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Jugamos a Paper Mario: The Origami King, un regreso a medio camino entre la vertiente clásica de la saga y la moderna
Análisis

Jugamos a Paper Mario: The Origami King, un regreso a medio camino entre la vertiente clásica de la saga y la moderna

HOY SE HABLA DE

La sexta entrega de Paper Mario carga con una presión enorme a sus espaldas. Por un lado, debe recuperar la confianza de todos aquellos fans que llevan desde 2004 esperando un digno sucesor de La Puerta Milenaria. Por otra parte, tiene que demostrar que Paper Mario sigue siendo una licencia rentable y atractiva para los estándares de Nintendo, así que no puede pasarse de nicho. Lo que tenemos, o al menos lo que puedo contaros en estas impresiones, es una especie de mezcla entre ambas inquietudes.

La historia de este The Origami King empieza con la típica premisa: hay un festival (de origami, por supuesto) en el Reino Champiñón, así que Mario y Luigi se dirigen allí para pasar un día agradable con la princesa Peach y los Toads. Sin embargo, llegan demasiado tarde.

El misterioso Rey Olly ha secuestrado a la princesa y se ha hecho con su castillo. Como colofón, está convirtiendo a todo el mundo en seres de origami, lavándoles el cerebro para que actúen bajo sus órdenes. Hasta el pobre Bowser ha sido plegado y encerrado en las mazmorras.

Paper Mario

Estructura de mundo similar a los clásicos

Con esta excusa tendremos que recorrer el mundo en busca de las cinco serpentinas gigantes que tienen atrapado el castillo de Peach. Hay que encontrar dónde nace cada una y destruirlas, y lo haremos acompañados de Olivia, la adorable hermana de Olly que cumplirá el clásico papel (chiste intencionado) de ayudante. Ya sabéis, hace falta alguien que exprese en palabras lo que Mario no puede decir por ser un protagonista mudo, además de proporcionarnos pistas si lo necesitamos.

Ya desde el primer momento vemos uno de los puntos de reconciliación con las entregas clásicas de N64 y Gamecube: The Origami King no se estructura por fases encorsetadas, como hacían Sticker Star y Color Splash. En su lugar, como ya se dijo, tenemos un mundo único en el que se integran las distintas zonas. Igual que en La Puerta Milenaria, cada área nace a partir de un hub central al que volveremos una y otra vez durante la aventura, que será el pueblo de Villa Toad.

paper mario

Ojo, esto no significa que sea exactamente un mundo abierto. Los dos primeros mundos (el de la serpentina roja y el de la azul), que son los que puedo contaros de momento, siguen una estructura bastante lineal. Hasta que no nos pasemos una zona, no desbloqueamos la siguiente.

Aun así, estas dejan más margen para la exploración que las últimas entregas, tanto para objetivos secundarios y coleccionables como para tareas principales. Por ejemplo, en algún punto de la zona de la serpentina roja se nos pide que recolectemos varios objetos para abrir la entrada de un templo, así que nos toca rebuscar por todos lados a nuestro ritmo, empapándonos mientras tanto de todo lo que el entorno tiene que ofrecer.

Argumento simple, personajes con encanto

En cuanto a la historia y los personajes, hay una de cal y otra de arena. Sí, la mayoría de habitantes de este mundo siguen siendo los típicos Toads, Koopas y Goombas que verías en cualquier juego de Mario; apenas hay personajes originales. Pero Intelligent Systems ha querido volver a apostar por los compañeros que tanto gustaron en las entregas clásicas, y que tanto se echaron en falta en las siguientes. Eso sí, con concesiones.

De momento solo puedo hablaros del primero de ellos, un Bob-Omb amnésico que se unirá a nosotros cuando vayamos a por la serpentina azul. A simple vista es un Bob-Omb corriente y moliente; no tiene un diseño tan característico y original como el de Bombard en La Puerta Milenaria, ni muchísimo menos. No obstante, aporta una personalidad al guion que se echaba en falta en los juegos más recientes de la saga. Especialmente en Sticker Star.

Bob-Omb

Desafortunadamente, su rol en los combates ha resultado ser muy decepcionante. En lugar de tener una gama de movimientos únicos entre los que elegir para derrotar a los enemigos, que era lo esperable, Bob-Omb solamente realiza un ataque automático al final de nuestro turno.

