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Por qué hay tanto revuelo con la nueva actualización de Baldur's Gate
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Por qué hay tanto revuelo con la nueva actualización de Baldur's Gate

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Cuando hace unos días Blizzard decidió tomar cartas en el asunto de las posaderas de Tracer, cambiando así una pose de victoria que poco o nada tenía que ver con la esencia del personaje, prácticamente todos lo tuvimos claro, era un cambio lógico. Ahora el tema del sexismo y las críticas procedentes de usuarios cortos de miras vuelven a la carga, esta vez por un personaje transexual de ‘Baldur’s Gate: Siege of Dragonspear’.

La explicación podría quedarse ahí, en poner el grito en el cielo una vez más por la nula capacidad de algunos sectores de nuestra sociedad al intentar entender que el mundo avanza les guste o no, pero como suele ocurrir en estos casos, ni los buenos son tan buenos ni los malos son el diablo.

El origen de las críticas a Baldur's Gate

Me explico. ‘Baldur’s Gate: Siege of Dragonspear’ llegaba hace unos días a Steam y GOG y, automáticamente, las notas de usuario de esas plataformas y Metacritic empezaban a reflejar que la esperada expansión de un juego lanzado en 1998 y con casi la mayoría de edad a su espalda no era, ni de lejos, una opción recomendable.

Es imposible que un juego pueda tener un 10 y un 0 a la vez

Entre la marabunta de críticas había tres factores cruciales: los bugs, problemas al importar partidas y la aparición de un personaje transexual. No hay hueco para las disculpas en los dos primeros casos, los errores están ahí y, pese a no romper el juego, sí pueden lastrar la experiencia de algunos jugadores.

Sí sorprendía, sin embargo, que la maraña de notas positivas saltase directamente del 10/7 al 5 para automáticamente caer del 3/0 con más de un centenar de análisis a sus espaldas. Todos estamos de acuerdo en que un juego puede ser bueno o malo y que las opiniones son como los culos, cada uno tiene el suyo, pero es imposible que un juego pueda valorarse con un 10 y con un 0.

Baldurs

Hace mucho que las notas murieron, que dejaron de ser una parte importante a la hora de decantarnos por un título y sí una excusa para que el PR de turno se lleve un plus en su sueldo como agradecimiento de su compañía, pero si el problema preocupa en los medios especializados, con la cantinela de unos maletines que no he visto en casi 10 años en este sector, a nivel de usuarios es aún peor.

El drama de las notas de usuarios

A las reviews pagadas en Steam toca sumarles la de aquellos usuarios que, por no casar con una ideología, máquina o compañía, se dedican a manchar la supuesta calidad de un título por simple diversión. Un mal cada vez más creciente que obliga a mirar con lupa cada valoración y, ante la avalancha de haters que puebla internet, incluso ignorar por completo la nota global de un juego.

Abordar temas como el del derecho a que cada uno haga lo que quiera con su cuerpo

El hecho de obligar a jugar X horas a un título antes de poder valorarlo, contando así que el usuario ha pagado por él y lo ha probado lo suficiente antes de decir si le parece bueno o malo, parece ser una solución, pero la bilis y la falta de sentido común se cuenta por millares en internet y, a menudo, ni siquiera eso es suficiente.

En resumen, que hemos llegado a ese punto de no retorno en el que no podemos fiarnos ni de nuestra sombra, así que leer análisis de medios especializados y usuarios es una tarea tan compleja que al final acabamos fiándonos de nuestro instinto o de aquellas voces que tomamos como válidas.

Tras ese grave problema hay otro, el de la falta de empatía al abordar temas como el del feminismo o, ampliándolo a algo más global en el que no haya hueco para la personificación o las críticas a uno u otro sector, el del derecho a que cada uno haga con su cuerpo lo que le salga del higo.

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Otro tipo de historia merece un aplauso

En una reciente entrevista en Kotaku, Amber Scott, guionista del juego, se lamentaba del tratamiento que hacía el primer ‘Baldur’s Gate’ de la mujer y hacía hincapié en la intención del estudio Beamdog de cambiar eso, creando así una historia de fantasía medieval que tuviese hueco para otra perspectiva sobre la sexualidad e independencia de sus personajes.

