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Jugando al filo del mañana

Jugando al filo del mañana
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Vale, esto ya lo he jugado en 'Resistance: Fall of Man', aquel título más bien normalillo de PS3: la humanidad en peligro por una fuerza extraña e imparable surgida en el mismo corazón de Europa. Extraterrestres expandiéndose por el viejo mapa como si de un añejo documental sobre la Segunda Guerra Mundial se tratara. La humanidad pierde por goleada, e Interpreto a Tom Cruise de cobarde, un publicista al que meten en el fregado de un envite esencial que pretende cambiar las tornas.

Me aburren las intros, pero bueno, esta solo ha durado 8 minutos. Me niego a morir en una misión suicida y me obligan a participar en ella, bien. Tras ser noqueado me despierto sobre una montaña de petates a las puertas del infierno.

Empieza el asunto en la base militar fronteriza. "¡En pie, gusano!" Conozco al típico superior borde, a los compañeros que te excluyen con cada frase dicha, con cada gesto insinuado. Me resisto a entrar en el combate del día siguiente (se resiste mi avatar, preso del guion escrito, yo estoy deseando que empiece la acción). "¡Mañana serás bautizado, volverás a nacer!" Y llega mañana. Me enfundo un poderoso exoesqueleto propio de 'Call of Duty: Advance Warfare' y montamos en máquina aladas camino de ensangrentadas trincheras. Empieza la fiesta.

Aviso de spoilers: a partir de aquí hay muchos detalles sobre el argumento de la película. Si no has visto la película no sigas leyendo.

Al filo del mañana y su eterno reinicio

Nuestro transporte cae abatido por un misil. Siento correr la adrenalina por mi cuerpo cuando aterrizo de forma violenta sobre el campo de batalla. Barro, caos, muerte, ruido ensordecedor. Estoy como en casa. Mi avatar está aterrorizado, sin embargo mi rostro esboza una sonrisa. El mundo se desmorona a mi alrededor. Los proyectiles zumban a pocos centímetros de mi cabeza mientras lucho de forma torpe por hacerme con los controles. Y entonces la veo.

Ahí está, bella, sucia, imponente en el mismo centro de la tormenta. Es la heroína imbatible, la que llena las pantallas de televisión pregonando esperanza con cada una de sus victorias. Es el único guerrero que ha salido triunfal en batallas supuestamente perdidas. Es el camino a seguir. Nuestras miradas se cruzan entre el horror. De repente, una explosión la hace saltar en mil pedazos. ¡Putos puntos de giro! ¡No podéis matar al Jefe Maestro nada más empezar la función! A partir de ahí todo va cuesta abajo.

"¡Esto es un matadero!", dice mi odiado superior antes de caer abatido. He vuelto con mi equipo solo para verlos morir. Un ente metálico los ha destrozado brutalmente ante mis ojos. Disparo sobre un bicharraco enorme que se abalanza sobre mí. Sangre de mercurio se derrama sobre mi rostro quemándome, haciéndome gritar de dolor. Game Over.

El Filo Del Mañana Exoesqueleto

Mierda, vuelta a empezar. Me despierto sobre la montaña de petates. Afortunadamente el punto de guardado automático está en la llegada al campamento. Mi superior me grita, conozco a mis compañeros, mi transporte es abatido… Estoy otra vez en la acción. Cuando la veo, esta vez no me quedo obnubilado por su presencia, salto hacia ella y la libro de la explosión. Intercambiamos unas pocas palabras antes de que un extraterrestre acabe conmigo. Joder, vuelta a empezar.

Comienzo a frustrarme. Vuelvo al día antes de la batalla. Ahí está el jefe cabrón y el resto de compañeros descerebrados. Intento convencerlos a base de opciones en la conversación, les digo de qué va esto, que sé lo que va a pasar y que podemos superar lo que se nos viene encima si siguen mis instrucciones. Nada, me amordazan y me mandan de nuevo al infierno. Nunca confíes tu vida virtual a un npc!

Un par de muertes más y pulso Start con la convicción de que esta vez sé cómo actuar. En una de las partidas ella me ha dicho, justo antes de morir: "Búscame cuando despiertes". Por fin una clave de cómo avanzar.

