Análisis de Chivalry II, el juego con el que he podido fliparme creyéndome William Wallace
Análisis

Análisis de Chivalry II, el juego con el que he podido fliparme creyéndome William Wallace

Imagino que a los que nacimos en los 80 nos marcó sobremanera el estreno de Braveheart en 1995 por cómo recreó las batallas con su mayor crudeza. Y de ahí que fuese inevitable mencionar la premiada película del actor Mel Gibson a la hora de hablar sobre mis primeras sensaciones de la beta de Chivalry 2 en mayo.

A pesar de conocer los orígenes de la saga, mediante el mod Age of Chivalry de Half-Life 2 en 2007, hasta su versión comercial bajo Chivalry: Medieval Warfare en 2012, esta secuela ha sido mi debut a lo grande con el trabajo de Torn Banner Studios, creyéndome por un instante William Wallace con tanto grito, sangre y desmembramientos. Todo un festín que eleva las cifras del anterior Chivalry.

Nadie dijo que las batallas épicas fuesen un paseo

Chivalry II

Ya con la versión final y bastantes partidas a lo largo de estos días ha cumplido mis sospechas: Chivalry II es el típico juego online que me engancha fácilmente. Porque adoro su caos y desenfreno en las batallas, donde aquí se alcanza la cifra de 64 personas luchando a la vez, por lo que dobla la cantidad vista en el original.

No es un juego para todo el mundo, tal y como sucedió con su precursor, al no ser accesible de entrada. Que esto no es simplemente pulsar el botón de atacar, sino que exige una serie de movimientos y estrategias frente al enemigo, teniendo que saber anticiparse al rival, medir muy bien los tiempos y también nuestra energía.

Por hacer un símil con un juego comercial sobradamente conocido, tenemos el genial Dying Light de Techland, que ahondó en la fórmula de Dead Island. Cada ataque exigía un movimiento por nuestra parte, trazando su dirección y potencia. No era un aporreabotones de manual, como se prodiga en otros juegos. Aquí había que sudar frente a los zombis. Y en Chivalry II sucede algo ligeramente parecido: hay que sudar para matar a alguien que sepa jugar. Y eso pica lo suyo.

Es esencial, por lo tanto, conocer al dedillo los fundamentos del combate, para el cuál contamos con el mismo tutorial visto en la beta. Ahí se nos ponen sobre la mesa conceptos como la iniciativa, el juego de pies o la importancia del arrastre a la hora de girar la cadera para golpear primero. Es casi como un juego de lucha.

Porque no es simplemente la elección de ataque por la que optemos, con tres tipos básicos entre tajo, estocada y golpe alto, sino el peso de la "danza" que practiquemos en combate, donde entran en juego las fintas o la cadencia de las embestidas en busca de realizar combos o para desgartar la energía del rival para poder rematarlo después. El tutorial es tan solo una pincelada de lo que hallaremos en las partidas contra más gente, porque nadie está preparado para este tipo de batallas. Como se suele decir, la práctica hace la perfección.

Es lógico, por otro lado, toparse tanto con veteranos como recién iniciados en la saga, lo cuál deriva en un caos particular al haber fuego amigo. Yo soy de los que optan por ser prudentes, sin ir en masa y vigilando los tajos laterales, pero en las partidas uno se topa con todo y es imposible contener este tipo de variables. Ahora bien, esa "euforia" se penaliza, hasta el punto de poder votar a un indeseable para expulsarlo de la partida. Pero en general, no se suele llegar a esos extremos.

Chivalry II apuesta por hazañas de lo más épicas

Chivalry II

Que me haya enganchado tanto Chivalry II, aparte de por lo complejo que resulta comenzar a ser medianamente competente (en partidas de 64 personas mi mejor puesto ha sido el 13), es también por el hecho de que su modo principal se basa en objetivos muy en la línea de videojuegos como Wolfenstein: Enemy Territory.

Aquí, en cualquier caso, estos objetivos no dependen de las clases, pero sí de una serie de elementos que hay que usar o coger. Desde escoltar una caravana hasta liberar a unos prisioneros, pasando por destrozar o quemar fortificaciones. Cada escenario resulta de lo más variado y con bastantes objetivos por cumplir hasta llegar al colofón final: esto se traduce en partidas que promedian los 30 minutos.

En todos los casos siempre hay una introducción previa para ponernos en situación ante la hazaña épica que está a punto de producirse, gustándome en especial una batalla en la que comenzamos como simples aldeanos con sus horcas, hasta que no queda más remedio que dar paso después a cualquiera de las cuatro clases disponibles, entre arquero, vanguardia, lacayo y caballero.

Chivalry II

Aquí, al contrario que Mordhau, su máximo rival, no contamos con caballería, pero sí un sinfín de armas de la época, tanto afiladas como contundentes. Entre varios tipos de espadas, aparte de hachas, mazas, garrotes e incluso arcos o ballestas, es fácil dar con la que mejor se adapte a nuestras necesidades, aunque para ello también dependeremos de la clase escogida. Y siempre tiene que estar nivelado.

