La era de las consolas transparentes: cómo una pelea entre Pepsi y Coca-Cola originó la moda más querida de la historia del videojuego
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La era de las consolas transparentes: cómo una pelea entre Pepsi y Coca-Cola originó la moda más querida de la historia del videojuego

Aunque sobre gustos no hay nada escrito en piedra, para la mayoría de los que crecimos en los 90 no hay una estética mejor que la que nos brindaron los mandos y consolas transparentes con carcasas translúcidas. El mundo del diseño tocó techo justo ahí, dejando una huella de la que muchos aún no nos hemos podido recuperar.

¿Quién tuvo la idea? ¿Cuál fue el primer cacharro translúcido? ¿Por qué de buenas a primeras todas las compañías, desde Apple hasta Nintendo, se pusieron a lanzar productos transparentes? La historia de cómo conseguiste ver los circuitos de tu Game Boy empezó con un coche y explotó con una batalla comercial entre refrescos de cola.

La moda de lo transparente

Consolas, ordenadores, teléfonos, radios, juguetes, relojesdisquetes… A mediados de los 90 la estética de tecnología transparente se convirtió en estándar. No había diseñador que no quisiera sumarse a la moda, e incluso compañías como Apple, hoy recordadas por la sobriedad de sus cacharros, acabaron abrazando aquellos colores flúor que dejaban ver el interior de las máquinas.

Sin embargo no fue ahí donde nació la idea, y tampoco fue el mundo de la tecnología el que decidió embarcarse en la idea de fabricar productos transparentes. Para remontarnos al primer producto transparente toca viajar hasta 1939, cuando Pontiac aprovechó la creación del plexiglás para crear un coche transparente que llamarían el coche fantasma.

El invento del plexiglás transparente -descubierto por casualidad al dejarse una muestra expuesta al sol- se convirtió en una forma de ofrecer superficies transparentes más moldeables y duras, así que durante los años siguientes se utilizó como forma de mostrar al público cómo funcionaba un aparato por dentro, no necesariamente con fines comerciales.

Pontiac

Tras un breve repunte en los años sesenta, la idea se olvida hasta que, a principios de los 90, la moda de lo transparente vuelve a sonar con fuerza. No de la mano de la tecnología, para eso faltarían unos años más, sino en el mundo de las bebidas y la alimentación.

Una batalla entre bebidas sin color

En una época en la que el culto al cuerpo empieza a coger tracción, la importancia sobre nuestra alimentación se empieza a mirar con lupa por los órganos públicos, intentando controlar qué tipo de aditivos se añaden y qué implica todo eso de comer alimentos plagados de colores pastel.

Pese a que las principales marcas de bebidas carbonatadas ya contaban con versiones light, en Pepsi deciden ir un paso más allá. Si el problema son todos esos aditivos que dan color a la comida, ellos lanzarían una nueva versión transparente de su famosa bebida, la Crystal Pepsi.

Lo que empezó como todo un éxito debido al interés generado y una gran campaña de marketing, pronto empezaría a desinflarse por culpa de la competencia.

A Coca-Cola, que ya las había pasado canutas con los experimentos de nuevos sabores, la idea de una bebida transparente no le atraía lo más mínimo, pero decidieron jugar sucio para evitar que Pepsi se hiciese con el control de ese mercado.

Apenas unos meses después, a finales de 1992, Coca-Cola lanzaba Tab Clear, pero a diferencia de sus competidores que tenían dos versiones y no apelaban a una versión "menor" de su producto, lo hizo presentándolo como una bebida sin azúcares.

Vendiéndolo así en vez de como una alternativa de moda y diferente, el público acabó asociando la Tab Clear con la Crystal Pepsi y, por ende, determinando que aquella alternativa de dieta era una versión peor que la Coca-Cola normal.

Seis meses después de su lanzamiento, la Tab Clear desapareció de las estanterías con un estrepitoso fracaso y, de rebote, aquella táctica kamikaze se llevó también a Pepsi y el resto de bebidas transparentes -incluidas cervezas- que se habían sumado a la moda.

El día que Apple copió a Nintendo

Sin embargo la moda de lo transparente acababa de empezar y, aunque las bebidas pasaron a mejor vida, otras compañías empezaron a utilizar la idea para demostrar la supuesta pureza de sus productos o, como en el caso de la tecnología, como una excusa para diferenciarse de otras marcas y llamar la atención.

Aunque es más difusa en productos como los de Nintendo, que ya en 1996 presentaron una versión transparente de Game Boy Pocket, la relación entre aquella fiebre por la comida y la tecnología transparente tiene su punto álgido en la campaña de promoción de Apple para el iMac G3, donde se utiliza el término “sin colores artificiales” para presentar la nueva gama de ordenadores apadrinados por Steve Jobs.

Applecolor

Aunque años después otras compañías como Sony o Xbox también se sumarían tímidamente al factor nostalgia de lo transparente, quienes se desvivieron por la idea en realidad fueron los diseñadores de Nintendo, que ya triunfaron con las Nintendo 64 de colores traslúcidos y luego hicieron lo propio con posteriores consolas, especialmente las portátiles.

Y así, tal y como llegó, también se fue. Pese a algunos coletazos como los de las versiones transparentes de Nintendo 2DS o aquella edición limitada de PS4 Pro, la moda de los productos traslúcidos pasó a mejor vida en el mundo real y se quedó a vivir para siempre en nuestra memoria.

Ya sea por nostalgia o porque en el fondo nos gusta ver el mundo arder, está por llegar el día en el que alguien me diga que no le gustaría ver de vuelta esa mítica moda en la que ver los circuitos a través de una máquina transparente.

Teniendo en cuenta lo mucho que nos peleamos por cualquier tontería, no deja de ser curioso que en este caso la mayoría reme siempre en la misma dirección. Aunque sólo sea como una opción más, ojalá vuelva algún día con la misma fuerza.

Imagen | Noa Kosanovic

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