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Análisis del mando Elite de Xbox One, un pad no apto para todos los públicos
Análisis

Análisis del mando Elite de Xbox One, un pad no apto para todos los públicos

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Había oído hablar de los mandos scuf e incluso en alguna ocasión he tenido alguno en la mano, en concreto una de esas modificaciones para quinceañeros malotes con nombres estridentes pintados sobre hojas de marihuana. Me alucinó bastante el negocio que había detrás, con un decenas de empresas que cogen tu mando y lo transforman para sacarle más rendimiento.

No debía hacerle mucha gracia a Microsoft cuando ahora son ellos los que abren las puertas a ese tipo de mandos con la llegada del Elite para Xbox One, un mando personalizable con mejores acabados que su hermano de plástico y botones adicionales para aquellos que tengan metidos en la cabeza lo de ser (o parecer) jugadores pro.

Un mando para la élite

Lateral

Una presentación de lujo con una caja de apertura vertical es el primer paso para tenerlo en las manos, todo para presentar el mando como el que levanta una hurna de cristal para robar el diamante que se esconde debajo.

El símil no es baladí, y es que los 149,99 euros que cuesta el mando Elite son, sin duda alguna, el escollo más grande de un mando que, más allá de querer aportar sensación de calidad desde el precio, lo tiene todo para enamorar tanto al jugador de PC (o PS4) como, especialmente, el de Xbox One.

A la apertura de la caja le sigue una funda semirígida donde guardamos el pad y sus accesorios para transportarlos con comodidad. Todo bien colocado para que incluso el cable USB pueda acomodarse entre los cuernos del pad.

Lógicamente la presentación del mando se olvida del cable reforzado antienredos para que ese hueco deje bien a la vista los accesorios que incluye el mando, las palancas y piezas intercambiables que hacen de este pad algo especial.

No todo el monte es orégano

El cable se esconde en la caja, en un apartado en el que comparte hueco con lo que, sin duda alguna, es la metedura de pata más demencial que ha tenido Microsoft durante todo el tiempo que lleva en este sector, o al menos la que más vergonzosa me ha parecido.

No hay batería en el mando, ni siquiera una de las de carga y juega que puedes encontrar en cualquier tienda por entre 10 y 15 euros, lo que esconde su espalda es un hueco para las pilas que se acomodan junto al cable, como dando a entender que no hay de qué preocuparse porque si se te acaban siempre tendrás la opción de conectarte por USB a la consola.

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150 euros para un mando que, pese a tener baterías oficiales a su alcance en el mercado, decide incluir dos pilas. Uno de esos movimientos sin ningún tipo de sentido, al estilo cargador de New Nintendo 3DS, que empañan unas sensaciones que hasta este momento eran formidables.

Entiendo que den por hecho que el jugador objetivo de este tipo de mandos probablemente ya tenga un kit de carga y juega a su alcance, pero eso no debería impedir que todo el aura premium que rodea al mando también se trasladase hasta ese aspecto.

Sin ello la sucesión de expresiones empieza con un “qué bonito” y un “cómo mola” para acabar con un “¿en serio? debe ser una broma ¿cómo va a ir con pilas?” que le resta gran parte del encanto al unboxing particular que te montes en casa.

Las bondades del mando Elite de Xbox One

Es el comentario más sonoda hacia un mando que, sin embargo, hace todo lo demás a las mil maravillas. Es un poco más pesado que el de Xbox One y el incremento es lo suficientemente sutil para que sólo aporte firmeza en vez de cansancio en las manos tras maratones de juego.

Los cuernos cuentan con una zona rugosa que no molesta a la ergonomía de un mando que, a nivel de diseño, se mantiene exactamente igual. Todo para que ni el sudor ni un despiste hagan que el mando se resbale de nuestras manos.

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Sólo una pulsación forzada de RB, como si la pieza hubiese salido más de la cuenta y tuviese que volver a encontrar su sitio antes de bajar por completo, y una vibración en los dedos índices que sigue dependiendo mucho de la fuerza con la que aprietes los gatillos traseros (algo de lo que tampoco se escapa el mando de One) empañan lo que por otro lado ha sido una experiencia fantástica tanto en comodidad como usabilidad.

Hasta este punto y sin más añadidos no dudaría en recomendar su compra, pero todo eso no justificaría su elevado precio. Por suerte la cosa no acaba ahí y aún esconde más sorpresas que, pese a no acabar de ser suficientes para plantarte en la tienda con 150 euros en las manos y sin dudas en la cabeza, si ayudan a verlo como un regalo más que decente para las próximas fiestas.

Un pad distinto para cada jugador

Los stick adicionales, dos con forma de seta al más puro estilo Dualshock y otros dos más altos que ayudan a mantener más precisión en un juego de coches o en el recorrido de la mira de un shooter, pueden combinarse a gusto del jugador y son tan fáciles de intercambiar como estirar de uno y colocar el otro sobre la zona para que los imanes de mandos y accesorios hagan el resto como por arte de magia.

Lo mismo ocurre con las dos crucetas incluidas, una clásica y otra con los laterales aplanados para crear la superficie perfecta para nuestra maestría en los juegos de lucha, y los gatillos traseros, sin duda una de las grandes bazas de este mando.

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Dos palancas largas, y otro par un poco más cortas, se colocan en la parte trasera del mando con el mismo sistema de imantado para que acceder a botones adicionales del mando sin despegar los pulgares de los stick sea mucho más fácil.

Es incómodo al principio, sobre todo para los que estamos acostumbrados a agarrar el mando como si estuviésemos ahogando a alguien, pero te acabas acostumbrando y las ventajas son enormes, principalmente cuando estamos en una partida multijugador en la que el hecho de realizar una acción un segundo más tarde puede costarnos la vida.

La compra del mando Elite, una difícil elección

Pensando en eso la parte trasera incluye también dos botones que limitan el recorrido de los gatillos LT y RT, muy cómodos para controlar la aceleración de un coche pero fatales a la hora de disparar antes que el adversario. Lástima que el ruido atenuado del largo recorrido desaparezca al cambiar a una posición más corta, dando vida a un sonoro “clack” que merecía ser amortiguado.

La ronda de novedades se cierra con un nuevo botón, el de los perfiles del mando, con dos opciones que, unidas al remapeo de botones que podemos realizar desde el nuevo menú de Xbox One, nos permitirán guardar dos configuraciones de botones distintas que se quedarán grabadas en el mando si lo llevamos a casa de un amigo o, si tú eres de eso, al próximo torneo al que acudas.

El resto son cucamonadas que están ahí y probablemente le sirvan a más de uno, pero que para los mortales normales y corrientes no suponen mucho cambio, como el de los refuerzos de aluminio alrededor de los stick para que los golpes hacia un lado y a otro no se acaben comiendo el plástico.

El conjunto es lo suficientemente vistoso y trabajado para que el nombre de Elite le vaya como un guante al mando, pero que Microsoft haya bajado la guardia en algunos aspectos de su pad más elitista impiden que te acerques a él con total seguridad. Si te cae del cielo en forma de regalo lo vas a disfrutar y aprovechar como el que más, pero si eres tú el que tiene que rascarse el bolsillo puede que la valoración acabe siendo un poco más complicada que un simple “mola mucho, pero va con pilas”.

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