En el juego original había muchos chistes sobre mujeres. Si no muchos, sí un par muy claros sobre cómo Safana era una mujer objeto y Jaheira era la típica esposa gruñona que se usaba como reclamo cómico. Quisimos decir, no, ese no es el tipo de historia que queremos hacer, así que en Siege of Dragonspear, Safana tiene su propia parte de historia, mejorando su personalidad. Si a la gente no le gusta eso, mala suerte.

Nada que objetar ¿verdad? Pues no exactamente, o al menos no desde la perspectiva de aquellos usuarios que han aprovechado la ocasión para despertar la siempre flotante nube de mierda sobre la sexualidad de un personaje virtual y han inundado la red de redes con comentarios como “es una completa basura propagandística” o “nos quieren meter la transexualidad con una pala por la garganta”.

Y entonces entramos en el punto en el que la escala de grises empieza a florecer, el punto en el que, marcado por la curiosidad, te acercas a comprobar cómo de grave puede llegar a ser para alguien lo que, a priori, era una buena intención por parte del equipo de desarrollo.

Mal por los usuarios respetuosos, pero no podría decirse que bien por el guión del juego. Dejadme que puntualice eso, pero antes os dejo el caso en cuestión para que valoréis por vuestra cuenta lo que ha despertado la ira de los usuarios.

Si la intención era apoyar una causa, la intención era buena, pero no es menos cierto que el resultado deja muchísimo que desear. Más allá de los impresentables que atacan al personaje de Mizhena por el mero hecho de ser transexual, hay una buena cantidad de usuarios a los que no les falta razón al criticar la postura del estudio con este tema.

Críticas negativas, pero también constructivas

Sea del género que sea, es completamente absurdo que un personaje que acabas de conocer te cuente sus idas y venidas sobre su sexualidad. Digámoslo de otro modo, si lo que se buscaba era reflejar una realidad, el espejo de Beamdog parece pretencioso y orientado a reflejar la realidad que más les conviene, la de generar ruido entorno a lo que para muchos usuarios parece ser un problema.

¿Hay buenas intenciones en el tratamiento que hace Baldur's Gate? Sí. ¿Pobremente ejecutadas? También

Rubén, eres un nazi y un irrespetuoso”. No, perdonad si se pueden malinterpretar mis palabras, pero la idea que tengo de normalizar este tipo de situaciones es muy distinta a la que ‘Baldur’s Gate: Siege of Dragonspear’ representa, es algo que he tocado de cerca y sé a ciencia cierta que pueden crearse personajes distintos al caballero y la damisela en apuros a los que estamos acostumbrados sin caer en la banalidad.

Para muestra un botón que me toca muy de cerca y sobre el que puedo hablar sin temor a meter la pata. Si alguno de vosotros habéis jugado a ‘Blues and Bullets’ (juego en el que he participado como desarrollador), probablemente recordaréis a Milton, el fornido guardaespaldas que nos acompaña.

Se trata de un personaje que, por guión y desde el inicio del juego, fue creado como homosexual y, pese a un par de comentarios que aparecen en el juego, probablemente gran parte de los usuarios no se ha dado cuenta de su orientación sexual.

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Ni se le ha pintado como un personaje amanerado, ni se ha iniciado una conversación en la que de buenas a primeras se ponga a hablar sobre su sexualidad ni, por descontado, se ha utilizado como reclamo publicitario para atraer la atención del público. El equipo quería un personaje con ese tipo de profundidad y se incluyó normalizando la situación al máximo. Punto.

Tan mal me parecen las críticas hacia ‘Baldur’s Gate: Siege of Dragonspear’ por este tipo de intenciones narrativas como la nula capacidad de sus creadores para crear algo que sirva de apoyo a un sector de la sociedad. ¿Buenas intenciones? Sí. ¿Pobremente ejecutadas? También.

La solución ideal al problema a partir de este punto pasaría por trasladar al siglo XXI a todos los retrógrados que siguen viviendo en el XIV al escandalizarse por personajes que se salen de lo común, pero también por coger ‘Baldur’s Gate: Siege of Dragonspear’ y, en vez de pedir en los foros del estudio que se hagan reviews positivas para contrarrestar la nube de ceros, arreglar todos los errores que contiene y, de paso, crear una historia que no trate la orientación sexual de sus personajes como un mero cartel publicitario y sí como un añadido dispuesto a normalizar lo que nunca debería verse como un problema. Por ambos lados, ya toca un cambio.

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