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Firestorm me ha demostrado que el Battle Royale se siente como en casa en Battlefield V
Análisis

Firestorm me ha demostrado que el Battle Royale se siente como en casa en Battlefield V

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Sabiendo que es el género de moda desde 2017 y que incluso su competencia más directa también se subió al carro en 2018, ya estaba tardando demasiado Battlefield V en apuntarse a la fiesta (con retraso incluido) de los Battle Royale.

Y lo cierto es que sorprende la naturalidad con la que se ajusta a la mecánica de la saga, porque parece un modo que bien podría haber surgido en los inicios de Battlefield. Ahora bien, Criterion Games se ha tomado ciertas licencias...

Lo que hay que saber de Firestorm

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Firestorm es el modo estrella de todos los que estaban por llegar a Battlefield V por suponer el debut del género Battle Royale en esta saga de DICE. Aunque como sabemos, de este modo se ha encargado Criterion Games, estudio conocido por los Burnout. Y en este sentido, ha sido fiel a los principios del FPS de EA y del propio género de los Battle Royale, al respetar su estilo de juego.

Tan solo hay un cambio que choca al principio, y es la supresión total de las clases de Battlefield, puesto que todos los soldados partirán de cero equipados con un cuchillo. La elección de clase afectará únicamente al aspecto estético de cada soldado, nada más. Si queremos un botiquín para curarnos, tendremos que encontrarlo escudriñando el vasto mapa de Halvøy, el mayor de la saga.

Y con las armas y resto de equipamiento, igual, estando cada objeto dividido según su nivel de rareza (común, raro y épico), siendo los más difíciles de obtener los más poderosos (lógicamente) al contar también con más ayudas de cara al combate (mira telescópica, mayor estabilidad, etc). Además, para Firestorm se ha rediseñado por completo el sistema de inventario, siendo mucho más práctico y visual ahora. Eso sí, ya no contamos con un botón para las fortificaciones.

En cuanto a su representación del Battle Royale, Battlefield V, al igual que Call of Duty, se queda cojo en el número de personas que pueden estar en una misma partida, al limitarse a 64 (cifra familiar para cualquier veterano en la saga). Esto, unido a las dimensión descomunal de Halvøy, con doce regiones importantes muy variadas entre sí, hace que sea difícil que se junte mucha gente en un mismo punto... salvo cuando tienen que huir del cerco de la tormenta de fuego.

¿Y qué hay de la caída hasta la zona de juego? Tras una ronda de calentamiento en un hangar cerrado, nos tiramos al vacío desde múltiples aviones, pudiendo dar órdenes el líder de la patrulla sobre la zona a la que dirigirse o si hay que atacar o defender, ya estando en tierra. Y podemos jugar tanto en solitario como entrando directamente en una patrulla, como mandan los cánones del género. Ahora bien, estando en equipo nos podrán revivir... salvo que nos remate el enemigo.

Buen debut de este modo en Battlefield V

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Ya en cuanto a mis sensaciones con Battlefield V: Firestorm debo decir que cada partida ha sido un mundo y en todos los casos me lo he pasado bien. Aunque tampoco estamos ante la revolución del género, vaya por delante. Ni siquiera estamos ante el modo estrella de este FPS, porque los clásicos siguen dando mucho más juego. Tan solo es un modo diferente (para la saga) y con potencial.

En mi primera partida quise probar con una patrulla de desconocidos. Caí cerca de una torre de vigilancia y subí por ella, contemplando cómo se cargaban a uno de mis compañeros mientras recogía mi primera arma. Desde lo alto me vengué de mi aliado, rematando al enemigo y reviviendo a mi propio compañero.

Sin un segundo de relajación, me tuve que subir a un vehículo armado para cargarme a otro rival desde la torreta que tenía equipada. ¿Lo malo? Que el sonido alertó a otro enemigo y me mató de un disparo con su rifle de francotirador. Y si te abaten dentro de un vehículo no te pueden revivir. Luego me quedé contemplando la partida como espectador viendo cómo caían mis compañeros a los pocos segundos hasta que ganó otro equipo mejor compenetrado que nosotros.

En la segunda partida tuve menos suerte, aunque hubo más tensión. Caí en una pequeña isla con un helicóptero, pero en vez de subirme desarmado, opté por ver qué había en una casa situada al lado. Ahí me topé con un lanzacohetes que no dudé en un utilizar justo después contra el primer intruso. La pena es que sólo le quité 15 puntos de vida por la onda explosiva a varios metros de distancia.

Con el resto de misiles hubo peor fortuna ya que no le hice daño y él sí que me dejó en estado crítico, por lo que salí pitando de ahí y crucé a nado hasta la otra orilla hasta una casita con un arsenal completísimo. Me curé y cuando divisé a otro enemigo, no me había percatado de que las armas aquí nunca vienen cargadas (hay que recargarlas primero tras obtener munición), por lo que no pude disparar y el rival me mató con suma facilidad. Segunda derrota, pero graciosa.

¿A la tercera va la vencida? No, pero es donde más lo disfruté gracias al búnker donde está oculto un tanque, porque este proceso es súper tenso al activar una alarma cada vez que forzamos cada una de las dos válvulas situadas a los laterales y que sirven para abrir cada uno de los dos portones. Porque si no abrimos los dos, no puede salir el tanque. Cuando estaba a punto de abrir el segundo, un enemigo me lanzó un ataque de bombarderos que me mató.

Me fue mucho mejor en la siguiente, donde casi me cuelo entre los diez primeros. Pero a base de usar más la infiltración ocultándome entre la maleza y siendo cauto antes de disparar, porque no es lo mismo ir en solitario que en grupo. La pena es que el que me mató tenía mucho más blindaje que yo y no fui capaz de atinar todos los disparos por la presión de tener la tormenta de fuego pisándome los talones. Pero si algo me dejaron claro estas partidas y las posteriores, es que no hay dos historias iguales en Firestorm, como en todo Battle Royale que se precie, con el aliciente de estar enmarcado dentro del universo de Battlefield V.

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