Compartir
Publicidad
Retroanálisis de The Chaos Engine, uno de los clásicos más recordados de The Bitmap Brothers para Amiga
Análisis

Retroanálisis de The Chaos Engine, uno de los clásicos más recordados de The Bitmap Brothers para Amiga

Publicidad
Publicidad

Uno de los recuerdos más vívidos que tengo de mi época con el Amiga 500 son esas partidas a The Chaos Engine intentando llegar al segundo mundo. Hoy ya no me resulta ni la mitad de complejo que por aquel entonces, pero ni la marchosa canción del principio ni su estilo de juego se me han borrado.

Es uno de los múltiples clásicos que se recuerdan de Amiga y en lo personal me apetecía revivirlo aprovechando que hace pocos años se rescató en PC puliendo ligeramente su apartado gráfico y sonoro junto con el control. La duda era evidente: ¿ha aguantado el tirón esta obra de The Bitmap Brothers?

La tecnología en manos erróneas es peligrosa

The Chaos Engine

El punto de partida que da nombre al propio juego es esa The Chaos Engine que ha variado por completo a toda la humanidad. Bajo una ambientación steampunk llena de tecnología futurista y humanos mutados en seres de lo más monstruosos, se nos pide, bajo seis mercenarios (Mercenary, Brigand, Gentleman, Navvie, Thug y Preacher), acabar con esa tecnología y con el causante de todo, un barón con sed de poder y bastante mala pata.

Tenemos por delante cuatro mundos, con sus respectivas cuatro fases por barba, para desfacer ese entuerto de un modo bastante peculiar. Porque The Bitmap Brothers, estudio inglés al que le debemos los Xenon y Speedball, se salió de los cánones habituales de esta clase de shooters con perspectiva casi cenital al crear unos patrones para avanzar basados en llaves... especiales.

Aquí no había puertas al uso, sino que el mapa se iba modificando según recogíamos esas llaves con poderes únicos, lo que derivaba en algunos secretos que nos podían hacer la tarea de sobrevivir más llevadera y de paso desbloquear rutas alternativas para la siguiente fase y contar con ventaja.

Aparte de las citadas llaves, para completar cada fase había que activar una serie de nodos desperdigados por el mapa. Esta tarea se iba complicando cada vez más, tanto por la dureza de los enemigos (pese a que todos eran prácticamente idénticos en cuando a comportamiento se refiere) como por lo laberínticos que resultaban algunos mapas. Pero al menos teníamos a nuestra disposición varias vidas y diversos puntos de control "Yin y yang". 

The Chaos Engine nos obligaba a jugar acompañados de otro mercenario, ya fuese controlado por la propia IA o por un colega. Y esto era un puntazo, porque incluso jugando en solitario nos podíamos beneficiar del poder del otro mercenario al intercambiarlos a placer. Como usar un botiquín, un mapa o cualquiera de los ataque explosivos del resto de mercenarios.

The Chaos Engine sigue teniendo su chispa

The Chaos Engine

La obra del estudio inglés destacó por sus gráficos y el enorme tamaño de los personajes, lo que de aquellas impactaba pero que en realidad resultaba ser poco práctico al limitar bastante el campo de visión. De ahí buena parte de la culpa de todos los golpes y disparos que recibíamos al tener poco margen para reaccionar. Porque los enemigos nos sorprendían a cada dos pasos.

Lo bueno es que podíamos mejorar los parámetros de ambos mercenarios cada dos fases usando el dinero obtenido previamente. Y esto tenía un poco de miga, ya que las monedas se volatilizaban a los pocos segundos. Todo un engorro, pero al que uno tenía que acostumbrarse matando y recogiendo las monedas al instante, así nos evitábamos disgustos. Eso sí, no se compartían.

Cada mercenario acumulaba la misma cantidad, pasase lo que pasase. Algo de agradecer, sabiendo lo mucho que costaba mejorar la habilidad (que determinaba cuándo podíamos tener power-ups y mejorar el resto de las habilidades) y la potencia del arma. Los otros parámetros se ceñían a la vida y la velocidad, quedando la sabiduría como lo único centrado en la IA.

Eso sí, el énfasis inicial, en parte por esa música tan reconocible del primer mundo, se iba disipando progresivamente por culpa de cierta monotonía en sus mecánicas y en la total ausencia de jefes finales por mundo salvo en el último de todos. Y para colmo, mal hecho y con un pico de dificultad desorbitado donde las vidas acumuladas caían como moscas.

A modo de curiosidad, decir que en su posterior conversión al Amiga CD32 contó con una escena de introducción animada, mientras que en su puesta al día para PC, aparte de pulir todo lo relativo al apartado visual y sonoro, se ha implementado un control digital que amplía las ocho direcciones de disparo del original. Aunque esto último no le hacía falta, la verdad...

¿Ha aguantado bien el paso del tiempo?

Sí, aunque ya no luzca tanto como antes porque sus carencias son más palpables que nunca. Y ni siquiera su banda sonora logra pasar el corte de las mejores canciones de Amiga. Pero aunque tan solo sea por recordar su primer mundo, merece la pena darse un garbeo por The Chaos Engine.

The Chaos Engine

The Chaos Engine

Plataformas Amiga (versión analizada), Atari ST, MS-DOS, Mega Drive, Super Nintendo y PC
Multijugador Sí, local (hasta dos jugadores)
Desarrollador The Bitmap Brothers
Compañía Renegade Software
Lanzamiento 1993
Precio 8,89 euros (GOG)

Lo mejor

  • Buena variedad de mercenarios
  • Su estética steampunk
  • La canción del primer mundo

Lo peor

  • Tan solo un jefe y para colmo mal hecho
  • Adolece de falta de variedad en los demás mundos
  • La música no está inspirada en el resto de cortes

Temas
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Inicio