Nadie reconoció a Kojima por la calle ni quiso sus regalos de Death Stranding 2, pero bastó un vídeo para que la gente perdiera la cabeza

Una campaña que pasó del mayor de los fracasos al éxito

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Sergio Cejas (Beld)

Editor

El ir andando por la calle y que alguien te quiera parar para entregarte algo es demasiado habitual, al igual que el hacer la vista gorda, decir que tienes mucha prisa o que no te interesa. Eso mismo es lo que vivieron el propio Hideo Kojima y su equipo mientras intentaban promocionar Death Stranding 2 en las calles de Tokio con una peculiar campaña que no les salió nada bien, al menos durante las primeras semanas.

Según ha contado a la revista An-An, a principios de este año salió a la calle junto con otros integrantes de la compañía para repartir paquetes de pañuelos a los transeúntes. En principio parecían unos normales y corrientes, pero estos destacaban por incorporar un código QR que al escanearlo te llevaba al tráiler de esta secuela. Además, en ellos figuraba el logo del juego, pero la inmensa mayoría de personas ni se molestaban en parar a recogerlos.

Según ha expresado, el motivo de decantarse por este tipo de promoción se debió a que "Death Stranding es un juego que trata sobre las conexiones", así que eso le llevó a "querer probar este gesto de entregarle algo a alguien", debido a que "el acto de recibir un objeto directamente de un desconocido se acerca mucho al tipo de conexión que se explora en Death Stranding".

Sin embargo, pese a su popularidad, parece ser que no todo el mundo le reconoció, así que la idea fracasó estrepitosamente debido a que, según ha recordado, cuando extendía la mano, nadie quería los pañuelos y se alejaban directamente sin ni siquiera mirarle. Lo intentaron en zonas tan frecuentadas como Akihabara, Ikebukuro y Shinagawa, pero nada fue suficiente hasta que se le ocurrió emplear su cuenta de X.

Fue entonces cuando publicó un vídeo mostrando los pañuelos, así como dónde se encontraban, y de repente las bolsas llenas de paquetes que nadie quería volaron como la espuma. La voz se corrió rápidamente por todas partes e infinidad de aficionados hicieron todo lo posible por encontrar a los encargados de repartir los pañuelos para quedarse con alguno de recuerdo. La locura fue tan brutal que en cuestión de muy pocos minutos se quedaron sin unidades, demostrando el poder y alcance que pueden tener las redes sociales.

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