
Si un personaje como Jack Thompson sigue abriendo la boca para decir las tonterías que dice, creo que nuestro deber es de hablar de ello. Al menos para que este señor tan gracioso, que ha errado en su profesión a todas luces, no se vaya de rositas cada vez que le da por soltar esas perlas que sólo él sabe soltar.
Bobby Kotick, el jefazo de Activision-Blizzard, comentó hace unos días en el D.I.C.E., así como quien no quiere la cosa, algo relativo a su relación con los videojuegos como jugador. En concreto estas fueron sus palabras:
Juego de vez en cuando, pero dada la naturaleza de mi personalidad si jugara regularmente al ‘Modern Warfare 2’ no sería capaz de parar y eso sería a expensas de todas mis responsabilidades habituales.

No es el día de los inocentes y esta no es una broma que teníamos guardada. Es la cruda realidad que golpea nuestro rostro y nos demuestra que hay personajes que, de ser llevados al cine por un actor famoso, serían dignos de un Oscar a lo más mezquino.
Y dijo Satanás que al sexto día subiría una lengua de fuego desde el mismísimo infierno y arrebataría la vida a todos aquellos que osaron plantarle cara. Todos los defensores de la moralina barata, de las dos varas de medir y de la castidad ocio-electrónica, se desplomarían calcinados y abandonarían este mundo para no volver jamás.




Ojo por ojo. Así deben haber pensado en Take Two al tomar la decisión de demandar a Jack Thompson, el famoso abogado anti-videojuegos.



