Análisis de 'Comix Zone'. Posiblemente el mejor juego de MegaDrive

Síguenos

comix_zone1.jpg

Bienvenidos al año 1995. Las sudaderas de colores ácidos están haciendo mucho daño, Will Smith aún viste de verde y le hace la vida imposible al tío Phil con la ayuda de Carlton, los bañistas están a salvo gracias a la eficacia de C.J. y Mich Bucannon, y en el cine podemos disfrutar de los últimos taquillazos de Steven Seagal con Alerta Máxima 2 y el tito Willis con ‘La Jungla de Cristal III: La venganza. Es un buen año y nuestra MegaDrive nos tiene preparada una gran sorpresa.

Poned en la percha esa camisa a cuadros, ya que dentro de poco el grunge pasará de moda y preparaos para disfrutar de las aventuras comiqueras de Sketch Turner, un auténtico chulito de playa americano, amante del rock, del surf y con una mano privilegiada para dibujar cómics. Bienvenidos a la aventura de su vida, bienvenidos a ‘Comix Zone’.

De la nada y cuando menos se esperaba, Sega se sacó de la manga un auténtico lujo en forma de Beat’m’up. Una aventura de acción en desarrollo horizontal que llevó las capacidades técnicas de MegaDrive al límite, y que demostró que a la genial consola aún le quedaba mucha caña por dar.

La aventura, como hemos dicho antes, nos pone en la situación de Sketch Turner, un dibujante de cómic que cumple todos los requisitos para ser considerado el auténtico devora nenas de la época, a saber: rockero, pelo largo recogido en coleta, cierto aire alternativo, cachas, de carácter duro y hasta cierto punto bravucón. Vamos, que se las seguiría llevando a día de hoy.

Pero amigos, la vida te pone donde te mereces y con Sketch, además de justa, tuvo a bien darse prisa. Enfrascado se hallaba nuestro joven protagonista acabando de dibujar su nuevo cómic, basado en las propias pesadillas que lo atormentaban noche tras noche y en las que la tierra, medio destruida, se defendía de los ataques de un montón de Alienígenas renegados, cuando por culpa de una tormenta el malvado de la historia consigue trascender del universo en el cómic y hacerse real.

Mortus, que así se llama el chico malo de esta historia, al cobrar vida como ente corpórea lo primero que hace es lanzar a Sketch a su propio cómic, por aquello de putear al héroe más que nada y con la insana intención de acabar con él. Ya interpretando al rubio protagonista, nuestra misión será la de ir pasando página a página por todo el cómic, contando con la ayuda de diversos personajes que Sketch había creado, e ir sorteando los muchos peligros que Mortus va dibujando en tiempo real.

No nos engañemos, el argumento es de serie B, pero maldita sea, eran los años noventa y se trata de un juego de MegaDrive, ¿qué pretendéis, un tratado filantrópico sobre la frecuencia de lluvias en Cataluña? Esto mola más y os garantizo que si le echáis el guante, no os arrepentiréis. Empecemos.

Gráficos.

Revolucionarios. No hay otra descripción. Unos sprites enormes, unas animaciones sublimes, un diseño de personajes noventero (como Dios manda) y un estilo de juego variado e innovador. En definitiva un soplo de aire fresco para el género.

Los escenarios simulan ser una página de cómic, así que nuestro deber será ir saltando de viñeta en viñeta hasta llegar al fin de la página y pasar a las siguientes. En cada viñeta aparecerán los enemigos y tendremos que acabar con ellos mediante combos y ataques especiales. Las animaciones de las que hace gala nuestro devora nenas favorito, son excepcionales. Muy por encima de las que estábamos acostumbrados a ver en la consola y denotan un trabajo realizado con mucho esmero y cariño.

Lo mejor del asunto, y para dar la idea de que el protagonista está atrapado dentro de un cómic y que los diferentes peligros vienen de fuera, es que de vez en cuando aparece la mano de Mortus (el malo de la historia) acarreando un lápiz y se encarga de dibujar a más enemigos para que vengan a darnos caza. Quizá ahora mismo no os parece un recurso demasiado interesante, pero os pido un pequeño esfuerzo de abstracción, recordad que estábamos a mediados de los años 90 y que, por ejemplo, la marca PlayStation aún era un sueño utópico.

Comix_Zone-204.png

Los escenarios son maravillosos también. Una paleta con los colores que más daño hacían en la época, y que bebía directamente del estilo ilustrativo que hacía furor en los cómics americanos del momento. Por supuesto que además, cumplen con los requisitos básicos de toda obra que plantee la destrucción de la civilización y la guerra que los humanos mantienen contra los invasores. Es decir, aparecen diversos iconos norteamericanos destrozados y aunque la acción acabe trasladándose a un monasterio budista en pleno tíbet, oye, eso siempre se agradece.

