Análisis de Immortals Fenyx Rising: humor negro, puzles y un adictivo mundo abierto dan forma a una de las mayores sorpresas del año
Análisis

Análisis de Immortals Fenyx Rising: humor negro, puzles y un adictivo mundo abierto dan forma a una de las mayores sorpresas del año

Echando la vista atrás y pensando en las buenas sensaciones que me provocó Immortals Fenyx Rising en su anuncio, cuando aún era Gods & Monsters, dudo que estuviese mínimamente cerca de imaginar lo que iba a jugar más de un año después.

Immortals Fenyx Rising no sólo me ha demostrado ser uno de los tapados del año, de esos juegos que llegan sin hacer demasiado ruido y resultan ser una gran sorpresa, también se ha convertido de la noche a la mañana en uno de los mundos abiertos más divertidos, adictivos e interesantes que han pasado por mis manos.

Un poco de aquí y un poco de allá, pero con mucha personalidad

Lo que apuntaba a una cuestionable pero acertada mezcla entre la fórmula Assassin’s Creed y The Legend of Zelda: Breath of the Wild ha demostrado ser mucho más. Los parecidos y las inspiraciones están innegablemente ahí -sus creadores lo han reconocido públicamente-, pero este precioso mundo y descafeinada historia hacen todo lo posible para dejar su marca allá donde pisan.

La aventura de Fenyx está cargada de ritmo, de buenas ideas bien ejecutadas, de una historia con un toque de humor nunca visto en este tipo de juegos, de grandes combates y entretenidísimos puzzles. Un ejemplo de cariño hacia la clase de juego que quieren hacer y una muestra más de lo mucho que brilla Ubisoft cuando deja atrás las tablas de Excel de sus directivos.

Que 15 horas sean más que suficientes para completar la historia principal de un inmenso mundo abierto de siete zonas y cientos de objetivos secundarios da buena cuenta de eso mismo. Aquí no hay casillas que marcar para contentar a nadie, sólo un juego lo más certero posible en cada uno de los retos que se plantea.

Le sigue faltando algo, ya sea por ambición o por lo mucho que me sigue chirriando parte de su diseño visual, que le hace quedar lejos de una carrera hacia el GOTY en la tendría poco que hacer, pero creedme cuando os digo que la sorpresa en muchos aspectos ha sido mayúscula.

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Un tramo final memorable

Y en ese despliegue de ilusión, y ganas de hacer las cosas a su gusto rompiendo moldes, no sólo están los primeros tramos del juego, mucho más tradicionales en lo que respecta a mundos abiertos. También un último tercio que, sin pelos en la lengua y completamente desatado, me ha parecido espectacular.

Lástima no poder hablar largo y tendido sobre ello -ya habrá tiempo- pero imagina qué ocurriría si el mapa de un mundo abierto fuese una línea recta en la que poder verlo todo del tirón. Manteniendo cierta libertad de acción y decisión sobre a qué tareas quieres o no enfrentarte, pero un camino lógico y plagado de secretos que no quieres ver terminar.

Es complicado transmitir la idea sin caer en spoilers o ponerse a los mandos, pero tened en cuenta que en su mayor parte Immortals Fenyx Rising es un mundo abierto bastante tradicional en lo que respecta al estilo Ubisoft. Y justo ahí es donde rompe un poco el molde.

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Con zonas controladas por una niebla que las tapa en el mapa, sólo la ascensión a la estatua del dios que domina esa parte del escenario nos permitirá despejarla. Con las misiones ya marcadas por defecto en el mapa, ese es el momento perfecto para echar la vista hacia abajo y al horizonte y empezar a marcar todos los objetivos secundarios que hay desperdigados.

Cientos de actividades por completar

Liras gigantes en las que tocar una canción a golpe de flecha, desafíos de velocidad en los que llegar de un punto a otro antes de que desaparezca el premio, cofres custodiados por enemigos que deberemos eliminar antes de acceder al premio, puzles estilo rompecabezas en los que mover piezas de aquí para allá hasta formar una imagen, desafíos en los que cumplir distintos retos basados en físicas para poder acceder a los tesoros que guarda un templo y, además, grietas desde las que acceder al Tártaro donde cumplir pruebas al más puro estilo santuario de Breath of the Wild.

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La retahíla es larga, y pese a ello quedan cosas por incluir en forma de coleccionables y retos, pero lejos de ser una forma de alargar innecesariamente la historia simplemente son cosas que están ahí. Tú vas de camino a la misión principal y, si te apetece o te llama la atención, te acercas a descubrir qué es eso que brilla en lo alto de una colina.

Acudir a algunos de vez en cuando es más que recomendable para poder mejorar las habilidades y aptitudes de Fenyx con los premios que extraes de esas actividades, pero he llegado al final de la aventura habiendo tocado una ínfima parte de todo lo que se ofrece en el juego y no he tenido problemas para vencer sin sudar demasiado.

