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Ralph Baer, el hombre que soñó una videoconsola

Ralph Baer, el hombre que soñó una videoconsola
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El pasado sábado falleció a los 92 años de edad Ralph Baer, una figura tan crucial como poco reconocida públicamente en el mundo de los videojuegos. Cuando pensamos en los grandes fundadores de esta industria, nombres como Nolan Bushnell o Gunpei Yokoi enseguida vienen a nuestra mente, pero Baer nunca ha sido un personaje tan mediático y casi ha hecho falta que nos dejara para que por fin recibiera un reconocimiento acorde a la importante labor que realizó en vida. Tened por seguro que esta gran afición nuestra no sería lo mismo de no ser por él.

Esta situación se explica en buena medida por la tendencia a permanecer alejado de los focos que mantuvo este inventor apodado como el padre de los videojuegos, pero eso no nos debe servir de excusa para olvidar sus grandes logros. Con más de 150 patentes registradas a su nombre y una contribución esencial en la tarea de llevar los videojuegos hasta cada uno de nuestros hogares, no cabe duda de que estamos hablando de un personaje excepcional y cuyo nombre debe quedar grabado con letras de oro en la historia de este negocio.

Ralph Baer tuvo una contribución esencial en la tarea de llevar los videojuegos hasta cada uno de nuestros hogares

Como judío nacido en la Alemania de principios del siglo XX, la infancia de Baer no fue precisamente la más idílica, por lo que pronto emigró junto a su familia a los Estados Unidos para empezar una nueva vida lejos del terror. Fue allí donde comenzó su formación técnica y donde ya en los años cincuenta surgieron los primeros frutos de su ingenio creativo en inventos como depiladoras eléctricas o equipos de tonificación muscular, aunque no será recordado por esa clase de artilugios. Su gran hazaña llegaría ya en los años sesenta, cuando decidió dedicar sus ratos libres a inventar algo que nadie más había sido capaz de vislumbrar hasta entonces: el futuro del ocio electrónico.

Todo lo que cabe en una caja marrón

Brown Box

Estoy seguro de que todos habréis oído hablar de Magnavox Odyssey, la primera consola doméstica que salió a la venta; la base de su diseño, que llegó a las tiendas por primera vez en 1972, se mantiene aún en los sistemas de hoy en día, prueba inequívoca de que la idea tenía solidez. No obstante, antes del modelo definitivo existió un prototipo, el verdadero germen de las videoconsolas: una caja marrón (así se le sigue llamando hoy en día) sobre la que Baer trabajó entre 1966 y 1968.

Magnavox Odyssey carecía de funciones tan básicas como el sonido o la capacidad de registrar puntuaciones para la posteridad, pero en su momento era una idea puntera

Tras conseguir una financiación de 2.500 dólares y la ayuda de dos ingenieros para la puesta en marcha del proyecto, Baer se centró en aprovechar el hecho de que por aquel entonces el acceso a un televisor era perfectamente común en los hogares americanos para plantear la viabilidad comercial de una plataforma de juego digital que tuviera cabida en cada salón del país. No obstante, lo que pasado el tiempo puede verse como un evidente acierto, dentro del contexto de la época puede entenderse de otro modo, y es por ello que el ingeniero de origen alemán se encontró con tantas puertas cerradas cuando intentó llevar su idea a diferentes fabricantes de televisores para venderla.

Finalmente, fue Magnavox la que vio un filón comercial en la caja de madera de Baer y se hizo con sus servicios para el diseño de un equipo que pudiera poner en manos del consumidor final. La primera generación de la Odyssey nos podrá parecer un trasto prehistórico a día de hoy, carente de funciones tan básicas como el sonido o la capacidad de registrar puntuaciones para la posteridad, pero en su momento era una idea totalmente puntera y se llegaron a despachar unas 350.000 unidades antes de que las primeras sucesoras aparecieran para desplazarla de las estanterías. Su catálogo de hasta veintisiete títulos también nos resultará exiguo para los estándares actuales, pero una vez más es importante entender el contexto para valorar lo meritorio de esa cifra.

Un legado incomparable

Ralf Baer

Inventar la videoconsola ya podría ser considerado un logro más que suficiente para pasar a la posteridad, pero Baer no se quedó ahí y siguió fortaleciendo su idea durante su alianza con Magnavox creando periféricos como la pistola de luz, necesaria para juegos como 'Shooting Gallery', e incluso el prototipo de un controlador para juegos de golf que nunca llegó a ver la luz pero que nos da una muestra más de hasta qué punto fue un hombre adelantado a su tiempo.

Mientras se siga jugando a videojuegos en este mundo deberemos estar agradecidos a Ralph Baer

Muchas de sus ideas sirvieron de base para que Nolan Bushnell construyera años después el imperio de Atari, lo cual incluso llevó a ambas compañías a un enfrentamiento en los tribunales, aunque al final ambos pioneros han acabado reconociendo el mérito del otro más allá de las disputas pasadas. Como aficionados que hoy disfrutamos de todo lo que por aquel entonces se gestó, no podemos más que estar agradecidos a aquella dura competencia, de la que surgió una industria de este calibre.

Además de Magnavox, Baer también colaboró con Coleco, otra de las compañías pioneras de la época, en el desarrollo de sistemas cada vez más complejos. No obstante, su talento nunca quiso quedar anclado a un único sector y durante los años posteriores colaboró en otros proyectos como el famoso y desafiante Simon, que bien podría ser considerado como un primo lejano de los primeros videojuegos. Este genio siguió desarrollando ideas y experimentando con la tecnología durante muchos años, aunque sin llegar a embarcarse ya en aventuras tan rompedoras para el público. Con todo, su legado es verdaderamente memorable, y mientras se siga jugando a videojuegos en este mundo deberemos estar agradecidos por él.

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