'Dead Rising 2'. Análisis

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‘Dead Rising 2’ llega hoy a las tiendas y, con él, la evolución de una propuesta que fue y continua siendo uno de los mejores títulos que nos ha brindado esta generación. El primer ‘Dead Rising’ nos obligó a abandonar la anterior generación de 128 bits y, junto a ‘Gears of War’, se convirtió en la excusa perfecta para muchos de nosotros a la hora de adquirir una Xbox 360.

‘Dead Rising 2’ tiene como objetivo llevar la odisea del centro comercial de Willamette al siguiente nivel. Uno con más zombies, una zona más amplia en la que hacer el cabra y un mayor número de armas que nos permita expandir nuestras ansias de machacar no-muertos hasta límites insospechados. Si lo ha conseguido o no, si Blue Castle Games ha conseguido mejorar una propuesta que de por si nos parecía inmejorable, es algo que descubriréis en el siguiente análisis.

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Bienvenidos a Fortune City

‘Dead Rising 2’ continúa la historia en el punto que nos dejó ‘Dead Rising 2: Case Zero’ (análisis). Chuck Greene, ex piloto de motocross profesional, recorre el país escapando de las hordas de zombies que se han hecho con el control de algunas ciudades mientras mantiene a su hija en un estado apto para las fotos de familia inyectándole cada cierto tiempo una vacuna para el virus zombie llamada Zombrex.

Su viaje les lleva hasta Fortune City, un Las Vegas descafeinado en el que se celebra un reality show llamado Terror Is Reality en el que el bueno de Chuck podrá aniquilar zombies a cambio de dinero para comprar las preciadas vacunas que necesita la pequeña.

Como era de esperar la situación acaba torciéndose hasta que la ciudad acaba infestada de hordas zombies y, no contentos con eso, las culpas recaerán en el protagonista tras ser objetivo de un montaje para desviar la atención de los medios.

A partir de este punto nuestro cometido será sobrevivir 72 horas en Fortune City hasta la llegada del ejercito y la evacuación de la gran urbe, mientras mantenemos a nuestra hija a salvo de la grotesca transformación e intentamos limpiar nuestro nombre. Esa búsqueda de Zombrex, unida a la investigación de todo lo ocurrido se convertirá en nuestro hilo conductor en el viaje que nos presenta ‘Dead Rising 2’.

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Si funciona ¿para qué cambiar?

Paralelamente al hilo principal se nos irá informando por radio de los distintos acontecimientos que tengan lugar en la ciudad. De este modo y de la misma forma que encontramos en la primera entrega, continuamente se nos facilitará información acerca de supervivientes que se encuentren en la zona esperando a ser rescatados y maníacos que campan a sus anchas arrasando con todo ser humano que encuentren haciendo de Fortune City un lugar más encantador si cabe.

Las luchas contra los maníacos, los particulares jefes finales de este ‘Dead Rising 2’, son un auténtico suplicio. Siguen esquemas de ataque bastante pautados, pero su agilidad y daño de ataque hacen que una lucha contra ellos se convierta en toda una odisea que acabará con la paciencia de más de uno. Sumémosle además el factor suerte que probablemente nunca estará de vuestro lado y ya tenéis la fórmula perfecta para aprender a tirar el mando hacia zonas contra las que no se haga añicos.

Serán más fáciles cuando lleves encima armas más poderosas, pero siendo realistas eso es algo que no pasará en el 99% de las veces, y aún así, no sería de extrañar que tuvieses que cargar la partida un mínimo de tres veces hasta que acabes con ellos. ¿Mi recomendación? pasad de ellos hasta que juguéis por segunda vez y tengáis unas estadísticas que os permitan asestarles un par de golpes sin que os hayan robado tres cuartos de la barra de vida.

El rescate de otros personajes, desde una abuela senil que busca un regalo para su nieto hasta una pareja encerrada tras una pared de llamas, nos obligará a desplazarnos siempre del punto desde nuestro punto de partida al lugar en el que se encuentren y desde allí hasta el único refugio que existe en el juego. La parte que debería ser más fácil, entablar conversación con los personajes en peligro y convencerlos para que te acompañen, puede llegar a ser la más tediosa en algunas ocasiones.

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El hecho de no contar con voces nos obligará en muchas ocasiones a intentar leer las tres o cuatro líneas de texto que nos indican qué debemos hacer para ponerlos a salvo mientras mantenemos alejados a los enemigos que nos intentan merendar continuamente. Si dicen que los hombres no sabemos hacer dos cosas a la vez, no te quiero contar lo que puede suponer añadir el componente de supervivencia a la mezcla. En realidad es algo que no deja de ser una menudencia prácticamente sin importancia, pero razón de más para que hubiesen intentado solucionarlo para ganarse un punto redondo.