Sudando en la arena para ganar experiencia

Allí está, admirada por todos, en un lugar de la base que no había visitado en mis múltiples reinicios. Y me cuenta una buena historia. El mimético (así es como llamamos a esos monstruos) que maté en mi primera partida me ha transferido su capacidad de rebobinar el tiempo. Esa es la garantía del éxito de los invasores, saber exactamente qué vamos a hacer los humanos. Y ahora podemos utilizar ese arma en su contra. Ella sabe todo esto porque una vez tuvo mi poder. La miro y sé que no miente. Así nació su leyenda. Le sonrío. Vamos allá.

Filo Manana Fondo

En las siguientes partidas no voy a lo loco. Apuro el tutorial y entreno en la arena hasta decir basta. Me hago uno con el mando, como en los juegos de antaño. Vuelvo a morir una y otra vez, pero en cada ocasión la experiencia me hace llegar un poco más lejos. Ahora lo hago con ella y, maldita sea, para ser un avatar es bastante guapa.

Un atacante arriba, disparo. Otro aparecerá justo tras la colina. Listo. Agáchate, hay un indeseable justo a tu izquierda. Conozco de memoria las pautas enemigas, y ha llegado un momento en que toda esta rutina solo tiene un incentivo. “¿Tengo monos en la cara?”, dice ella ante el imperturbable rostro de mi avatar. Mientras, tras él, mis mejillas se sonrojan.

Avanzando hacia el final enamorado de un avatar

Alcanzamos juntos un punto que he visitado mil veces. Es una casa abandonada en mitad del campo. Sosiego agradecido tras el estruendo. Estoy atascado, pero me gusta llegar hasta aquí porque es de los pocos momentos en los que disfruto de su compañía sin tener que apretar el gatillo. Me pide un café y yo se lo pongo como a ella le gusta, como he hecho ya tantas veces.

De repente ocurre algo que se sale de ese guion del que conozco cada palabra y cada coma. Me pregunta qué cómo sé que le gusta así. La miro sin decir nada. "¿Cuántas veces hemos estado aquí? ¿Cuántas veces?", me dice con unos ojos que de repente expresan derrota. Le confieso que ni yo lo sé, que va a morir en una emboscada en cuanto salgamos de la casa. Ella aprieta los dientes y, sin que pueda hacer nada por impedirlo, se dirige corriendo hacia su destino. Cuando me arrodillo ante su cuerpo inerte siento algo dentro de mí que no debería estar ahí. Ahora más que nunca quiero alcanzar la conclusión de la historia.

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Y por fin ocurre. Tras una partida perfecta llegamos al jefe final. He estado con esto más tiempo de lo debido. No me gusta, demasiada implicación con un videojuego. Vale, miento, demasiada implicación con esa chica guerrera que no es real y que me lo ha dado todo. La he visto morir una partida tras otra. Cada vez que he dado un paso hacia la victoria sucumbe antes o después. Me temo un final para la posteridad en el que ella luce un epitafio por trofeo. Y no quiero que muera, no cuando estamos tan cerca de acabar con esto.

Toca apurar la última vida. Al filo del mañana, la película

El juego me sorprende por última vez al comunicarme que he perdido el don de rebobinar el tiempo. Es mi última oportunidad, una última vida en la que darlo todo. Me esfuerzo como nunca, actúo con precisión milimétrica. Encuentro la base del invasor, salvo el mundo y ella muere. Resulta que yo también, y pienso que, después de todo, es un buen final sacrificarse en pos de la supervivencia de la humanidad. Pero entonces aparece ese punto de giro imposible. Digámoslo ya: 'Al filo del mañana’ no es un videojuego, es una película dirigida por Doug Liman en 2014. Y Hollywood ejerce su insana influencia. Resulta que en los últimos minutos de metraje los dos revivimos, que los dos somos felices en un mundo de celuloide de inverosímil Happy End.

Estoy en el salón de mi casa, observando pensativo los títulos de crédito que se suceden sobre fondo negro. Por un instante imagino la película como un videojuego de esos que tienen múltiples vías argumentales. Habría estado bien sentir que todo lo visto estaba realmente en mis manos. Porque hubiera elegido morir por ella y con ella en un final a la altura de la épica desplegada. Dadme un mando y crearé poesía, dadme un mando y hare mío el destino, dadme un mando y cambiaré el mundo.

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