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'The Legend of Zelda', las entregas de sobremesa parte I. Retroanálisis

'The Legend of Zelda', las entregas de sobremesa parte I. Retroanálisis
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Lo mejor antes de empezar es dejar las cosas claras, así no te hago perder el tiempo. Es este un post en el que hablaré de forma muy personal de los Zelda editados para las consolas de sobremesa de Nintendo. No encontrarás aquí un frio y exhaustivo análisis de cada título dividido en apartados, con una descripción plagada de datos de lo que ofreció cada entrega. Por el contrario, se trata de bucear en la memoria individual (la mía), de intentar plasmar mi pasión por la franquicia y las sensaciones que me transmitió en cada momento cada juego. En definitiva, que cuando llegues al final del texto, sientas cierta complicidad con lo expresado si eres un fan, o tengas una idea aproximada de qué es Zelda e intuyas por qué es algo especial para tanta gente si nunca te has paseado por Hyrule.

Ya sabes cuales son mis intenciones, tal vez no te interese mi enfoque, o tal vez haya creado en ti cierta curiosidad. Si es lo primero, ya nos veremos en otros post, si es lo segundo, te doy la bienvenida. Comenzamos el viaje.

‘The Legend of Zelda’ (1986)

Zelda 1

Descubrí qué era una consola gracias a mi hermano pequeño, que se pidió una NES por reyes. No podía imaginar que existía un aparatejo que ofrecía en casa las emociones de las máquinas arcade de los bares (en mi pueblo no había salones recreativos). Fue mí labor comprar un primer título para la máquina aquellas navidades en un viaje a la capital.

Me llamó la atención de primeras ‘The Legend of Zelda’ por su cartucho dorado cual armadura encerrado en una caja de cartón. Tras leer la descripción del juego quedé totalmente enamorado. Presentaba un mundo enorme en el que correr aventuras sin las limitaciones de una sesión de juego (contenía una batería que guardaba tus progresos, lo que indicaba ya las dimensiones del universo que encerraba). Sin embargo y muy a mi pesar compré ‘Batman’, un título mucho más vistoso que aquel con gráficos cuadradotes y feuchos. Todo por agradar a mi hermano y potenciar la sensación de que teníamos una recreativa en casa.

Como ya supondrás, a la segunda fue la vencida. ‘The Legend of Zelda’ llegó a casa por mi cumpleaños, y llegó para quedarse. Fue el comienzo de un feliz idilio que permanece intacto en el presente. Nada más comenzar a jugar ya te dabas cuenta de que era un juego diferente. Un personaje aparecía en mitad de un mundo enorme para emprender el viaje del héroe en versión minimalista. Sus primitivos gráficos (ya daba esa sensación entonces) cobraban vida en la imaginación, y veías mentalmente todo lo que te esperaba. Las montañas al norte, el lago central, los bosques, el cementerio, las mazmorras desafiantes tras cada puerta cerrada, los secretos tras las grietas, los agujeros bajo los arbustos… ‘The Legend of Zelda’ era exploración, libertad y misterio. Definitivamente aquel fue el comienzo de un amor para toda la vida.

Lo que más me marcó: suponía la ruptura con todo lo que había visto hasta entonces. Del habitual scroll lateral se pasaba a una vista cenital que te presentaba un mundo sin limitaciones por el que vagar libremente.

‘Zelda II: The Adventures of Link’ (1987)

Zelda II

El siguiente paso estaba claro. Recordaba haber visto en el centro comercial una segunda parte del juego que me había fascinado. Sin pensármelo me hice con él tras meses de ahorro. Volvía a tener en mis manos un cartucho brillante que encerraba todo un mundo por descubrir. Mis expectativas eran tan altas como lo fue mi decepción posterior.

Aquel Zelda no tenía nada de lo que me había maravillado en la anterior entrega. Los gráficos eran mucho mejores pero pronto te dabas cuenta de que el aspecto no venía acompañado de la magia. La vista cenital no te ponía en esta ocasión de forma directa en el mundo, era una representación del aspecto real del juego, una vista lateral que era omnipresente en combates, pueblos y mazmorras. Desaparecía así la sensación de libertad, y con ella todas mis ilusiones. Baste decir que es el único título de la saga en su versión de sobremesa que no he terminado.

Lo que más me marcó: la enorme decepción, la triste sensación de que el primer título era algo único que no volvería a experimentar.

‘The Legend of Zelda: A Link to the Past’ (1991)

Zelda III

Pasaron los años y llegó una nueva consola. Esta vez la compramos a medias entre mi hermano y yo. La Super Nintendo era una auténtica barbaridad técnica que ya te dejaba sin habla con su primer título, una obra maestra llamada ‘Super Mario World’.

