He vuelto a OGame más de 15 años después de dejarlo por las malas y juro que todavía siento el mismo vértigo que entonces

He vuelto a OGame más de 15 años después de dejarlo por las malas y juro que todavía siento el mismo vértigo que entonces

Mientras que muchos juegos actuales se desviven por tu atención, OGame apostaba por la constancia pasiva

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Alberto Martín

Editor

Hay cosas antiguas en este mundo de los videojuegos, vestigios de otros tiempos que viven entre nosotros cubiertos por el manto del olvido y/o apilados en estanterías y montones bajo una fina (o no tan fina) capa de polvo. Para unos, ecos del pasado. Para otros, juegos innombrables y vetados de la memoria por el bien de su salud mental.

OGame. Si no se te enciende la bombilla, entonces no podrás comprender la magnitud de los eventos que estoy a punto de relatarte. O quizás sí lo entiendas, pero no podrás empatizar. Porque este juego es como el último verso del poema de Lope de Vega: "Quien lo probó lo sabe". Y si lo probaste, estoy seguro de que ahora tus recuerdos afloran como barcos hundidos al retirar el mar.

Por si no lo conoces, OGame es un videojuego de estrategia espacial online creado por Gameforge, lanzado en 2002 mediante una versión web y que tuvo un boom muy bestia durante la primera década de los 2000. Su fama comenzó a decaer a partir de 2012 (más o menos) y hoy se lo conoce como un videojuego de culto. Ha recibido muchos cambios y adiciones a lo largo de estas dos décadas, aunque ahora está muy lejos de ser la sombra de lo que fue. No es exagerado decir que es fuente de influencia y precursor de muchos juegos de estrategia actuales.

El clásico "estaba por el barrio y me he pasado a ver qué tal estás" en versión videojuegos

Hacía años que no pensaba en OGame. La última vez que lo mencioné fue durante un intercambio de batallitas con un amigo, una de esas conversaciones intrascendentes a altas horas de la noche. Para mí, este juego fue lo más cerca que he estado de vender mi alma y la razón por la que jamás podré decir "nunca he tenido problemas con un videojuego".

Su modus operandi era terriblemente efectivo conmigo. Mientras que los juegos actuales se desviven por mantener tu atención en todo momento, OGame se conforma con ser un segundo plato porque sabe que su batalla siempre ha sido a largo plazo. Su forma de engancharte era pedirte que fueses paciente, puesto que los tiempos para construir, movilizar flotas, realizar ataques o cualquier otra orden aumentaban a medida que desarrollabas tu imperio. Siempre he dicho que es la burocracia convertida en videojuego.

Hubo un tiempo en el que mi vida giró en torno a OGame, literalmente. Ya estuviese comiendo, duchándome, en clase o haciendo lo que fuere en la calle, mi mente siempre estaba en mi imperio: "¿Se habrá terminado de construir el Astillero Espacial?", "¿Me estarán atacando tras el aviso de espionaje?", "¿Cómo irá la investigación que dejé en marcha?" o "¿tendré ya los materiales que necesitaba?"

Allá por el 2005-2006, más o menos, no tenía ordenador en casa. Mi única forma de entrar a OGame era engañar a mi padre con algún supuesto trabajo de clase en su oficina (perdón, papá) o pedir dinero para una merienda y escaparme a un cíber (o cibercafé) durante un rato para ver los progresos y poner más órdenes en cola. Todo requería un tiempo real, como muchos personajes y armas en Warframe y The First Descendant, por ejemplo. Recuerdo echar mano de la calculadora y aprender a utilizar Excel en clase de informática para llevar un mejor control de lo que ocurría en mi partida.

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Pasé unos años jugando OGame a rachas, aunque estas últimas se hicieron más largas e intensas a medida que tuve más libertad y acceso a ordenadores con internet. Las clases de informática y fotografía y la posibilidad de pasar tiempo en el aula de informática durante los recreos me abrieron la puerta a un control mucho mayor de mi imperio. Mis profesores sabían de sobra lo que hacía, pero no les importaba siempre que cumpliese con mis obligaciones. De hecho, enganché a varios amigos. Otros jugaban al Counter-Strike, un clásico.

En retrospectiva, creo que alguien debió pillarme y ponerme freno. No por mi rendimiento académico, que siempre fue nefasto pre/post-OGame, más bien porque creo que estuve en el camino de tener una dependencia mucho peor. Supe darme cuenta solo y un buen amigo me echó una mano. Dejarlo no fue fácil ni cosa de dos días. Si bien la alternativa tampoco fue la ideal (2009-2010, más o menos, empecé a salir todos los fines de semana con lo que ello implica), lo cierto es que conseguí dejar el juego atrás. De hecho, otro amigo aprovechó para saquear mi imperio abandonado y en ruinas. Maldito Judas.

Te cuento todo esto porque he vuelto (temporalmente) a OGame. Ni quiero ni siento la necesidad de quedarme, pero sí que tenía curiosidad por ver cómo ha cambiado. Ahora tiene un montón de cosas nuevas: edificios, naves, investigaciones, razas, un tutorial con misiones y desafíos... También se ha aumentado la tienda y todo por lo que puedes pagar. Es un pay-to-win de manual: aumentos de producción, reducciones de tiempo, espacios de flota, la Materia Oscura...

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Más allá de las novedades y el sistema de monetización, he vuelto a sentir la emoción de OGame: ver los progresos a tiempo real y de forma pasiva. No deja de ser un juego idle en formato de estrategia espacial. Navegar por sus menús es muy satisfactorio y te evoca una sensación de control muy placentera. Y es irónico porque, si lo piensas fríamente, estás jugando a la burocracia: gestión y ordenar. Nada más. Su mayor virtud es que funciona extremadamente bien para cualquier contexto, ya que puedes tenerlo en segundo plano mientras trabajas, limpias o juegas a otras cosas.

Por mi parte, podéis dar mi planeta por desaparecido en unas horas. Lo he pasado genial durante este par de días, pero sé que a la larga acabaría muriendo de aburrimiento. Me he alegrado de verte, OGame, pero tengo que seguir con mi vida. Crimson Desert no se pasa solo y la Lord of Hatred de Diablo IV se lanza en unas horas.

  • Nota: Es posible que me bailen algunos años, pero más o menos ocurrió en las fechas que he mencionado.

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