‘DmC: Devil May Cry’ para Xbox 360: análisis

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DmC: Devil May Cry

‘DmC: Devil May Cry’, como buen reinicio de una saga que es, viene precedido de cierta polémica, sobre todo en lo que respecta al nuevo Dante. Lo curioso es que, a pesar de todo, está recibiendo muy buenas críticas y, al parecer, las ventas tampoco van mal. Veamos qué esconde esta nueva entrega.

A Ninja Theory le tocó la lotería cuando Capcom eligió al estudio británico para que se hiciera cargo del reset de su franquicia ‘Devil May Cry’. La lotería y una gran responsabilidad: la saga, con cuatro entregas más a sus espaldas, es una de las grandes marcas de Capcom y había que estar a la altura. La compañía quería ajustar su nuevo juego a los gustos occidentales, hacer que este nuevo mundo fuera más accesible para nosotros, y hay que decir que Ninja Theory ha hecho un grandísimo trabajo a casi todos los niveles.

El nuevo Dante de ‘DmC: Devil May Cry’

DanteEl aspecto del Dante que protagoniza ‘DmC: Devil May Cry’ ha dado mucho de que hablar desde la primera vez que lo vimos y es la razón principal por la que muchos rechazan el juego sin tan siquiera haberle dado una oportunidad. Más allá de su apariencia, es cierto que se trata de un personaje un tanto odioso con el que es difícil identificarse a lo largo de la insulsa historia y que quizás nos hubiera gustado contar con un protagonista con más matices y cierta evolución, pero a la hora de la verdad, a la hora de disfrutar con el pad en las manos, tampoco importa demasiado.

Este Dante es el típico joven pasado de vueltas que no tiene otra cosa en mente que emborracharse, acostarse con cualquiera que se le ponga delante y pasarlo bien. Lástima (para él) que los demonios se colaran en su ajetreada vida social. Ahí es donde empieza la historia, ése es el momento en que asumimos el control del mocoso vacilón y, sin saber muy bien a cuento de qué, nos tenemos que poner a repartir hostias a diestro y siniestro en un mundo cambiante de extraños y vivos colores.

Imaginación en el diseño de niveles: el Limbo

El Limbo es como una especie de universo paralelo, una dimensión habitada por demonios a la que Dante se ve arrastrado en un principio y que más adelante, con la ayuda de Kat en ciertas ocasiones y por huevos en otras, tendrá que visitar con frecuencia para avanzar. De hecho la mayoría del juego se desarrolla en el Limbo y no en el mundo real, lo cual es la excusa perfecta para que Ninja Theory dé rienda suelta a su imaginación.

Este mundo, el Limbo, es la novedad más importante que ha introducido el estudio. El resultado es un conjunto de niveles de aspecto colorido y extraño que tienen su propia vida y objetivos: ponerle las cosas difíciles a Dante e incluso retorcerse sobre sí mismos para acabar con su existencia.

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Más allá de la belleza estética de los niveles de ‘DmC: Devil May Cry’ (es imposible no acordarse del aspecto gráfico del maravilloso ‘Enslaved’, también obra de Ninja Theory) están su diseño y la forma en la que tenemos que relacionarnos con ellos. En ocasiones se deformarán para atraparnos en un amasijo de piedra, pero en otras deberemos modificarlos a nuestra conveniencia para seguir avanzando. De esta forma crearemos plataformas, moveremos pesados bloques a los que saltar y nos engancharemos a ciertos puntos elevados para alcanzar zonas lejanas.

En general, y salvo en un par de misiones, los niveles son una delicia. Avanzar por ellos supone una sorpresa tras otra. El carácter vivo de los mismos y su capacidad de transformación es uno de los grandes hallazgos del juego y el mayor acierto de Ninja Theory, que hace gala de una imaginación infinita gracias a la libertad creativa que les ofrece el Limbo. Hay otras dos misiones cuyos escenarios son totalmente distintos al resto en todo, ambos relacionados con un par de peces gordos a los que patear el culo, que consiguieron hacerme sonreír por lo inesperados que resultan. Sólo por esas dos misiones habría que darle un premio a Ninja Theory por sus cojones y su falta de complejos de ningún tipo.

‘DmC: Devil May Cry’ es acción pura y dura

Otro de los puntos fuertes de ‘DmC: Devil May Cry’ lo encontramos en los combates. Estamos ante un juego de acción, por lo tanto este aspecto es vital que funcione a la perfección, y allí donde otros juegos se quedan a medias, éste aporta todo lo necesario para que el jugador se encuentre ante un sistema sólido y que responde a la perfección. De nada sirve tener mil ataques y combos a nuestro alcance si la pulsación de botones no tiene efectos inmediatos.

