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Dying Light le lanza un mensajito a Evolve

Dying Light le lanza un mensajito a Evolve
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Al caer la noche en 'Dying Light' pasamos de cazador a presa. Sobre el papel está muy bien, aunque la IA de los infectados empaña por momentos esta tensión inicial, sobre todo cuando llevamos muchas horas de juego y le perdemos el miedo a probar cosas. Ahí se le ven algunas carencias.

En cualquier caso, el planteamiento está muy bien llevado y hace que cambiemos el chip al instante, de esa tranquilidad del día, en donde difícilmente nos podrán matar los infectados, a ese agobio de la noche, en donde es más recomendable ponerse en zonas elevadas para controlar mejor el terreno y también en utilizar las trampas de todo Harran para evitar males mayores, como ser rodeados.

Lo bueno es que 'Dying Light' va a más gracias a la inclusión del DLC gratuito Sé un zombi, en el que cualquiera puede tomar el rol de un colérico al uso e invadir (si lo permitimos) la partida de los demás. Un modo que inevitablemente recuerda al reciente 'Evolve', con la salvedad de que aquí nos sale más barata la jugada. Eso sí, el zombi en cuestión es toda una máquina de matar que deja en pañales a los monstruos ideados por Turtle Rock Studios al poder eliminarnos de un toque.

En las múltiples partidas que jugué me quedó claro que eso que se dice en las películas de terror de "separémonos para cubrir más terreno" cobra un nuevo sentido aquí. Separarse equivale a morir seguro. Para afrontar con garantías a un colérico manejado por un humano hay que ir en grupo y a poder ser por encima de los edificios. Entre eso y con las linternas a punto, tiene las de perder.

Salvo que nuestros compañeros sean mancos o el zombi haya mejorado sus habilidades, claro.

En VidaExtra | Dying Light: análisis

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