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Los mundos abiertos en los videojuegos

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Últimamente estoy jugando mucho a GTA IV’. Por una razón o por otra, no había podido probar el juego a fondo hasta ahora, y la verdad es que lo estoy disfrutando bastante.

Pero no pretendo hablar de las bondades de un título que, por lo demás, ya hemos analizado en profundidad en este blog, sino de una característica de la que hace gala (junto con otros tantos títulos) y que plantea multitud de reflexiones interesantes. Me refiero a la recreación de mundos abiertos en los videojuegos, mundos que, en teoría y con las limitaciones evidentes, podemos explorar libremente.

En el caso de GTA IV’ nos encontramos con una pequeña recreación de la ciudad de Nueva York. Evidentemente, no es 100% fidedigna, pero la verdad es que en general esta Liberty City transmite una sensación bastante parecida a la de recorrer la Gran Manzana. O, al menos, es el juego que más se ha acercado a recrear esta experiencia.

El uso de mundos abiertos recompensa especialmente a los jugadores a los que no les gusta dejarse guiar. Nos permiten, por así decirlo, elaborar la partida a nuestra manera. Por ejemplo, volviendo al caso de GTA IV’, habrá a quien le guste conducir por tranquilidad por sus calles, disfrutando de las vistas al cruzar alguno de los múltiples puentes y del skyline nocturno de Liberty City que se contempla desde algunos de ellos. O, a un nivel más personal, también hay quien disfruta simplemente de pasear por sus calles, parando a comprar algo de ropa en un comercio, jugando a los dardos con un amigo o comiendo algo en un puesto de perritos calientes. Y por supuesto,también hay quien disfruta sembrando el caos y viendo cuanta destrucción puede causar.

Este hecho, el de pasear simplemente por el placer de hacerlo, es algo que jamás habríamos imaginado hacer en un videojuego hace unos 10 o 15 años. Pero lo cierto es que, poco a poco, el ofrecer al jugador este “algo más” aparte de la trama principal en sí se está convirtiendo en un gran valor añadido de ciertos títulos.

GTA San Andreas - Volando

A mi, personalmente, me encanta volar. He probado multitud de simuladores de vuelo (con ‘Flight Simulator’ a la cabeza) pero, dada la minuciosa recreación a pie de calle de la ciudad, la saga ‘GTA’ se lleva la palma. Rresulta un auténtico placer el poder sobrevolar las ciudades desde lo alto y, al descender, descubrir que siguen siendo igualmente consistente, pudiendo ver a los peatones paseando por las calles. Esto es algo que no ofrece ningún simulador de vuelo (en la mayoría de ellos, el suelo no deja de ser una textura plana con mayor o menor detalle) y una de las razones por las que me gustan tantos los videojuegos con mundos abiertos.

En ‘GTA: San Andreas’, por ejemplo, el mejor momento el del juego (en mi opinión personal, una vez más) es cuando nos hacemos con el aeródromo y podemos dedicarnos a recorrer el mapeado, volando de una ciudad a otra. Evidentemente, dado el “pequeño” tamaño del mismo (cuando lo comparamos con un simulador de vuelo) los trayectos son muy cortos. No obstante, darse un paseo por el desierto mientras nos aproximamos para aterrizar en el aeropuerto de Las Venturas es una experiencia muy relajante.

Si nos retrotraemos unos cuantos años en el pasado, quizá uno de los primeros “mundos abiertos” que podemos considerar como tal es el de ‘Carmageddon’. Se trata de un juego de carreras muy particular, ya que por una parte podemos embestir y eliminar los coches de nuestros rivales y, por otra, el hecho de atropellar a los peatones nos reportaba segundos extra de tiempo.

Carmageddon

Y es que aunque la carrera se desarrollaba por una ruta prefijada, podíamos desviarnos fácilmente de la misma. Esto se debe a que las rutas en cuestión se marcaban sobre el mapa de una ciudad, ciudad que tenía muchas otras calles aparte de aquellas en que se desarrollaba la competición. Y evidentemente, dichas calles se “reutilizaban”, discurriendo cada una de las carreras del juego por una ruta diferente, dentro de los mismos escenarios (una ciudad, una fábrica, un paraje campestre, etc…)

En el primer ‘Carmageddon’ y sus secuelas, el término de “mundo abierto” significaba no solo el poder desviarnos de la ruta prefijada, sino poder resolver la competición por vías mucho más expeditivas. Personalmente, yo casi nunca terminaba la carrera en sí. Prefería dedicarme simplemente a eliminar a todos los rivales, siendo el único superviviente, lo cual resultaba mucho más satisfactorio… y divertido.

Los juegos que ofrecen un “mundo abierto” son aquellos en los que el jugador puede definir su propia manera de jugar. Por supuesto, para que esta propuesta funcione, tiene que haber algo que hacer aparte de recorrer las calles sin rumbo. Lugares que visitar, misiones secundarias, bares en los que echar una partida de billar… algo que las dos últimas entregas de la saga ‘Grand Theft Auto’ han conseguido recrear razonablemente bien.

Otro ejemplo de esto sería por ejemplo el de ‘Dead Rising’, juego que, a mucha menor escala (el escenario está limitado a un centro comercial) nos permitía pasear a nuestro antojo, recoger casi cualquier objeto y machacar a los zombies de cientos de maneras diferentes. Digamos que “mundo abierto” significa aquí el poder recorrer los escenarios del juego y divertirnos con el mismo sin prestar atención en absoluto a los objetivos principales de la trama.

Shenmue 2

Y por último, no podemos terminar esta disertación sobre los mundos abiertos sin citar a otro de los pioneros. ‘Shenmue’ y su secuela, ambos para DreamCast. Un título amado y odiado a partes iguales por unos y otros. Pero no se puede negar que fue pionero en la implementación de un mundo “real” en el que el jugador se metía en la piel del personaje gracias a un sistema bautizado como FREE (Full Reactive Eyes Entertainment).

Gracias al modo de juego llamado Free Quest, el juego convertía esta posibilidad, la de un mundo abierto, en la opción de juego principal. De este modo, podíamos dedicar los días a pasear por la ciudad, relacionarnos con los amigos y perder el tiempo en los recreativos, o bien avanzar en la historia interrogando a otros personajes y buscando pistas. Vamos, algo similar a lo que luego implantarían juegos como la ya mencionada saga GTA.

Por supuesto, en los últimos años y gracias al auge del juego online, los videojuegos han conseguido recrear grandes mundos abiertos (como el mundo de ‘World of WarCraft’) aunque en estos títulos, dado que hay otro gran número de jugadores humanos compartiendo experiencia con nosotros, digamos que no tiene tanto mérito. Porque el conseguir una simulación creíble de la vida cotidiana, simple y llanamente, sigue siendo uno de los mayores retos para cualquier videojuego que intente abordar la cuestión. Un reto que, no obstante, se ve recompensado por la reacción positiva de los jugadores al percibir que sus acciones se desarrollan en un entorno que parece tener vida propia.

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