Análisis de Outriders: un Frankenstein genérico que ofrece un rasgo único e inesperado, su adictiva dificultad
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Análisis de Outriders: un Frankenstein genérico que ofrece un rasgo único e inesperado, su adictiva dificultad

Si hace unas semanas me hubieses preguntado por las posibilidades de Outriders probablemente habría afirmado con rotundidad que no pondría la mano en el fuego por él. Hoy, en cambio, el fuego volcánico del Piromante es ya una parte de mí y no dudaría en recomendarte esta aventura.

Tras un inicio algo atropellado y una propuesta visual, narrativa y jugable que parece no tener demasiado que ofrecer, Outriders abre las puertas a uno de los juegos de tiros más desafiantes, divertidos y bien pensados que han pasado por nuestras manos en mucho tiempo. En ponerte contra las cuerdas, People Can Fly ha encontrado su seña de identidad.

Intentando huir de lo genérico

La cantinela de lo genérico es probablemente el rasgo que más veces he visto repetido en comentarios de amigos y redes sociales durante estos últimos días con el juego. Y no les falta razón. Desde el menú hasta la historia o su aspecto, Outriders es una curiosa recopilación de influencias de aquí y de allá.

Algunas son más evidentes que otras, pero en general todas son acertadas. Están los menús de Destiny, las coberturas de Gears of War, la colección de armas locas con poderes a lo Borderlands, o la mezcla de tiros y poderes con aroma RPG de Mass Effect.

De hecho, hasta se permite el lujo de alejarse un poco de la fanfarria de ciencia ficción para colar tramas más crudas -con situaciones que se mean en la Convención de Ginebra- para darle un giro más oscuro a la historia al estilo Spec Ops: The Line.

Pero buscando ofrecer la mejor cara de un looter shooter, Outriders da con una clave que se le escapa a todos los demás: la mezcla entre dificultad y builds a lo RPG convierten a ese Frankenstein de tiros y poderes en una experiencia tan desafiante como memorable.

Outriders

Cuatro clases, infinitas posibilidades

Tras el típico éxodo espacial postapocalíptico que sale mal, lo que resta de la humanidad se encuentra varada en un planeta con tormentas capaces de otorgar poderes a quienes acaban tocados por ella para dar forma a endiosados mutantes. Es, también, el origen de las cuatro clases que podremos abrazar en el juego:

  • El maestro del fuego capaz de abrasar a sus enemigos creando columnas de fuego y abriendo la tierra para bañarlos de lava.
  • El que se vale del poder de la tierra para convertirse en un tanque capaz de reconducir las balas o empalar a los pobres desgraciados que se acerquen.
  • El asesino que hace uso de burbujas temporales para colarse en el cuerpo a cuerpo y rebanar pescuezos.
  • El constructor que igual te invoca un lanzacohetes que te monta una torreta lanzamisiles.

Una vez más, aparentemente nada nuevo bajo el sol, y de hecho es un poco la sensación que transmite durante los primeros compases de la aventura. Con devastadores poderes y combos elementales, Outriders parece el clásico juego en el que tú eres el monstruo y el resto de enemigos tienen la mala suerte de estar encerrados contigo.

Outriders

Un paseo que seguiría sumando bajas durante 20 horas para convertir la campaña en otro juego de tiros más. El típico que parece incapaz de esconder que constantemente luchas contra monstruos y soldados clónicos con tímidos cambios visuales.

Pero donde otros se quedan en el juego que marca casillas para llevarte de la selva a la montaña nevada y de ahí a las entrañas de un volcán, Outriders consigue dar con la distracción perfecta: mientras estás intentando no morir es difícil pararse a pensar en todo lo demás.

En el desafío reside su personalidad

Con una curva de dificultad que crece contigo, conforme tu personaje se vuelve más poderoso el mundo que te rodea también lo hace. Así, aunque la posibilidad de reducir ese reto siempre está esperando a golpe de botón, Outriders sólo parece tener sentido cuando lo ensalza y lo retuerce aún más.

La agresividad de sus enemigos buscando tu cobertura, la exquisita puntería tanto de francotiradores a un kilómetro de distancia como de los clásicos masillas que en cualquier otro juego serían una esponja de balas.