Sí, al igual que sucede en juegos como Overwatch, tiene que haber un balance entre las clases, lo que se traduce en un porcentaje más o menos equitativo entre cada una de las cuatro. O dicho de otro modo: de los 32 jugadores de cada equipo, no pueden ser los 32 arqueros, por ejemplo. El único problema que le veo aquí es que se pierde algo de ritmo cuando queremos cambiar de clase, al añadir casi 10 segundos extra de espera aunque estuviésemos dentro del margen al morir.

Por supuesto, hay diferencias más allá de las armas por defecto de cada clase, al contar con su propio objeto asociado y de uso limitado, con recarga. Así pues, el arquero puede colocar un brasero para lanzar flechas de fuego, mientras que el caballero porta un cuerno de guerra para potenciar la regeneración de salud de los aliados. También hay diferencias pasivas en relación a ciertos parámetros, de ahí que se prioricen ciertas armas sobre las demás clases como las de mayor poder. Sobre este hecho, sin ir más lejos, la clase vanguardia es la única a la que no le penaliza la velocidad de movimiento al empuñar las armas más grandes... pero es más vulnerable a los ataques a distancia. Todos tienen sus pros y sus contras.

Torn Banner ofrece una buena sangría medieval

Chivalry II

Si ya de por sí la idea de disputar batallas con 64 personas, 32 por bando, resulta lo suficientemente atractiva, hay que destacar que viene con juego cruzado entre PC y consolas, lo que a la larga resulta un aspecto muy de agradecer cuando se pase el inevitable fulgor de los primeros días con mayor pico de gente. Además, cada partida es inmediata, con apenas 10 segundos de transición desde la última.

Que sea tan directo es debido a su vez por la escasez de modos de juego, al apostar de lleno por tan solo dos y del cuál contamos con uno mixto que los mezcla directamente. Por un lado está el modo mixto (entre 40 o 64 jugadores), donde hay un alto porcentaje de batallas con objetivos aderezadas de vez en cuando por batallas por equipos en recintos cerrados, con o sin trampas; y por otro el clásico todos contra todos, claramente ilustrativo por su nombre.

A nivel personal me quedo sin lugar a dudas con las batallas con objetivos, puesto que a veces nos piden ser del bando que tiene que atacar y en otras ocasiones justo lo contrario, defender. Y cambia bastante el asunto si estamos del lado de Mason (rojo) o de Ágata (azul), por lo que siempre querremos otra partida más.

Chivalry II

También motiva a probar cada clase, además de cara a desbloquear variantes para cada una, al igual que con las armas disponibles y con el afán de desbloquear todo tipo de diseños. Aunque aquí echo en falta un menú desde el que consultar tranquilamente los parámetros de cada clase sin tener que hacerlo únicamente desde las batallas, porque se pierde un tiempo muy valioso. Es uno de varios problemas típicos que sufren los juegos online en su lanzamiento, como ver de vez en cuando picos en la latencia hasta provocar errores puntuales en el servidor.

Gráficamente resulta espectacular, pero no quita que haya aspectos a mejorar por culpa de glitches o ciertas inconsistencias con las delimitaciones del entorno. Se agradece, eso sí, que haya tantos objetos con los que interactuar, pudiendo tirarle un pez a la cara al enemigo, o quemar a una gallina y usarla de molotov. Pero esto a su vez es un arma de doble filo, porque tanto elemento en pantalla hace que a veces cojamos sin querer un arma del suelo cuando queríamos revivir a un aliado o simplemente gritar o soltar alguna de las múltiples frases con diversos estados.

Son problemas menores viendo todo lo positivo con lo que cuenta de entrada, en especial por la variedad que ofrecen sus mapas y toda la retahíla de objetivos por cumplir. No sé cuánto tiempo estaré enganchado pero agradezco haberme iniciado (por fin) en un Chivalry. Que no todo tienen que ser FPS para jugar online.

La opinión de VidaExtra

En definitiva, Chivalry II supone un salto de gigante respecto al Chivalry: Medieval Warfare, tanto a la hora de transmitir la grandeza de las batallas como por todas las mejoras implementadas, con un control más pulido y complejo, o lo vivos que resultan ahora los escenarios al haber muchos elementos interactivos. Si te flipó Braveheart en su día o cualquiera película de ese estilo, dale una oportunidad. No tardes tantos años como yo en introducirte en esta saga. Ahora es el momento.

Chivalry II

Chivalry II

Plataformas PS5, Xbox Series (versión analizada), PS4, Xbox One y PC (Epic Store)
Multijugador Sí, online (hasta 64 personas)
Desarrollador Torn Banner Studios
Compañía Tripwire Interactive
Lanzamiento 8 de junio de 2021

Lo mejor

  • Sus batallas son tremendamente épicas
  • Enorme variedad de ataques por dominar
  • Igualmente, un sinfín de armas disponibles
  • Lo vivos que resultan los escenarios

Lo peor

  • Impurezas a pulir típicas de juegos online
  • Gente que va a lo loco a la que le importa tres pimientos el fuego amigo, aunque se penalice

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