Primeras horas con Hitman 3: así resolví un misterioso asesinato a lo Puñales por la Espalda para provocar otro aún más retorcido
Análisis

Primeras horas con Hitman 3: así resolví un misterioso asesinato a lo Puñales por la Espalda para provocar otro aún más retorcido

Puede que no te guste la saga Hitman, que el Agente 47 te resbale o que los juegos de sigilo se te atraganten, pero seguro que si estás aquí hoy es porque, aunque sea sólo un poquito, tienes cierta pasión e interés por los videojuegos. Pues bien, Hitman 3 es una de las joyas que dan sentido a este medio.

No lo hace con un salto apabullante respecto a las dos entregas anteriores de iO Interactive -aunque sí incluye mejoras a tener en cuenta- pero sí se encarga de dar forma a un juego más ambicioso. Un mastodonte jugable y rejugable ya desde el principio.

Una delicada pieza de sangrienta relojería

Apenas dos escenarios han sido más que suficientes para entender hasta qué punto hay niveles más complejos y exquisitamente ensamblados, más y mejores historias de narrativa emergente y, por supuesto, también las formas más creativas y espectaculares de dar forma a nuestros asesinatos.

Dos localizaciones tan extremas como un superrascacielos de Dubai y una mansión de la campiña inglesa sirven de telón de fondo para la ya habitual estrategia jugable de esta trilogía. Esa es, para quienes lamentablemente se hayan perdido los excelentes Hitman y Hitman 2, una suerte de sandbox con un objetivo principal -asesina a X y consigue X- e infinitas capas de opciones.

Toca infiltrarse, disfrazarse y explorar el escenario no sólo para conseguir armas especiales con las que llevar a cabo nuestro trabajo, sino también para descubrir pistas e historias que nos abrirán otras posibilidades a la hora de cumplir sus retos.

¿Convertirte en un guardaespaldas lanzador de cuchillos para acercarte al máximo a tu objetivo y quitarle la vida al menor despiste? Por descontado. Una narrativa en tiempo real con decenas de opciones y desarrollos distintos que puedes saltar de una a otra en cualquier momento según te convenga.

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Eso o encontrar a tu objetivo y pegarle un tiro en la cabeza con un rifle de francotirador desde la otra punta del mapa, claro. Total libertad para hacer lo que te plazca en una saga que le da sentido al género sandbox más que cualquier otro mundo abierto que te venga a la cabeza.

Imagina ser detective privado

Tengo las manos bastante atadas a la hora de entrar en detalles sobre los asesinatos porque, al fin y al cabo, son gran parte de la gracia del juego. Nada me molestaría más que arruinarle a alguien la sorpresa, pero creo que pasar por encima de ello es parte de la clave a la hora de mostrar el potencial del juego.

En el segundo de los niveles toca encargarse de una vieja conocida en una lujosa mansión de campo en suelo inglés. De entre las muchas historias que nos permitirán acercarnos de forma narrada a nuestro objetivo, la más llamativa de todas es la que nos invita a hacernos pasar por detective.

Una vez disfrazados nos acercamos a la mansión y se nos cuenta que ha habido una muerte en la casa. A partir de ahí tenemos la oportunidad de ganarnos la confianza de los miembros de la familia intentando descubrir al culpable, y para ello tocará recabar información a base de pruebas y entrevistas a los sospechosos.

Una forma formidable de darte a conocer la casa y sus miembros, invitándote a pasear de aquí para allá para intentar descartar sospechosos con lo que ellos mismos y el personal de asistencia relatan.

Una trama a lo Agatha Christie o Puñales por la Espalda que se alarga para retorcer los  discursos y acciones de los personajes y pillarlos con las manos en la masa cuando están haciendo lo que no deberían.

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Una trabajada excusa para dar forma a algo tan simple como matar a uno de los miembros de la familia, nuestro principal objetivo, pero también una muestra  más de cómo cada nivel de Hitman 3 es una cebolla de infinitas capas esperando a ser reveladas partida a partida.

El sandbox perfecto

Ya habrá tiempo de deshacerse en elogios si el resto de niveles que quedan por jugar siguen estando a la altura, pero las sensaciones son tremendas. Como decíamos, no tanto por la suma de novedades, que están ahí pero son incapaces de eclipsar la estructura básica de la trilogía, la posibilidad de jugar y rejugar cada nivel hasta la extenuación gozando de sus inabarcables desafíos y sorpresas.

Para favorecer eso último, el volver en busca de nuevos objetivos o muertes que desbloqueen accesorios adicionales y nos hagan subir puestos entre los mejores asesinos del globo, una de sus grandes bazas es el fomentar la exploración para abrir atajos permanentes.

La escalera de emergencia que acabas de activar, a la que sólo se podía acceder desde arriba con una palanca al empezar tu partida, seguirá estando desplegada en siguientes iteraciones, por poner el ejemplo más claro.

Junto a los atajos llega la cámara. Un teléfono móvil con el que podremos tomar instantáneas en una suerte de modo foto con limitaciones, pero que también servirá para dar forma a nuevas opciones jugables e información sobre objetivos.

Dos bazas que, además, se trasladan a los dos juegos anteriores de la saga manteniendo el espíritu de actualización y crecimiento constante que ha caracterizado a la trilogía desde su lanzamiento.

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Un broche fantástico que, además de llegarnos del tirón, esta vez sin formato episódico y con todos los niveles disponibles desde su lanzamiento, luce de fábula también en lo visual y lo técnico.

No puedo hablar de ello en exceso, pero quienes vengan para conocer el cierre de su historia pueden ir preparando las palomitas. No podéis llegar a imaginar la que se nos viene encima y 47 las va a pasar canutas para darle carpetazo. Qué gozada y qué ganas loquísimas de seguir descubriendo más y más capas ocultas de Hitman 3. Tenemos juego para rato.

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