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Que no te engañe su aspecto, Parkasaurus es el mejor simulador de Jurassic Park que he probado
Análisis

Que no te engañe su aspecto, Parkasaurus es el mejor simulador de Jurassic Park que he probado

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Pese a ser bastante fan de lo cuqui y tener bastante estómago para un aspecto visual que podría ser apodado como “chute de azúcar”, estuve muy cerca de dejar pasar Parkasaurus. Afortunadamente, el haber quedado un poco desencantado con Jurassic World Evolution me obligó a hacer de tripas corazón.

Acercarme a él pese a su sobredosis de colores pastel, su aspecto infantil y sus chascarrillos de andar por casa, es probablemente uno de los saltos de fe que mejores resultados me ha dado en los últimos meses. Pese a estar en Acceso Anticipado, Parkasaurus ya es un juego casi completo sin mucho margen para echarle cosas en cara.

Bienvenidos a Jurassic Kawaii Park

Recuperando la esencia de lo que en su día fue Jurassic Park Operation Genesis, la idea detrás de este particular simulador zoológico es enviar expediciones a recuperar fósiles que, una vez tratados, puedan convertirse en los dinosaurios que atraigan a visitas en tu parque. 

La gran diferencia que sienta las bases de lo que engloba a Parkasaurus es que, si en aquél conseguías extraer ADN, en este le das los fósiles a una gallina para que suelte un huevo de dinosaurio de la forma más surrealista y cómica posible. De él saldrán pequeños bebés dinosaurios que con el tiempo crecerán hasta ser lo suficientemente grandes poder llevar las gafas y gorros que venden en la tienda.

Este espíritu, ideal para que mi hijo se siente a mi lado y se parta de risa con algo a lo que yo no le veo ni pizca de gracia, es una fachada con dos caras muy distintas. Por un lado está la de desaprobación, la que probablemente muchos de vosotros estaréis dibujando en vuestra cara con una mueca muy similar a la que tuve yo en su día. Por el otro una cortina de humo tras la que se esconde un sistema lo suficientemente rico y profundo para hacer de Parkasaurus el simulador de parque de dinosaurios más prometedor que he jugado en años.

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No es que sea un pozo de horas en el que caer y quedar atrapado, es más un agujero negro del que es imposible salir porque no entiende ni de espacio ni de tiempo, pudiendo convertir fácilmente las tres de la tarde en las tres de la madrugada y, pese a haber quemado todos sus cartuchos en lo que a progreso se refiere, ofrecer la sensación de que aún queda mucho por rascar.

Un reto mucho más profundo de lo que parece

La promesa de misiones en algún punto de un desarrollo que este año encara su recta final, el Acceso Anticipado sólo cede hueco al modo libre. En él, la búsqueda de fósiles mediante un minijuego, se suma a la necesidad de crear el parque lo más apetecible posible, no sólo para los visitantes, sino también para los propios dinosaurios.

Olvidar las necesidades de estos últimos, que sufren estrés por tener mucho público y ningún sitio donde esconderse, depresión por no tener compañeros con los que convivir o juguetes con los que jugar, una dieta capaz de alimentar su apetito y un terreno que se asemeje a lo que su carné de dinosaurio dicta, puede provocar que se vuelvan locos y acaben atacando a los visitantes.

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Lo cómico de ver un triceratops zarandear a alguien que pasaba cerca del recinto, deja de serlo cuando el atacado empieza a publicar el incidente en redes sociales y el parque se resiente por ello. Lo aparentemente simplista e infantil de la propuesta se convierte en algo completamente distinto cuando mantener ese equilibrio, el de tener contentos a público y dinosaurios, te obliga a gastar tus beneficios en mejoras para estos últimos cuando lo que buscas es maximizar tus beneficios sangrando a las visitas.

Con importantes mejoras de producto y sinergias entre edificios que pueden llevar a que la venta de alcohol en el parque maximice los ingresos generados por un restaurante cercano, crear el parque perfecto es una tarea que puede llevarte un buen puñado de horas y que, una vez conseguido, te des cuenta de que sólo tienes desbloqueados tres tipos de dinosaurios y aún te quedan una veintena más por descubrir.

Un juego al que seguirle la pista

El gran reto de WashBear es dar con la nota adecuada en lo que economía e ingresos respecta. Cuando lo probé por primera vez hace unos meses, era fácil acabar con dinero saliéndote por las orejas y, tras la última actualización en su servidor de pruebas, la necesidad de tener un parque apto para los dinos y atractivo para las visitas es un desafío mucho más completo y divertido.

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Sí sigue habiendo cierta falta de equilibrio en lo que a árboles de progreso se refiere. Con dos opciones ligadas a un árbol de investigación y otro centrado en los likes que entregan los asistentes al parque, completar sus ramas es una tarea bastante asequible si tu inversión está orientada a ello, por lo que es relativamente fácil llegar al final de ellos sin demasiado esfuerzo. 

Más importante (y complicado) me parece el reto de afrontar esa necesidad atándola a la velocidad a la que descubres dinosaurios para que la experiencia de todas esas ramas: novedades de edificios y animales, dinero e investigación, vayan más de la mano en vez de haciendo cada uno la guerra por su cuenta. Pero pese a todo ello, frente a lo que ya es un juego muy redondo, que Parkasaurus siga teniendo margen de mejora y crecimiento es también una grandísima noticia.

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