Tras los palos que le cayeron a la película de Super Mario Galaxy y lo satisfecho que salí de la sala de cine después de verla, tenía la sensación que con Mortal Kombat II me iba a encontrar con un caso muy similar después de comprobar cómo algunas críticas de medios especializados la dejaron por los suelos, y sobre todo tras descubrir que la opinión por parte del público la ponía por las nubes, por lo que me imaginaba que mis sensaciones no iba a ser muy diferentes a la de estos últimos.
El mayor motivo se debía que la primera entrega ya me pareció grandioso espectáculo que hacía gala de la violencia tan característica de la saga. Sin embargo, jugó demasiado en su contra el hecho de que se apostó demasiado por su argumento y también que el protagonismo recayó demasiado en un personaje inventado para la ocasión. Un par de defectos que esta secuela ha sabido remediar a la perfección para convertirse en una adaptación que nadie se puede perder.
Y es que su productor, Todd Garner, ya destacó que no entendía algunas opiniones tan negativas cuando se trataba de un largometraje pensado para los fans verdaderos, que viene a ser una declaración con la que no puedo estar más de acuerdo. Las casi dos horas que dura se me pasaron en un suspiro y en ningún momento paré de disfrutar de la auténtica ensalada de hostias que se producía cada pocos minutos entre los diferentes personajes principales y los villanos.
Porque si hay algo que me ha encantado de esta segunda parte es que no se anda con rodeos ni medias tintas. Desde el primer momento va al grano y el primero de los combates tan brutales no tarda nada en comenzar. A partir de ahí el argumento continúa pisando el acelerador, contando lo justo y necesario, aunque no sea para tirar cohetes, hasta el punto en el que se convierte en una mera excusa para brindarnos unas coreografías de combates con las que no quieres apartar la vista en ningún momento.
Es algo que lo veo más que comprensible, porque al final quien va a ver una película de Mortal Kombat es precisamente para ver cómo los personajes se parten la cara con sus movimientos tan característicos, así que no tiene sentido darle un mayor peso a la trama, que de nuevo nos presenta un torneo entre dos reinos, siendo uno de ellos el de la Tierra. De hecho, el nuestro se la juega al máximo, porque en el caso de perder acabará siendo conquistado.
No es necesario saber nada más, porque de nuevo he de insistir en que la película hace un mayor énfasis en los combates entre muchos de los nuevos personajes que ya vimos en la primera cinta y otros nuevos que también se merecían salir a escena. Desde luego, uno de los mejores es Shao Kahn, interpretado por Martyn Ford, que ha sido recreado a la perfección en la pantalla grande, resultando bastante más intimidante que en los videojuegos, que ya es decir, mientras no para de desatar todo su potencial y mala uva cada vez que se pone a combatir.
También me ha encantado la aparición de Kitana (Adeline Rudolph), que a la larga acaba siendo mucho más protagonista que Johnny Cage, a pesar de que los tráilers lo vendieron como que este iba a ser el personaje principal. Eso sí, he de hacer mención especial al papelón que se marca Karl Urban dando vida a este luchador un tanto arrogante y descarado, demostrando una vez más que el carisma que desprende delante de la cámara Carnicero de The Boys es totalmente abrumador, de manera que logra que cada escena en la que participa se vuelva una de las mejores de toda la película.
Aun así, estas no son las únicas apariciones y regresos de personajes que ya estuvieron presentes en su predecesora, por lo que en un conjunto general está pensado más para que los fans no paren de emocionarse por verles luchando en esta carnicería tan brutal. Es más, ha habido otros detalles que me han fascinado, como por ejemplo el hecho de que se haya apostado mucho más fuerte por ser una adaptación más fiel a los videojuegos.
Eso mismo se ve reflejado en determinados escenarios al ser los mismos que ya hemos visto en ocasiones durante la saga, pero también en los movimientos, los fatalities tan demenciales, sus frases de lo más icónicas, su banda sonora, y hasta en el hecho de que la cámara juegue con todo ello para dejarnos con ciertos planos como si estuviéramos pasando un rato delante de cualquiera de los juegos de la serie.
Como secuela, Mortal Kombat II sabía perfectamente qué era lo que debía mejorar y lo ha logrado con una nota perfecta, con peleas de lo más impactantes, bestias y violentas que no paran de intensificarse y por las que merece ver la película una y otra vez, a lo que se suman unos personajes que en un conjunto general están mejor definidos. No he necesitado nada más, ya que ofrece justo lo que se necesita para un espectáculo tan extremadamente exagerado y sanguinario de ese tipo, con toques cómicos, para que cualquier fan de este universo termine con una sonrisa de oreja a oreja al llegar a los créditos. Deseando estoy de que llegue ya tu tercera parte.
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