
Qué difícil es triunfar con una nueva IP (Propiedad Intelectual) en este mundillo. A veces nos quejamos del síndrome de secuelitis, pero también tenemos que ponernos en el papel de las compañías desarrolladoras. Crear algo partiendo de cero, sin saber qué éxito le deparará, no es algo que se pueda tomar a la ligera. Sólo unos pocos afortunados consiguen salir adelante. Y no es lo mismo hablar de un estudio indie, que de una compañía grande. El primero, si bien no lo hace por amor al arte (en algunos casos sí, pero no deja de ser un trabajo por el que nos gustaría ser recompensados), no necesita tanta inversión monetaria para verlo finalizado, mientras que en la segunda sí. De ahí que con cada nueva IP muchas compañías se la jueguen, y si no triunfan con su retoño, entren en quiebra.
Una buena campaña de marketing es necesaria, pero por mucho que se haga en ese sentido, si el juego es malo, siempre será malo, con todas sus consecuencias. Ahora bien, en éste y otros ámbitos de la vida, no todo es blanco ni negro, sino que hay un mayor abanico de colores de por medio. Es por ello que lo que para alguien sea una obra maestra, para otro no lo sea tanto, y lo que para algunos no deja de ser una obra inferior para otros tiene aspectos que deberían ser tenidos en cuenta y que elevan su calidad general. En definitiva, que para gustos los colores, y toda opinión será válida siempre y cuando se justifiquen los motivos. Es por ello que, visto el reciente panorama salpicado de polémica con videojuegos como ‘Brink’ o ‘Conduit 2’, voy a hablaros de cinco IPs incomprendidas que a mí personalmente me encantan.