No porque no me apeteciese acercarme a ellos, todo lo contrario. Lo he hecho para poder disfrutarlos a posteriori con la tranquilidad que te da haber cerrado el juego y, pese a no ser algo habitual en mí, con la intención de alcanzar un 100% que normalmente no me suelo ni plantear en este tipo de aventuras.

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Un progreso mejor pensado

A base de armaduras, cascos y armas con diferentes skins y bonificaciones, Immortals Fenyx Rising se las apaña para que cualquier premio sea bien recibido y el jugador se anime a completar sets. Algo muy similar ocurre con el árbol de habilidades, que parece terriblemente soso al principio y luego va sumando importancia a cada una de las acciones de la protagonista.

Aquello que aparentemente no tenías ninguna intención de adquirir por parecer completamente inútil, de buenas a primeras se convierte en una herramienta que te facilita muchísimo las cosas y, aunque tu objetivo debería ser continuar con la misión principal, te pierdes saltando de un reto a otro para intentar adquirir dicha mejora.

Algo que, para mi sorpresa y pese a ir bien cargado de materiales y bonificaciones por perderme constantemente entre los retos del juego, me ha pasado en más de una ocasión. Curioso porque, como en el caso de esos mismos desafíos secundarios, no es imprescindible adquirir dichas habilidades, pero resultan tan útiles y apetecibles que es difícil negarles un hueco en tu inventario.

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Lástima que, por otro lado, tanto bonificaciones como habilidades sean lo suficientemente poderosas para acabar encontrando el queso -el truco aparentemente no planteado de forma explícita por los creadores- que te permita ventilar a cualquier bicho del juego sin despeinarte.

Los combates, el apartado a mejorar

Eso, el combate, es probablemente lo que más me gustaría ver mejorar en una posible secuela. Fenyx lucha con un estilo heredado de los últimos Assassin’s Creed y, pese a que no permite tanta libertad como en la combinación de armas de Valhalla, sí mantiene la idea de los gatillos para ataque flojo, ataque fuerte y una selección de habilidades especiales para el resto de botones.

Por la escasa variedad de enemigos, que pese a ello se va ampliando conforme llegas a una nueva zona, las peleas pueden acabar resultando algo repetitivas si no te agarras a una combinación devastadora como la que comentábamos unas líneas más arriba.

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En mi caso he pasado el juego de cabo a rabo sin tocar la espada que se encarga del ataque flojo, centrándome en saltar y atacar con el hacha el aire para aprovechar los múltiples bufos de ataque aéreo y con ese arma que tenía a mi disposición en el inventario.

Dejar a los enemigos atontados durante unos segundos constantemente ha sido una cuestión de afinar el parry y la esquiva, así que sólo uno o dos monstruos han conseguido convertirse realmente en un reto. Puede que parte de la culpa haya sido mía, pero no habría estado mal contar con un sistema algo más profundo que invitase a experimentar.

La opinión de VidaExtra

Pese a sus más y sus menos, incluyendo la ya comentada falta de carisma de su protagonista en cualquiera de sus vertientes, se me hace muy difícil no recomendar Immortals Fenyx Rising a todo aquél que se sienta mínimamente atraído por el juego.

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Por su humor, y cómo cae a veces en un pozo más negro de lo esperado por su aspecto cartoon, la idea de ser un Assassin’s Creed para niños queda ya algo lejos, pero viendo lo ácido y satírico de las conversaciones va a ser difícil que un crío consiga captar de qué narices se está hablando. Ya sea la poco ajustada historia de cómo nacen los dioses según Zeus o los problemas maritales de Afrodita y Hefesto.

Para todo aquél que busque la mezcla perfecta entre las aventuras clásicas, las de puzles, plataformas y acción, y el auge de los mundos abiertos de estas últimas generaciones, Immortals Fenyx Rising demuestra ser una elección soberbia.

Puede que le falte algo más de empuje y cohesión de ideas para ser una recomendación perfecta, pero la sorprendente ruptura con todo lo que ya damos por hecho en los juegos de la marca gala es lo que le convierte en uno de los mundos abiertos más divertidos que ha parido Ubisoft.

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Immortals Fenyx Rising

Plataformas Switch, PS4, PS5, Xbox One, PC y Xbox Series (versión analizada)
Multijugador No
Desarrollador Ubisoft
Compañía Ubisoft
Lanzamiento 3 de diciembre de 2020
Precio 59,90 euros

Lo mejor

  • Un mundo enorme y precioso
  • Buen planteamiento de modo historia y objetivos adicionales
  • El humor que baña toda la historia

Lo peor

  • En el combate se echa en falta algo más de profundidad
  • Animaciones y personajes están por debajo de todo lo demás

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