Ni siquiera es controlable, así que la participación de Bob-Omb en las batallas es cuanto menos anecdótica. Un chasco para quienes esperábamos una vuelta a las estrategias con los compañeros de las primeras entregas, pero al menos su compañía en la historia es muy bienvenida.

Combates y puzles se funden en una misma cosa

Y hablando del combate, toca profundizar ahora en el que ha sido uno de los aspectos que más dudas han suscitado desde su presentación. No se parece a nada que hayamos jugado nunca en un RPG del estilo, y eso está bien, por aquello de la innovación, pero también puede acabar siendo un experimento raro que no llega lejos. Sobre todo teniendo en cuenta que los combates han sido uno de los puntos más polémicos de esta saga en los últimos años.

Como sabréis si habéis visto los tráilers, el sistema de peleas de Paper Mario: The Origami King pone a Mario en el centro de varios anillos y a los enemigos desperdigados por todos estos. Nada más empezar, se nos pedirá alinearlos de la forma más óptima. Es decir, colocarlos en una fila recta o formando un cono corto, que es el rango que tienen nuestras armas principales: el salto y el martillo, respectivamente.

paper mario

Para ello tendremos que mover los anillos, pero hay que hacerlo dentro del tiempo límite y de la cantidad estricta de movimientos que el juego nos permite. Si lo logramos, el daño de nuestros ataques aumentará un 50% y los enemigos estarán colocados perfectamente para que los matemos en un solo turno. Si no, atacaremos igualmente, pero lo más probable es que los monstruos sobrevivan y tengan luego su turno para hacernos daño. Tras eso, volveremos a alinearlos, y así hasta que acabemos con ellos.

La intención está clara desde el principio: más que peleas, son pequeños puzles. Aún tengo que reflexionar mucho más sobre lo que esto supone, pero en un principio creo que es un cambio bienvenido. Consigue que incluso los combates más mundanos sean interesantes, y a pesar de lo que pudiera parecer, se resuelven bastante rápido.

Es cierto que al principio están demasiado guiados, pero eso es porque el juego quiere que nos familiaricemos al máximo con ellos. Los combates no es que se hagan muy difíciles en estos primeros mundos (Paper Mario nunca lo ha sido), pero no tardarán demasiado en presentarnos rompecabezas algo más rebuscados. A veces no nos quedará más remedio que tirar adelante con lo que nos salga, aunque recibamos un poco de daño.

paper mario

A vueltas con la progresión

Queda por ver si las batallas normales conseguirán mantener el ritmo en los siguientes mundos con nuevas ideas y formas de resolverlos. Vamos, que no se hagan repetitivos y pesados. Por lo pronto, ya se enfrentan a otro problema que arqueará muchas cejas: The Origami King vuelve a seguir la estela de Sticker Star y abandona el clásico sistema de niveles y puntos de experiencia.

Los combates solo nos darán monedas y confeti (que sirve para desbloquear caminos opcionales), pero no hay demasiados motivos para enzarzarse con un enemigo mientras exploramos por ahí, ya que ambas cosas se pueden conseguir de muchas otras maneras. Al menos las peleas obligatorias son divertidas.

Hay cierta progresión gracias a los accesorios, que podremos comprarle a mercaderes varios y que nos otorgarán mejoras de vida, defensa, y demás. No obstante, queda muy lejos aquel sistema de medallas equipables de los primeros juegos, que nos permitía configurar nuestro estilo de montones de formas diferentes.

Lo que sí que agradecerán los detractores de Sticker Star y Color Splash es que por fin se han eliminado las acciones consumibles. En Origami King volvemos a tener ataques básicos que podremos usar en todo momento. También hay armas mejoradas que sí que se gastan, pero al menos nos permiten usarlas varias veces antes de irse al garete. El caso es que ya no provoca esa sensación de "para qué me voy a meter en un combate, si solo me va a servir para gastar pegatinas".

Queda claro, pues, que esta nueva entrega navega entre dos aguas. La verdad es que he dedicado demasiado tiempo a las comparaciones, pero creo que es importante analizar el camino que pretende tomar una saga que lleva mucho tiempo tratando de encontrarse a sí misma, trasteando con varias ideas locas para luego descartarlas en el siguiente juego.

Como ya he dicho otras veces, no hace falta que The Origami King sea exactamente igual que La Puerta Milenaria, sino que demuestre haber recuperado el carisma y la capacidad de diversión que los anteriores, especialmente Sticker Star, no supieron entender del todo.

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