En este sentido los que hemos jugado a otros títulos de la saga nos sentimos cómodos. Primero porque los controles nos ofrecen una experiencia muy similar a la que ya conocemos (ataque rápido, ataque fuerte, salto, doble salto, esquivar, etc.), y segundo porque el personaje responde rápido y nos ofrece una lista inmensa de movimientos. Hay un total de siete armas que equiparemos con tan solo pulsar la cruceta, y cada una de ellas puede ir siendo mejorada a medida que vayamos avanzando y consiguiendo puntos. Por cierto, el estilo aquí es importante y alcanzaremos mayores puntuaciones si usamos todas las técnicas a nuestro alcance en cada combate en vez de optar por la misma técnica una y otra vez.

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De hecho el juego se muestra inteligente ahí: nos obliga a usar un tipo de arma u otra al enfrentarnos a enemigos que sólo sufren daño con una de ellas (angelical o demoníaca, una identificada con el color azul y la otra con el rojo), incluso con varios enemigos de distinto color en un mismo combate, para que no nos acomodemos demasiado. En las primeras misiones esto no es tan evidente y podemos ir a piñón fijo, si queremos, pero entonces no aniquilaremos con estilo y ganaremos menos puntos, lo cual repercute en las posibles mejoras de arma.

Los combates son rápidos y muy divertidos. La posibilidad de atraer enemigos hacia nosotros o de acercarnos rápidamente a ellos en función del tipo de arma que usemos a la hora de dar el latigazo, en conjunto con los tremendos ataques que podemos asestar y los disparos con las armas de fuego a nuestro alcance, hacen que la acción sea muy rápida y la experiencia satisfactoria. Los enfrentamientos con los enemigos finales están bien, sobre todo el primero de ellos (el segundo si contamos al primer gran demonio que aparece en la primera misión y que no es más que una parte del tutorial camuflado), pero no dejan de ser muy mecánicos: observamos las rutinas de ataque del gigantón de turno (normalmente dos o tres distintas), aprendemos a esquivarlas y le damos su buena ración de palos cuando esté despistado. No sufriremos mucho, pero lo pasaremos bien.

A nivel de dificultad cabe decir que el juego cuenta con tres niveles iniciales, aunque en líneas generales es algo más fácil que anteriores entregas. En todo caso, una vez completado el juego se abren más niveles, siendo algunos de ellos verdaderamente locos: un solo golpe hará que Dante muera. Y no es nada sencillo acabar un combate contra muchos enemigos o con un jefe final sin sufrir un solo rasguño.

Apuntar que ‘DmC: Devil May Cry’ cuenta con cierto elemento de rejugabilidad, ya que muchas zonas son inaccesibles en un primer momento. Eso nos permite volver más tarde a misiones ya realizadas para completarlas al 100%.

Ángeles, demonios y organizaciones para destruirlo todo

El argumento de ‘DmC: Devil May Cry’ es lo que se lleva la peor parte. Una historia de demonios, ángeles y corporaciones (con un toque de crítica a la sociedad y a los métodos de control, aunque bastante superficial) que resulta muy simplona y fácil de digerir. En cualquier caso no creo que nadie esperara un guión extremadamente complejo en un juego de acción de este tipo protagonizado por un jovenzuelo vacilón, pero dentro de lo que cabe entretiene y tiene algún que otro giro.

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Básicamente tenemos a Dante siendo reclutado por una chica llamada Kat para formar parte, junto a ella, de La Orden, una organización liderada por Vergil que tiene como objetivo principal acabar con Mundus y la puerta que este demonio tiene abierta hacia el Limbo. El juego, como hemos visto, está planteado como una experiencia para un jugador, no hay modo cooperativo ni tampoco online de ningún tipo, pero sí es cierto que Ninja Theory juega con la posibilidad del cooperativo de forma tangencial gracias principalmente a Kat.

‘DmC: Devil May Cry’. Conclusión

Con unas 11 horas de juego en mi primera pasada, lo cual quiere decir que no he desbloqueado el 100% de todas las misiones, ‘DmC: Devil May Cry’ es un juego de acción largo, divertido, repleto de momentos salvajes y con un apartado gráfico pocas veces visto (no por realismo, sino precisamente por lo contrario: imaginativo, colorido, vivo). Cuenta con uno de los mejores doblajes en español que recuerdo y el conjunto desprende un aire de solidez y de producto bien acabado y robusto que se agradece.

En la parte negativa está la personalidad de Dante, un personaje con el que no llegamos a conectar del todo y que no evoluciona prácticamente nada de principio a fin, una historia que no acaba de cuajar, y quizás el final del juego. El enfrentamiento definitivo no está a la altura del resto y la conclusión de la historia se lleva a cabo de forma rápida en un par de minutos.

‘DmC: Devil May Cry’ es un muy buen juego de acción y nos hace pensar que Ninja Theory ha sido una buena elección por parte de Capcom para renovar la saga. Veremos qué son capaces de ofrecernos en el futuro.

Ficha técnica

  • Plataformas: PC, PS3 y Xbox 360 (versión analizada)
  • Desarrollador: Ninja Theory
  • Distribuidor: Capcom
  • Lanzamiento: Ya disponible (15 de enero de 2013). En PC el 25 de enero de 2013.
  • Precio: 59,95 euros

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