Desde el primer momento me pregunté si se haría un juego de Zelda para esta potente máquina. No encontraba información en ninguna revista (aunque sí me enteré de que tenía que darle las gracias a un tal Miyamoto), y el tiempo pasó lentamente de la mano de coloridos juegos de acción y plataformas. Pero un día ocurrió el milagro. Mi hermano volvió de unas vacaciones en la playa con ‘The Legend of Zelda: A Link to the Past’ bajo el brazo y una sonrisa de oreja a oreja en su cara.

Había miedo y excitación a partes iguales cuando lo pusimos en la consola por primera vez. Todavía me dolía aquella traición años atrás. Lo que ocurrió después no pertenece al pasado, se convirtió en eterno presente. ‘A Link to the Past’ es el Zelda que más veces he jugado de principio a fin. Siempre está ahí y siempre volveré a él (las últimas veces, en versión portátil, un lugar perfecto que lo mantiene fresco como el primer día).

‘The Legend of Zelda: A Link to the Past’ era más, mucho más de lo que nunca podia haber imaginado. Tenía todas las virtudes de la primera entrega multiplicadas hasta el infinito. Más bonito, más rico, más grande, más profundo, más retante, más emocional. El juego era inabarcable, y encontraba una enorme riqueza más allá de su trama principal. Hyrule era un mundo vivo habitado por un montón de personajes secundarios, cada uno con su historia y su drama personal. Las complejas mazmorras eran simplemente una pieza más del enorme rompecabezas que era el juego en sí mismo. ‘A Link to the Past’ era el juego en el que perderse, en el que quedarse a vivir. Es el juego que colocas en el corazón junto al libro que te ha marcado, junto a la película que nunca olvidarás, junto al cómic que te hizo amar los cómics. Y es que es imposible no amar ‘A Link to the Past’.

Lo que más me marcó: descubrir que, cuando pensaba que el juego llegaba a su fin, realmente acababa de empezar, y que el inmenso mundo que había visto hasta entonces era el doble de grande.

‘The Legend of Zelda: Ocarina of Time’ (1998)

Ocarina

‘A Link to the Past’ era la aventura definitiva ¿O no? Una eternidad después de aquella obra maestra se presentó para la potente Nintendo 64 ‘The Legend of Zelda: Ocarina of Time’. El salto tecnológico entre un título y otro era brutal, pero eso no habría sido suficiente si tras ese aspecto rutilante no hubiéramos encontrado el alma de la obra original, y sí que estaba ahí, vaya que si estaba.

‘Ocarina’ además no se conformaba con presentar la misma idea con un aspecto de vanguardia, el juego se alimentaba igualmente de detalles y hallazgos que no existían en los juegos poligonales en 3D hasta entonces, por lo que se convirtió rápidamente en un referente y un ejemplo a seguir por la mayoría de videojuegos de aventura posteriores. Ya ahondaremos en todo esto en el análisis que estamos preparando de su revisión para Nintendo 3DS.

Esperé ‘Ocarina’ tanto tiempo que cuando por fin empecé a jugarlo me entró cierto bajón. Tan grande había sido la espera y tal la ansiedad, que sufrí cierta decepción en los primeros minutos. Ni qué decir tiene, el juego se fue apoderando poco a poco de todo lo que me rodeaba. Porque Ocarina creció hasta devorarlo todo. Fue el juego que presenté a mis amigos escépticos con los videojuegos para decirles más seguro que nunca que estos podían ser arte, fue el juego que vi jugar más veces de las que lo jugué disfrutándolo igualmente, el que me hizo pensar que me encontraba ante un medio a la altura artística del cine o la literatura. Sí, Ocarina era enorme, y ya antes de terminarlo supe que siempre sería mi juego favorito de todos los tiempos.

Lo que más me marcó: La increíble sensación de libertad que sentí cuando vi por primera vez la pradera de Hyrule extenderse sin límites ante mí.

hyrule

Continuaré mi viaje en la próxima entrega poniéndome una máscara para detener la caída de la luna, navegando por un mar infinito y transformándome en lobo con el crepúsculo. Te dejo mientras tanto con un vídeo que celebra el 25 aniversario de la franquicia. En él se muestran los títulos comentados, los que está por venir y a sus principales artífices esmerándose por explicar ese algo intangible que es imposible sintetizar en palabras y que alimenta cada juego (esencia lo llaman los jugadores, milagro lo llama Eiji Aonuma). Nos vemos en la siguiente estapa de este maravilloso viaje. Te espero.


Vídeo | Youtube

The Legend of Zelda | NES, Supernes, N64, Gamecube, Wii

Link árbol
  • Plataformas: NES, Supernes, N64, Gamecube, Wii
  • Desarrollador: Nintendo
  • Distribuidor: Nintendo
  • Lanzamiento: 1986/2011
  • Precio: No disponible

The Legend of Zelda es sinónimo de clásico, de videojuego, de magia, de Nintendo. La creación de Miyamoto se convirtió desde el estreno de su primera entrega en referente e icono de la industria.

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