Afortunadamente la IA de nuestros acompañantes estará a la altura de las circunstancias y, bien abastecidos de armas y alimento, se convertirán en una escolta magnífica que además de saber defenderse por sus propios medios nos salvarán de algún que otro aprieto.

Aniquilados los maníacos y salvados los pobres infelices que no tienen los santos huevos de nuestro protagonista para buscarse la vida, llegará la hora de las recompensas, una buena cantidad de PP (puntos de prestigio) que nos permitirán subir nuestro nivel para aprender nuevos ataques, incrementar nuestra barra de vida y habilidades, y conseguir tarjetas combo.

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Una sangría a tu medida

Gracias a dichas tarjetas y a la grandísima cantidad de armas disponibles a lo largo de los escenarios podremos combinar unas con otras para crear obras de arte maquiavélicas con las que reventar zombies de la forma más sangrienta posible.

De este modo la unión en alguno de los talleres que se encuentran repartidos por Fortune City de unos cuchillos con unos guantes de boxeo nos permitirán emular al mítico Lobezno, una cabeza de dinosaurio con bengalas atraerán a la multitud y una combinación de bombonas de butano y clavos acabarán por limpiar la zona dejando tras de si un reguero de vísceras y miembros mutilados.

El número de combinaciones es enorme y la mecánica de subir de nivel para conseguir nuevas armas que nos permitan aumentar nuestra experiencia más rápido se convierte en un divertido ciclo que nos llevará hasta el final del juego sin que apenas nos hayamos percatado.

Una tarea, por cierto, no demasiado difícil si nos centramos en hacer que la historia avance arriesgándonos lo mínimo posible, pero hacer el cabra nos encerrará en más de una ocasión en un callejón sin salida en el que acabaremos o muertos o cargando la partida para evitar que el tiempo límite para realizar una misión se nos eche encima. Por suerte nos gusta el riesgo y llegar a los sitios con al hora pegada al culo, con lo que la dificultad aumenta considerablemente y la diversión hace lo propio.

Continúa el sistema de guardado empleado en ‘Dead Rising’ en el que la llegada a un lavabo se convertirá en un auténtico respiro. Además en esta segunda entrega contaremos con tres huecos para grabar partidas, una salvación si tenemos en cuenta que una partida guardada en un mal momento podría llevar al traste todo lo que llevamos de juego.

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Tener tantas armas a nuestra disposición implica que los desarrolladores tienen que crear un espacio extenso en el que guardarlas. Algo que no supondría ningún inconveniente si no fuese porque las travesías de uno a otro sitio pueden convertirse en un suplicio y las zonas llegan a ser bastante repetitivas. Visto un casino vistos todos y nuestra orientación sufrirá de lo lindo hasta que no nos acostumbremos a mirar el mapa con asiduidad o nos aprendamos las zonas de memoria.

Vuelven también los centros comerciales, y es que es imposible de otra forma ubicar ligeramente próximas una tienda de deportes de la que extraer una pala de remo y una ferretería que nos supla de motosierras.

Y si realmente tienes una fórmula a mano que solvente este inconveniente ponte en contacto con Capcom porque seguramente te convertirás en el fichaje estrella del equipo desarrollador de una imperdonable tercera entrega.

Como punto añadido llegan unas opciones multijugador. Como parece ser que las televisiones de esta generación se estropean si jugamos a pantalla partida han decidido, erróneamente a mi parecer, que éstos modos sean exclusivamente online. Entre ellos una versión del show Terror Is Reality en el que competiremos en diversas pruebas por ver quién aniquila más zombies, y un modo historia cooperativo en el que un hermano gemelo de Chuck, sí, habéis leído bien, será controlado por nuestro compañero.

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La gozada habría sido dejarnos la ciudad para liarla parda a nuestras anchas, pero de momento tendremos que confiar en que alguien le haga llegar nuestra propuesta a los creadores del próximo capítulo.

Conclusión

Que ‘Dead Rising 2’ debería estar ya girando en tu consola es algo muy obvio. Es divertido, largo y, sobretodo, diferente a la mayoría de títulos que pueblan el catálogo de PS3 y Xbox 360. Pero nada más. Viene a ser más de lo mismo, pero mejorado. Suficiente para revivir las buenas sensaciones que vivimos junto a Frank West y su cámara (objeto que por cierto no podréis encontrar en esta entrega), pero no lo suficientemente pulido y sorprendente como para que esta segunda parte ocupe el lugar en el Olimpo que se ganaron Keiji Inafune y su equipo hace cuatro años con la primera.

Me juego el cuello que la mayoría nos conformamos con lo que nos han traído los chicos de Blue Castle Games, pero también es inevitable pensar en ese hipotético ¿y si…?

Ficha Técnica: Dead Rising 2

Dead Rising 2
  • Plataformas: PC, PS3 y Xbox 360 (versión analizada)
  • Editor: Capcom
  • Desarrollador: Blue Castle Games
  • Lanzamiento: Ya disponible
  • Precio: 65,95 euros

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