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En un género plagado de espadas, magia y elfos, Kards convierte los juegos de cartas en un canto a la Segunda Guerra Mundial
Análisis

En un género plagado de espadas, magia y elfos, Kards convierte los juegos de cartas en un canto a la Segunda Guerra Mundial

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Si tuviese que crear un juego con la intención de crear un éxito el género de las cartas coleccionables es el último al que acudiría. No es que parezca que ya está todo inventado, es que además hay por ahí varios titanes que se reparten el pastel a placer.

Hearthstone, Legends of Runeterra, Magic, Gwent… La mera intención de acercarse a ellos echaría para atrás a cualquier valiente. A todos menos a uno. Puede que Kards nunca consiga alcanzar los números de esos gigantes, pero sí ha sido capaz de demostrar que otro juego de cartas, y otra estética, es posible.

Frente a la magia, tanques y obuses

De la mano de Ívar Kristjánsson, antiguo CEO y cofundador del estudio tras EVE Online, él y su hermano han dado forma a un juego que abandona todo atisbo de espadas, magia e invocaciones para agarrarse a algo mucho más terrenal.

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Kards aprovecha la temática de la Segunda Guerra Mundial no sólo para sus cartas, también para sus clases o incluso dar a entender de la forma más fácil posible cómo se juega. Mecánicas tan simples como efectivas que nos introducen en la lucha entre tanques, acorazados y bombarderos.

Con tres fases por carta -ponerlas en juego, avanzar a la línea de fuego y atacar- entender las estrategias de cada unidad es mero sentido común. Las más lentas son las de infantería, los tanques pueden moverse y atacar en el mismo turno, los cañones pueden atacar a distancia sin recibir daño…

A ello se suman todas esas habilidades y cambios habituales de otros juegos de cartas. La defensa a otras unidades, el ganar puntos de ataque a costa de perder vida o la suma adicional de maná para este u otros turnos. Todo debidamente explicado con un efectivo tutorial y el reto de ganar a cada clase para ganar su baraja inicial.

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Una delicia para los coleccionistas

Cada una de esas clases se basa en los distintos actores del conflicto y, centrándose en su actuación, enfocan su estilo de juego intentando traducir sus acciones reales.

La Unión Soviética centra sus esfuerzos en apoyos colectivos, Japón tiene mecánicas de sacrificio, los Nazis se aprovechan del oro robado para ganar ventaja, Inglaterra controla los aviones y los Estados Unidos cuentan con las unidades más brutas.

No impresiona por lo que hace, pero sí por lo bien que funciona y lo excelentemente llevado que está a la hora de dotar de una personalidad reconocible a cada clase. En eso y, por supuesto, también en el excelente apartado visual que se gasta.

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Basándose en antiguos recortes de periódico, carteles propagandísticos y demás material visual de archivo, el trabajo con el arte de las cartas es sencillamente para enmarcar. Es, por primera vez en mucho tiempo, un juego de cartas coleccionables en el que el mero hecho de coleccionar cartas ya es una baza a tener en cuenta.

Aún en fase de crecimiento y con la intención de llegar a móviles tras su paso por Steam, Kards no puede considerarse uno de esos free-to-play egoistas que obligan a grindear en exceso. Si hubiese un pecado, tal vez el único remarcable sería no ser lo suficientemente trascendental. 

Va a ser relativamente fácil que no acabes enganchado a esto como sí lo has hecho con otros, pero que eso no te impida darle un tiento y aplaudir sus aciertos. Sin duda los merece.

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