Una de las mejores promociones que recuerdo en cualquier periódico fue la que ofreció El Mundo a mediados de los 2000, ya que si recortabas un cupón en una de sus ediciones, te garantizabas la oportunidad de llevarte un videojuego de PC a casa. FX Interactive se sumó a la campaña inicial, la cual me regó de producciones como Imperium, Ski Alpin, Colin McRae Rally 04 y Panzers.
Títulos que jamás habría probado de otra manera, pero fue una nueva serie de ofertas la que me permitió acceder a Black & White 2. Lo había intentado con la estrategia militar actual y la del gran Imperio Romano, pero no había forma de que me entrase por los ojos proyectos del género. Sin embargo, la genialidad de Peter Molyneux me golpeó en la cara con una fuerza inesperada.
El desarrollador de videojuegos ha pasado a convertirse en un meme con el paso de los años, ya que sus enormes promesas parecían siempre imposibles de cumplir. Molyneux llegó a confesar que se sentía tan emocionado por lo que estaban creando que le costaba medir sus palabras, pero realmente había un talento enorme en su mente. Spore y Fable son dos buenos ejemplos de ello, pero mi primera aproximación a su imaginería fue sintiéndome como un dios.
Black & White 2 llegó en 2005 de la mano de un estudio legendario como lo fue Lionhead Studios y gracias a Electronic Arts su publicación fue real. La teoría de la partida es muy sencilla: somos el dios de los griegos y con nuestros poderes divinos debemos dirigir a nuestra civilización hasta la cúspide de la humanidad. Mi gran problema con los títulos de estrategia es que me siento completamente abrumado por la cantidad de sistemas y parámetros que hay que tener en cuenta. Estadísticas, acciones que suceden al mismo tiempo y la creencia de que existe un frágil equilibrio que se puede ir al garete por culpa de mi torpeza.
Cuando jugué a Black & White 2 hace 21 años, esas sensaciones se evaporaron al instante. No logré avanzar más allá de la tercera tierra, pero el juego me ofrecía un espacio, un patio en el que recrearme dando forma a un pueblo que necesita cubrir todas sus necesidades. La sencillez y la accesibilidad que ofrece Black & White 2 es fantástica, pues puedes interactuar sin problemas con un edificio, árbol, roca y habitante sin complicarte la cabeza. Expandir tu territorio más allá del perímetro verde que delimita tu divinidad es una gozada, pues hay suficientes estructuras como para querer personalizar el paisaje.
El toque de humor que caracterizan los trabajos de Molyneux está presente constantemente, desde el comienzo, pues un demonio y un ángel se presentan como los guías de lo que nos espera. Hacen chistes entre ellos, te tientan para cada una de sus visiones y son los que te explican constantemente la función de las mecánicas. Y es que en Black & White 2 no existe una forma correcta de ganar, ya que podemos inclinarnos hacia el bien o el mal como método para conquistar a las culturas nórdicas, japonesas y aztecas.
Es impresionante cómo se transforma tu ciudad dependiendo de tu actitud y uno de los mayores reflejos de ello es tu simio, león, lobo, tortuga, vaca o tigre antropomórfico gigante. Efectivamente, un animal enorme actúa como mascota y brazo ejecutor de cualquier decisión que tomemos, aunque puede llevar a cabo acciones con libre albedrío. Es casi como nuestro hijo y toca educarlo en cada uno de los comportamientos que se le pasen por la cabeza.
Aunque todo se incline hacia la simulación de una ciudad, también existe el apartado puramente estratégico. Atacar a los rivales con regimientos enteros de soldados es una posibilidad muy real, aunque yo he preferido siempre optar por el pacifismo. Eso sí, no puedo negar que he ejecutado algún que otro milagro devastador, tal como invocar un volcán gigantesco que arrasa con todo lo que pille a su paso. Con todo, el HUD de Black & White 2 es un ejercicio de eficiencia tremendo, pues no tienes que pulsar ni un solo botón del teclado.
Basta con recurrir al ratón para hacer lo que te apetezca, el menú inferior contiene todas las edificaciones posibles y nunca te sientes con las manos vacías. Recolectar madera, trigo y minerales es placentero, de la misma forma que agarrar a más de 50 aldeanos para asignarles roles te empodera. Sabes que estás muy por encima de todo lo terrenal, pero tu influencia y reconocimiento sobre lo que sucede tiene trascendencia constantemente. La trama de Black & White 2 no es nada del otro mundo y es apenas una excusa pobre para tener contrincantes enfrente directamente.
Una vez ya has dominado el ciclo de juego, consistente en llegar a una nueva localización y tomar el control de toda la región, el juego tiende a convertirse en repetitivo. De las nueve tierras disponibles, seguramente le sobren dos y que la fórmula no se queme antes de tiempo, la cual no termina de alimentarse del todo con el DLC que se lanzó en su día. A pesar de ello, estoy más que orgulloso de haber podido ver los créditos de uno de los juegos más emblemáticos de mi adolescencia.
Disfruté y he disfrutado mucho Black & White 2 y lo único que me apena es que se encuentra en una posición de abandonware absoluto. La campaña de preservación de videojuegos de GOG tiene al título como uno de los más solicitados por parte de la comunidad para su regreso y ojalá sea posible. Mientras, Molyneux ha lanzado el último videojuego de su carrera y yo tengo claro que jugar a Frostpunk, Humankind y hasta un Cities: Skylines ya no son ideas tan descabelladas gracias a él.
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