Fighter II’ y sus múltiples revisiones lo habíamos flipado todos, pero el nivel de detalle y de gore que nos brindó SNK con esta saga de samurais marcó a toda una generación. Muchos ya habíamos probado otros trabajos de la compañía, como ‘Fatal Fury’ o ‘Art of Fighting’ (siempre se me ha dado fatal esta saga, como comenté en el especial de SNK), pero con ‘Samurai Shodown’ se rizó el rizo. La lucha con espadas y demás parafernalia entraba por la vista, y los combates eran de lo más fluídos. Y claro, la gente se agolpaba día sí, día también, tras esta máquina saca-cuartos.

Namco y sus tiros en tiempos de crisis

Time Crisis (Namco)

Mucha tecnología, mucho Internet, mucha GunCon… Pero ninguna consola ha logrado repetir la sensación que sentí al experimentar por primera vez una partida al ‘Time Crisis’, mi juego de disparos sobre raíles favorito. Mucho he disfrutado también con los ‘The House of the Dead’ de SEGA, pero desde luego que la sensación generada por Namco y el acierto del pedal para cubrirnos o dejar nuestra cobertura hizo que muchos nos sintiésemos como James Bond, por decir algún personaje ducho con las pistolas. ‘Time Crisis’ no solamente nos exigía precisión en los disparos (si fallábamos contra los enemigos de rojo, una vida menos garantizada), sino calcular bien nuestros movimientos. No podíamos estar a cubierto todo el rato, de lo contrario moriríamos al agotarse el tiempo, ni tampoco estar todo el rato a descubierto, porque o bien los disparos, o bien partes del entorno nos matarían.

Teníamos que estar pendientes, por lo tanto, de dos cosas. De nuestra pistola, sujetada a una o a dos manos (depende de nuestro aguante y nivel de chulería), y de nuestro pie para pulsar o soltar el pedal para controlar la cobertura de nuestro personaje. Pero todos sabemos que en los salones recreativos había gente que iba un poco más allá, agachándose de verdad. Vale que con la impresión, en la primera partida, tengamos el acto instintivo de agacharnos. Yo, sin ir más lejos, lo hice. Pero hay otros que lo vivían de verdad, como si les fuese su vida en juego. Ahí es cuando el modo mirón que todos llevamos dentro, tal y como describió probertoj, salía a relucir, y claro, nos lo pasábamos pipa. Hasta que el susodicho perdía la partida, lo que no tardaba en suceder…

De lo poco que puedo presumir de esa época es que el ‘Time Crisis’ ha sido de los pocos que pude pasar con una moneda. No fueron cinco duros, claro, sino ya cien pesetas. Pero se sobreentiende. Hazaña que casi consigo con el ‘Metal Slug’ de Nazca Corporation, otro de los títulos de disparos (en este caso de scroll lateral) a los que más monedas le eché. Y también uno de los más habituales de bares, restaurantes o salones recreativos. En especial su primera entrega. De mis favoritas.

Por este pequeño repaso a las recreativas de mi adolescencia no puedo olvidarme de volver a mencionar el ‘Puzzle Bobble’, porque no fueron pocas las burbujas que exploté tanto en solitario como en compañía, ni tampoco del ‘Super Puzzle Fighter II Turbo’ de Capcom, versión en plan ‘Tetris’ del clásico de la lucha por excelencia y divertido a rabiar. Aunque también con un alto índice de pique entre colegas por ganar la partida en último momento por un súper-combo-de-la-leche.

En definitiva, estos son los que a bote pronto se me vienen a la cabeza. Haber está claro que ha habido más, pero como homenaje a la moneda de 25 pesetas y las recreativas bien puede valer, principalmente como excusa para que compartáis con nosotros vuestras experiencias con aquella época. Juegos, anécdotas, lo que sea. Venga, vamos. Que seguro que no son pocos.

En Xataka | ¿Tienes cinco duros? La época dorada de los salones recreativos y arcades
Imagen de cabecera | Midnight Wanderers (HeavyMetalHanzo – deviantART)

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