Cabe destacar también, el correcto uso de onomatopeyas. Al igual que un cómic, la tipografía elegida simula las que se suelen utilizar en los cómics de formato tradicional, al igual que durante diversas acciones veremos como se dibujan las típicas acotaciones sonoras, puestas para enfatizar la acción y que dotan al conjunto de un resultado bastante fardón y característico.

Sonido.

Seamos sinceros, con un hardware como el de MegaDrive, las proezas sonoras van tan lejos como Rambo en un concurso de deletrear palabras.

Vamos, que no quedan muy allá.

Pero no seamos negativos e intentemos valorar en su justa medida lo que ‘Comix Zone’ aporta. Por supuesto contamos con melodías guitarreras (todo lo guitarrero que puede ser un midi, entendedme) que intentan capturar el espíritu de la época y la idiosincrasia del protagonista, algunas digitalizaciones de las voces principales y unos efectos de sonido que, pese a que juraría que se repetían en otros títulos de la época, cumplen de sobras con lo que tienen que cumplir.


Jugabilidad.

Aquí viene el punto fuerte de ‘Comix Zone’. Si bien su apartado gráfico se podría situar tranquilamente entre lo mejor de la consola, su apartado jugable no se queda atrás y facilita un control certero, sencillo y al mismo tiempo profundo del personaje.

Sketch puede realizar multitud de acciones y golpes. Podremos trepar, dar volteretas, romper vigas, romper huesos a los malos, saltar, hacer equilibrios, deslizarnos, agarrarnos a salientes, ayudarnos de paredes para saltar… y todo, por supuesto, realizado con la sencillez que dan sólo tres botones de acción en el mando.

comix_zone-suphero.jpg

Tres botones, para los que tuvieran el mando standard, ya que el juego también fue diseñado para soportar el modelo de seis, y por supuesto que jugarlo con él, era toda una experiencia.

Pero no penséis que el pobre Sketch se encuentra sólo en el terrible mundo que había dibujado, también cuenta con un pequeño aliado, una pequeña rata llamada Roadkill a la que podremos utilizar para descubrir secretos, paneles de acceso, o accionar mecanismos a los que no podemos acceder a primera vista.

Resumiendo, y para que os hagáis una idea aproximada del grado de innovación que este título trajo al mundo de MegaDrive, el jugador podía llegar a ver tres finales diferentes del juego. Según las acciones elegidas durante el desarrollo, todo podía acabar bien, menos bien o fatal, y es que aunque sólo fuesen tres finales diferentes, constituyen una gran guinda a un pastel muy sabroso.

Como anécdota, pero que os ayudará a entender un poco más el cariño y el mimo con el que Sega abrazó a la producción, pensad que al comprar el juego se hacía entrega de un disco compacto con grabaciones de los artistas más cañeros del momento, o que para la salida al mercado Europeo se creó un grupo llamado ‘RoadKill’ que interpretaba al estilo grunge, diversos temas de los que se pueden escuchar en la banda sonora del juego. Vamos, todo un esfuerzo para conseguir convertirlo en un hit.

No sabemos qué demonios pasó, y es que en esto de los videojuegos no hay nada escrito y desde luego las reglas del marketing y el advertising se rompen cada dos por tres, pero un título que lo tenía todo para ser considerado como una leyenda dentro del catálogo de MegaDrive o al menos como el gran revitalizador del género, pasó sin pena ni gloria por el mercado.

comix_zone.jpg

Quizá los jugones no teníamos la edad adecuada para valorarlo en su justa medida, o quizá la fórmula empleada fue como el buen vino y con los años ha mejorado, en cualquier caso, desde aquí y ahora os pido que le deis una oportunidad. Sketch y Mortus no os van a decepcionar.

Recomendado
para todos aquellos que han crecido con un cómic de Marvel o DC bajo su brazo, que han deseado repartir estopa en la Hell’s Kitchen junto a DareDevil o que han soñado ser salvados de un ahogamiento por los húmedos labios de C.J. Parker, mientras de fondo Kurt Cobain entonaba su último ‘Smells like teen spirit’. Todos vosotros, tenéis una cita en ‘Comix Zone’.

No recomendado a los fans en exclusiva de Mafalda, para los amantes de la elegancia de ‘Mike Flowers Pop’ o para los que soñaron recorrer de la mano de Laura Ingles una verde pradera. Mucho me temo que el estilo de cómic que inunda la obra de Sketch Turner queda demasiado alejado de vuestros gustos, pero de todas maneras dadle una oportunidad. Quién sabe, a lo mejor descubrís al monstruo que lleváis dentro.

Vídeo | YouTube

Los comentarios se han cerrado

Ordenar por:

50 comentarios