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He jugado a Skatebird, un juego sobre pájaros en skate que resulta más mono que divertido
Análisis

He jugado a Skatebird, un juego sobre pájaros en skate que resulta más mono que divertido

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Con la saga Tony Hawk's Pro Skater en horas bajas, sin Skate 4 en el horizonte y con la única esperanza de que el indie Session acabe llegando a buen puerto, el pasado E3 centró todas sus miradas en un simpático juego sobre un pájaro en un monopatín. A falta de halcón, todos nos agarramos al canario como a un clavo ardiendo.

El título, que ya había asomado el pico a finales de 2018, aprovechó el momento para lanzar un Kickstarter que subió como la espuma para doblar los casi 20.000 euros que necesitaba para su financiación. Ahora, a una semana de completarse la ronda de mecenazgo, hemos querido acercarnos a Skatebird para comprobar si es algo más que monería y cuquismo. 

Una apuesta muy prometedora sobre el papel

La demo disponible (puedes descargarla aquí) tan sólo es una alfa de lo que promete ser el juego final, pero ya da buena cuenta de por dónde irán los tiros y hasta qué punto podemos o no emocionarnos. Su creadora, Megan Fox, ha asegurado desde el primer día que su foco es pequeño y no planea salirse de ahí, pero eso no resta que haya buenas ideas en el horizonte.

Como ya ocurría en los primeros Tony Hawk, aquí la idea es gozar de un parque en el que disfrutar a nuestro aire -esta vez sin contador de tiempo-, mientras exploramos y conseguimos distintos objetivos que los pajarillos de la zona nos reclaman. Consigue X puntos en X segundos, tírame ese libro para poder abrir un paso a la siguiente mesa… 

Con la idea de patinar sobre escenarios basados en los lugares por los que pasa nuestro amo, el juego irá generando nuevas zonas a partir de cómo avance la historia del cuidador, desde la oficina en la que trabaja hasta su habitación, así que nuestro objetivo será ir desbloqueando nuevos parques para ver hasta dónde llega esa trama en segundo plano. 

Por el camino, la fama de un pajarillo que irá consiguiendo cucamonadas para ponerse sobre la cabeza, nuevos plumajes y, como suele ser habitual en estos casos, también nuevas tablas con las que patinar. No hay datos sobre un progreso a nivel de habilidad o trucos, pero viendo que el foco está puesto en hacer de Skatebird una experiencia lo más adorable posible, no apostaría por ello. 

Pese a las escuetas posibilidades que ofrece la demo, sí hay detalles que pueden decantar la balanza hacia un lado u otro. En mi caso, pese a ser muy fan de los videojuegos basados en miniatura (el reciente Yoshi’s Crafted World, Katamari, Micromachines o el mítico Toy Story 2), debo decir que la ilusión que había sobre el papel ha salido volando por la ventana cuando me he puesto a los mandos.

Skatebird tiene mucho margen de mejora

El control, a todas luces un sistema bastante ortopédico que recuerda al que había en los primeros Tony Hawk, es lo bastante tosco para que sea incómodo pero no tanto como para ser injugable. Sí sorprende lo mucho que puedes llegar a atascarte al no tener opciones para rotar e ir en otra dirección, pero también es cierto que muchos de los errores con los que te cruzas son fáciles de atar al hecho de ser una versión alfa. 

Donde no hay demasiado hueco para contemplaciones es en la creación y recreación del espacio. Lejos de aprovechar la originalidad para convertir objetos cotidianos en rampas y cajas de trucos, Skatebird aprovecha un clip por aquí y una grapadora por allá para justificar un escenario que está plagado de elementos sacados de un skatepark real en vez de los objetos que encontrarías en una mesa de escritorio. 

Peor aún, entrando en el terreno de lo jugable y dejando atrás el de las preferencias personales o el gusto estético de cada uno, es el diseño del espacio. Pese a gozar con un escenario tan grande como una habitación -incluso puedes bajar de la mesa y patinar por el suelo-, todos los elementos están apelotonados en un espacio muy reducido que cede poco hueco a maniobrar y experimentar con líneas de trucos. 

Si lo que nos espera en la versión final, por ahora programada para 2020, es radicalmente mejor a lo visto, puede ser un pasatiempo simpático al que sumarse. Sin embargo hay algo más que pulir asperezas por delante, y no sé hasta qué punto la idea va a ser conseguir un juego tan mono como divertido. Como siempre, esperanza que no falte. 

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