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As Far As The Eye me ha vencido: esta mezcla de roguelike y juego de gestión es tan bonita como desafiante
Análisis

As Far As The Eye me ha vencido: esta mezcla de roguelike y juego de gestión es tan bonita como desafiante

Con As Far As The Eye (Steam, Epic Games Store) me ha pasado lo mismo que al ir a coger espárragos. Ha pasado tan por debajo del radar que no lo he pisado de milagro y, al descubrirlo, me he llevado una alegría enorme. Como fan de los juegos de gestión, este giro nómada tenía que pasar sí o sí por mis manos.

Con una apariencia de lo más tierna y preciosista, el equipo de Unexpected monta aguí una mezcla de géneros sorprendente. Roguelike y creación de ciudades. Todo en uno. Una idea que resulta tener mucho más sentido de lo que puede parecer.

Retuerce ideas básicas hasta crear algo único

Tras un pequeño tutorial que sirve de campaña, As Far As The Eye nos da a conocer los entresijos de su estrategia. Nosotros somos los encargados de guiar a una tribu nómada en su camino hasta el Ojo, el sitio en el que se reúnen el resto de tribus.

Cada nueva parada en nuestro camino requiere unos recursos concretos y entraña unos peligros para los que conviene estar preparados. ¿Sigo por ese camino que parece más asequible pero entraña riesgos como enfermedades o desastres naturales, o tiro por ese aparentemente más complejo pero infinitamente más tranquilo?

Nada que suponga reinventar la rueda, pero una muestra de cómo As Far As The Eye esconde entre su simpleza un juego la mar de complejo y profundo. No hay enemigos que te pongan contra las cuerdas, pero dominar a la perfección las necesidades de tus tribus es un reto en sí mismo.

Para empezar, tus asentamientos tienen un límite de vida y recursos. Dependiendo de la zona en la que estés puedes verte enfrentado a una escasez de madera que invita a pensar muy bien la utilidad de cada construcción. Además, As Far As The Eye se juega por turnos y, superado el máximo de cada nivel, una inundación arrasará con tu pueblo y te devolverá a la casilla de salida.

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Mucho más que unos gráficos bonitos

Llegados a este punto probablemente ya haya captado tu atención. Al menos es lo que me pasó a mí al descubrirlo y, con esa mezcla de entusiasmo y curiosidad me lancé a él para descubrir que As Far As The Eye era mucho más que lo anteriormente relatado.

Mi primera duda era, ¿cómo haces un juego de gestión en el que tienes que ir saltando de un mapa a otro? Porque el poblado salta contigo. Bueno, más o menos. En cada parada tienes la opción de recurrir a una escueta cantidad de recursos para crear un edificio que no se podrá mover de ahí o, si así lo deseas, crear uno más exigente que podrás desmontar y trasladar a cada parada.

La decisión parece fácil, pero recuerda que los recursos escasean y que, además tu tribu es de lo más exigente cuando toca ponerse a comer, por lo que siempre juegas con uno o dos aldeanos menos de los tres o cuatro que normalmente acumulas para poder suplir esa demanda.

Lo farragoso que resulta el sistema de turnos en las primeras partidas acaba demostrando ser una ayuda brutal para detenerte a pensar qué paso es el adecuado, ya no sólo para sobrevivir a esta parada, sino también para mejorar tus opciones en la siguiente.

Planea, recolecta, explora, construye, mejora edificios, mejora oficios, negocia con otras tribus, gestiona el espacio en tu inventario de cara al siguiente viaje… As Far As The Eye va mucho más allá de lo que alcanza la vista cuando lo descubres y, aunque la frustración es en elemento a tener en cuenta, con un poco de atención y ahínco vas a disfrutar de un juego la mar de interesante.

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