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Deep Rock Galactic tiene todo lo necesario para convertirse en uno de mis juegos cooperativos favoritos
Análisis

Deep Rock Galactic tiene todo lo necesario para convertirse en uno de mis juegos cooperativos favoritos

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Sin munición, sin luz y perdido en una cueva plagada de incesantes hordas de enemigos. Sólo las bengalas previamente lanzadas me sirven de guía en sus laberínticos túneles y, como si fuesen miguitas de pan, me encaminan a la salida mientras un monstruo gigante me pisa los talones.

Llego a la cápsula de escape por los pelos, con la vida temblando y la alegría de haberme labrado un buen botín además de haber completado los dos objetivos que tenía en mi incursión. Y entonces, cuando llegas a la base sano y salvo, Deep Rock Galactic te coge del hombro y te susurra al oído: ¿otra partida?

La oscuridad como mecánica de juego

Es alucinante cómo lo que en esencia es un juego de puro farmeo y tiros, algo así como una mezcla entre Minecraft y Left 4 Dead pasada de vueltas, esquiva el hecho de convertirse en un juego excesivamente repetitivo. Era el mayor miedo que tenía antes de empezar a jugar y, con un buen saco de horas a mi espalda, soy consciente de lo mucho que me queda por ver.

Lanzado en acceso anticipado hace un par de años y llegando hoy a su versión definitiva, Deep Rock Galactic nos pone en la piel de uno de sus cuatro enanos para viajar a las profundidades de un planeta y cumplir diversos objetivos. El más básico, ese que sirve como tutorial y que luego va retorciéndose conforme avanzan las partidas, es el que nos pide hacernos con 100 cristales de un tipo concreto en sus laberínticas cuevas.

Armado con dos armas, una herramienta que facilite el moverte de aquí para allá y una cuarta opción de apoyo o ataque, nuestro objetivo es explorar cuevas generadas de forma aleatoria en la más absoluta oscuridad. Tímidos brillos de minerales aquí y allá se unen a la tenue luz de nuestro casco y tres bengalas temporales cuya iluminación apenas dura algo más de 20 segundos.

Pese a ello quedarte completamente a oscuras durante toda la partida es difícil. Las bengalas se recargan cada pocos segundos y, aunque su brillo es limitado y no es capaz de iluminar varios metros a la redonda, te ayuda a hacerte una idea de qué es lo que te rodea, ya sean paredes o incansables enemigos.

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Pero eso no le resta el mínimo potencial al estrés y agobio que genera estar ahí, casi a ciegas, mientras escuchas los gritos de bichos acercándose a ti. O incluso sin entrar los enemigos en el ajo y sólo por el mero hecho de encontrar esos cristales que te faltan y que la bengala no alcance a alumbrar el techo sobre el que probablemente se apoyen. Es genial.

Divertido en solitario, pero mucho más en cooperativo

No ver más allá de tus narices implica que ese sistema de cuevas pueda tener un buen puñado de agujeros esperando a que des un paso en falso, pero también que el camino que estás buscando se encuentre varios pisos por encima de donde estás. Por suerte la combinación de armas de apoyo hacen de toda esa travesía un trago más asequible y, especialmente si juegas con gente, mucho más accesible.

Jugando en solitario siempre tiraba del enano Scout, ataviado con un rifle de asalto, una escopeta, un lanzador de bengalas y un gancho, ir de aquí para allá era muy fácil. Disparar bengalas al techo y ver cómo poco a poco se ilumina toda una cueva es una sensación muy satisfactoria, pero también un filón que no tardas en echar de menos cuando te quedas sin munición.

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Con el resto de compañeros pasa algo similar. Está el que puede lanzar una tirolina que lleve a todo el equipo del punto A al punto B, el que cuenta con un lanzallamas capaz de arrasar con todo lo que se le ponga por delante y el que puede montar torretas para facilitar un poco las cosas cuando toca defender la posición en una de las misiones.

Cuatro clases que se complementan a la perfección y que, de la mano de un sistema ping y voces específicas para cada situación, hace que el jugar con desconocidos sea mucho más asequible. Pero como ya imaginarás, con amigos y chat de voz el juego suma aún más enteros.

Échame aquí una bengala. No que me quedan pocas. Móntame una tirolina que si no no llego. Deja de dispararme que hay fuego amigo activado… Las risas y el reto están asegurados al mismo nivel, y sólo ciertos problemas de conexión han conseguido limitar el número de horas que le he echado en compañía.

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Un adictivo sistema de progresión

Con un sistema de dificultad que puedes retocar para recibir más o menos recompensas, no he tenido grandes problemas para superar ninguna de sus misiones. Encontrar minerales, robar huevos, lanzar un cohete, proteger una base o eliminar jefes son algunas de las variantes que ofrece a día de hoy Deep Rock Galactic.

Como premio a cada una de ellas, dinero y experiencia junto a todo el botín adicional en forma de minerales especiales que hayas encontrado por ahí. Imprescindibles si quieres meterte de lleno en su sistema de progreso y mejorar el robot que te acompaña en solitario o cualquiera de las armas y equipamiento con el que cuentas.

Y cuando eso empieza a quedarse corto, nuevos encargos destinados a conseguir nuevas armas y elementos cosméticos con los que seguir personalizando a tu enano y ampliando tus opciones de sobrevivir a encargos más duros, raids y eventos con ligeros cambios como cuevas sin oxígeno, monstruos que explotan o jefes fantasma que no puedes aniquilar y no dejarán de perseguirte.

Sin embargo, la gran baza más allá de su variedad es lo bien paridas que están las cuevas. Tras muchas horas en el juego aún no me he encontrado con patrones repetitivos que te hagan creer que ya has pasado por ahí y, con objetivos principales y secundarios que van cambiando constantemente, la sensación de que el juego se haga pesado no ha hecho acto de presencia.

Sólo su estabilidad, con dos o tres niveles con texturas rotas en los que era imposible avanzar, han conseguido emborronar una experiencia tan adictiva como divertida.

A la espera de ver cómo los últimos cambios arreglan todos esos errores, incluido el de la conexión con amigos -desconozco si es problema de la versión de Xbox o también ocurren en Steam-, tanto la base del juego como todo lo que prometen seguir implementando en el futuro da para tener confianza en él. Por su originalidad y lo sólido de su propuesta, Deep Rock Galactic lo merece.

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