Enfrentamientos complejos que por momentos me han transportado hasta los míticos tiroteos de Bungie en Halo 3. Duelos a muerte con lluvias de granadas y balas en los que lo poco encumbrante de su gunplay se compensa con los poderes de tu personaje y sus armas.

Los únicos momentos de pausa que ofrecen el juego son precisamente los que, entre muerte y muerte, te invitan a intentar comprender qué estás haciendo mal y cómo podrías darle la vuelta a la situación. Es ahí donde, lo aparentemente genérico de sus menús y opciones RPG, empieza a ganar escalones de profundidad.

Outriders

Convirtiendo los huesos de tus enemigos en metralla

Los constantes picos de dificultad y enemigos que te barren del mapa sin dejarte respirar son la excusa perfecta para intentar experimentar. Las balas dejan de importar y empieza a tomar peso no sólo el uso que hagas de tus poderes, también cómo las estadísticas mejoradas de su soso árbol de progreso puedan ser de ayuda.

De repente, todo aquello que parecía importar entre poco y nada, se convierte en un pilar fundamental para poder seguir adelante. Empiezas a preocuparte por descubrir qué hacen tus poderes más allá de hacer daño mientras ejecutan una animación agradable a la vista, o cómo puedes mejorar tus armas para aprovecharlas más allá de los clásicos numeritos que aparecen sobre la cabeza de los enemigos, dando peso también a las habilidades que puedes incrustarles para transformarlas por completo.

Las balas e inofensivos fuegos artificiales de las primeras horas se acaban convirtiendo en retorcidas estrategias en las que entras por quinta vez al mismo campo de batalla sabiendo qué hacer: Con las balas incendiarias preparadas para matar al francotirador de aquél edificio a lo lejos, un poder para frenar el avance de los enemigos que llegarán cuando alcances la colina, y una munición capaz de hacer que los huesos de los enemigos se conviertan en metralla tras hacer explotar en mil pedazos a la horda de masillas que se te echará encima poco después.

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Llegado ese punto no puedes evitar pararte a pensar en cuándo fue la última vez que viviste una situación así en un juego de tiros. En qué momento el avanzar no se limitó simplemente a subir de nivel o conseguir un arma mejor. En cuándo ha estado en tus manos poder hacer algo más para poder seguir adelante. Y entonces Outriders cobra todo el sentido del mundo.

La opinión de VidaExtra

Con un endgame en el que farmear armas y armaduras legendarias pero que no va mucho más allá  de luchar contra hordas en solitario o en compañía, desconozco hasta qué punto en People Can Fly o Square Enix estarán tirándose ahora de los pelos por no haber apostado por un juego como servicio viendo el tirón de Outriders, pero creo que deberíamos estar profundamente agradecidos por no haber vivido ese paso.

Sin intención de seguir adelante más allá de lo que ya ofrece, Outriders parece uno de esos títulos que tira toda la carne en el asador para evitar jugársela más de la cuenta, y en su apuesta con un all in probablemente haya dado con la clave para ganarse nuestro respeto.

Está lejos de ser perfecto y pero revisitando mis anteriores impresiones y con una visión más clara de todos los lugares donde falla y acierta, me resulta imposible no recuperar la frase con la que cerraba mi último texto sobre él. Hoy, aún más si cabe, Outriders es la prueba de que no todos los juegos deben ser obras maestras para ser de lo más recomendables.

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Outriders

Plataformas PC, PS4, Xbox Series, Xbox One, Stadia y PS5 (versión analizada)
Multijugador
Desarrollador People Can Fly
Compañía Square Enix
Lanzamiento 1 de abril de 2021

Lo mejor

  • Una formidable mezcla de tiros y RPG.
  • Un mundo inmenso y variado en el que sembrar el caos.
  • Que no tengas que preocuparte por contenido recortado o en DLC.

Lo peor

  • Por aspecto e ideas puede pecar de genérico.
  • El árbol de progreso resulta poco llamativo.
  • Ha tenido un inicio atropellado por culpa de los servidores.

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