Ni SSD, ni gráficos fotorrealistas, ni vibración HD, el mayor invento de la historia del videojuego son las partidas guardadas
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Ni SSD, ni gráficos fotorrealistas, ni vibración HD, el mayor invento de la historia del videojuego son las partidas guardadas

Veo con algo de pena cómo el juego online va enterrando poco a poco aquello de salir del cole e ir directo a casa de un amigo a hacer los deberes. Con padres normalmente trabajando hasta tarde, lo de preparar exámenes y realizar las tareas del día siguiente se convertía en jugar a la consola 10 de cada 10 veces.

En una de esas tardes de vicio nos plantamos en casa de un compañero de clase para disfrutar de su nueva y flamante Dreamcast. En la consola giraba su único juego, Shenmue, y pese a que ya llevaba con el juego y la consola unas semanas, lo que teníamos por delante era una intro de 10 minutos que aquél crío se veía obligado a repetir día tras día.

No, no es que fuese fan de la obra de Yu Suzuki y gozase cada segundo de aquella cinemática inicial, es que no tenía una Visual Memory en la que guardar la partida y no le quedaba otra que empezar desde el principio cada tarde.

La importancia de guardar partida

Si hubo un momento en mi vida en el que me detuve a pensar hasta qué punto era importante el invento de las partidas guardadas, sin duda fue ese. El segundo fue la primera vez en la que entendí que lo de no apagar la consola mientras se estaba guardando la partida no aparecía en pantalla por trollear.

De la mano de Returnal he vuelto a valorar la importancia de poder guardar la partida y continuar donde lo dejaste, así que me ha parecido un buen momento para rendir homenaje a uno de los mayores inventos que nos ha dado la historia del videojuego: las partidas guardadas.

Pese a lo obvio de la idea hoy en día, lo cierto es que tal y como se concibieron los videojuegos no tenía mucho sentido el poder guardar la partida y continuar más adelante.

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La gracia de la gran mayoría de los juegos de antaño era aprendértelos de cabo a rabo para poder pasártelos del tirón en una tarde, y sólo con la llegada de experiencias más y más complejas, la industria del videojuego se planteó cómo podían ir un paso más allá.

Los password como salvación

Frente a unos cartuchos que en la época de Atari y NES sólo permitían la lectura de información, la primera estrategia para solventar aquél problema fue recurrir a contraseñas alfanuméricas que se guardaban como oro en paño una vez desbloqueadas.

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Códigos que permitían adelantar la partida a cierto nivel justo tras encender la consola y que se convirtieron en el gran avance tecnológico que necesitaba la industria para ser algo más que máquinas arcade caseras.

Los password se convirtieron en moneda de cambio en el recreo, en la razón para comprar una revista e incluso en una herramienta de marketing. En el CES de 1987, Nintendo daba a conocer su línea Password Paks, una serie de juegos que, empezando por Metroid y Kid Icarus, permitirían introducir contraseñas para poder saltar directamente a donde lo dejaste.

Otro gran paso fue la batería interna del The Legend of Zelda de Nintendo. Una pila con una esperanza de vida de cinco años que, lejos de ser un sistema de guardado per se, engañaba al juego haciéndole creer que aún estaba enchufado.

Zeldapila

A diferencia de soluciones anteriores que invitaban al jugador a introducir sus propias pilas en el cartucho, el de Zelda pasaba inadvertido como un cartucho normal. Sin embargo, seguía estando lejos de ser lo ideal.

De las contraseñas y las pilas a la tarjeta de memoria

Con el combo de baterías internas y contraseñas sirviendo de excusa para crear juegos RPG de decenas de horas, el avance de la técnica nos lleva hasta un nuevo formato y, con él, un problema sin aparente solución a simple vista. Llega la hora de dar la bienvenida al CD y, con él, la imposibilidad de meterle una pila interna al disco.

¿Cómo esquivar la bala? Bueno, puede que los juegos ya no vengan en cartuchos capaces de guardar el progreso del jugador, pero eso no necesariamente significa que haya que abandonar los cartuchos. Y eso, simple y llanamente, fue lo que ofrecieron ideas como la Memory Card de PlayStation.

Memorycard

Con Neo Geo lanzando la primera de ellas y Sony convirtiendo la suya en icono, las tarjetas de memoria siguieron creciendo en tamaño y posibilidades hasta el cénit de la Visual Memory de Dreamcast.

Un entrañable dispositivo -mitad tarjeta de memoria, mitad consola portátil-, que la propia Sony intentaría replicar sin mucho éxito con una Pocket Station que nació con las horas contadas.

El USB, los GB y la nube

Con los dispositivos de memoria flash ofreciendo grandes capacidades a precios bastante más terrenales que los dispositivos propietarios, las consolas empezaron a dejar atrás la posibilidad de llevar de aquí para allá tus partidas en favor de almacenamientos internos mucho más grandes y eficientes.

Storage Expansion

Se acabó lo de eliminar partidas guardadas para hacer hueco a las nuevas y, con ello, se normalizó aún más un sistema en el que cada vez pensamos menos. Simplemente están ahí y sólo los valoramos cuando los echamos en falta.

De la mano de partidas guardadas en la nube y guardados automáticos, la realidad es muy distinta de las libretas y revistas con códigos que siempre nos acompañaban como un periférico más de nuestra consola.

Si no fuese por los mensajes de no apagar la máquina mientras se guarda,  ni siquiera nos pararíamos a pensar en la importancia de estos sistemas. Más aún que los gráficos y cualquier otro avance, son el pilar tecnológico que nos ha permitido llegar hasta los juegos de hoy en día.

Imagen | Good Vibe Collecting

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