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Star Wars Bounty Hunter, o cómo LucasArts nos vistió con la armadura mandaloriana en el preludio definitivo al Ataque de los Clones
Análisis

Star Wars Bounty Hunter, o cómo LucasArts nos vistió con la armadura mandaloriana en el preludio definitivo al Ataque de los Clones

La armadura mandaloriana es mucho más que unos trozos de beskar repartidos alrededor del cuerpo y un casco con forma de cubo: es uno de los máximos símbolos de un poderoso credo. Una responsabilidad para el que la lleva y también un emblema que infunde disuasión y respeto a lo largo de la galaxia muy muy lejana de Star Wars. Algo que queda muy patente en El Mandaloriano y, casi dos décadas antes, en PS2 y GameCube a través de Star Wars: Bounty Hunter.

Si bien LucasArts ya había arropado mucho y bien el estreno de Star Wars: La Amenaza Fantasma con todo un despliegue de propuestas jugables en PCs y consolas, lo cierto es que fue mucho menos ambiciosa para El Ataque de los Clones. De hecho, además del juego de combates vehiculares llamado simplemente Clone Wars, solo se lanzaron dos adaptaciones del Episodio II a Game Boy Advance de la mano de THQ.  Y, siendo sinceros, ninguna de ellas logró ser mínimamente memorable.

Con todo, la división de videojuegos de LucasFilm estaba completamente volcada en la licencia de Star Wars produciendo toda clase de experiencias con las que no solo permitía a los fans interactuar con su universo, sino también expandirlo con historias completamente canonicas.

Lo cual incluye Star Wars: Bounty Hunter, el juego que podemos considerar, junto con los cómics de Jango Fett: Temporada de Caza de Dark Horse, el preludio de la propia película. ¡Y qué preludio!

Partamos de lo esencial: un año después de estrenarse La Amenaza Fantasma en los cines, LucasFilm decidió dar cierta consistencia a todo el canon existente de Star Wars a través de una base de datos que registraba la continuidad de la saga galáctica, a la cual se denominó el Holocrón. De este modo, y salvo matices pequeños, no había contradicciones en todo el material producido bajo el sello de George Lucas, ya bien fuesen novelas, cómics, videojuegos o películas.

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Dicho de otro modo: si Obi Wan Kenobi y Anakin Skywalker realizaban una misión para la orden Jedi, en todos los acontecimientos posteriores eso habría sucedido. Además, durante el transcurso esa aventura, los dos personajes no podrían estar paralelamente en otro punto de la galaxia haciendo otra cosa en cualquier otra obra, sea en papel, película o las instrucciones de un juguete.

Lo cual, por otro lado, también implicaba por parte de Lucasfilm adaptarse a todo el material producido previamente para no crear conflictos. Algo que, lógicamente, también se aplicaba a los videojuegos de LucasArts.

En ese contexto, y bajo esa responsabilidad, LucasArts y Dark Horse nos ofrecieron tomar parte en el año 2002 en uno de los acontecimientos más importantes de Star Wars: la historia de cómo Jango Fett, el mejor cazarrecompensas de la galaxia, se convirtió en la plantilla genética de un ejército de clones, la pieza clave del plan del plan de Darth Sidius y, a su vez, los motivos de la condición que impuso para aceptar el trato (además de 20 millones de créditos de la república): un clon inalterado que heredará la voluntad del mandaloriano Jaster Mereel.

El auge y la caída del último de los auténticos mandalorianos

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Varias décadas antes de que el planeta Kamino comenzase a producir un imbatible ejército de soldados clon para la República Galáctica, y mucho antes del auge del Imperio, hubo una escisión en el temido clan mercenario de los mandalorianos: liderados por Tor Vizsla, los conocidos como la Guardia de la Muerte provocaron una guerra interna impulsados por su propio afán de conquista.

Aquella guerra civil mandaloriana llevó el conflicto a una humilde granja en el planeta Concord Dawn, involucrando colateralmente al clan Fett, quienes -pese a provenir de una reputada estirpe entre los mandalorianos- se dedicaban a las labores agrícolas.

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El destino quiso que un jovencísimo Jango Fett y su familia fuesen amenazados por el mismísimo Vizla y sus hombres, quienes andaban buscando a Jaster Mereel, el líder de los auténticos mandalorianos. La suerte, y la entrada en escena de Jaster, quiso que Jango no solo se salvase de compartir el fatal destino de sus padres, sino que acabase siendo apadrinado por los legendarios mandalorianos.

Con el paso de los años y la instrucción del propio Jaster, Jango Fett no tardó en sobresalir entre sus compañeros mercenarios, quienes no solo lidiaban con sus propias amenazas frente a la Guardia de la Muerte, sino también aceptaban encargos delicados como modo de vida precedidos por su propia reputación.

Sin embargo, pese a las aptitudes y el liderazgo casi innato de Jango, no todos veían con buenos ojos sucediera a Jaster como líder de los temidos mercenarios: el mandaloriano Montross tenía sus propios planes y ambiciones, y el joven apadrinado de Jaster ahora se interponía en ellos.

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La misión de rescate del planeta Korda Seis supondría un golpe sobre la mesa para Jaster y Jango: lo que parecía una sencilla tarea que serviría para que Jango debutase como jefe de escuadrón supondría una emboscada por parte de Tor Vizsla y la Guardia de la Muerte.

Una oportunidad que Montross aprovechó para dejar expuesto a Jaster, causándole finalmente la muerte al líder de los mandalorianos.

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No sin dificultades, Jango consiguió salvar al grupo. Y pese a que Montross reclamó el liderazgo de los mandalorianos, éstos reconocieron como su guía al joven que una vez fue un humilde granjero. Aquello provocó la ira de Montross y el inicio de su propia carrera en solitario como cazador de recompensas. Paradójicamente, aquello le evitó compartir el terrible destino de la mayoría de sus antiguos compañeros.

Un rebuscado plan por parte de Tor Vizsla derivó el brutal enfrentamiento de los auténticos mandalorianos contra un escuadrón de Jedis, los poderosos defensores de la República, liderados por el Conde Dooku. Aquella trampa terminó en una completa masacre que redujo a los mandalorianos a un único superviviente: el propio Jango Fett.

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Eso sí, antes de ser derrotado, Jango se llevó por delante -y a la desesperada- a una cantidad insólita de Jedis con poco más que sus manos desnudas. Algo que recordará el propio Dooku durante años.

Jango se libró de la muerte, pero quedó muy malherido. El mandaloriano pasó años confinado como esclavo en un carguero de especias hasta que el navío espacial acabó siendo atacado por unos piratas espaciales. Lo primero que hizo al escapar fue recuperar su armadura, la cual había sido mejorada y revestida de duracero. Lo segundo que hizo fue partir a por Tor Vizsla en busca de venganza. Y finalmente la obtuvo.

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Solo en la galaxia, y tras vengar a sus compañeros mandalorianos, Jango Fett decidió buscar trabajo de lo único que sabía hacer: ofrecería sus servicios como mercenario aceptando toda clase de encargos a lo largo de la galaxia. Y es precisamente en ese punto donde arranca Star Wars: Bounty Hunter.

Star Wars: Bounty Hunter: el muy necesario preludio del Episodio II: El Ataque de los Clones

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Quien hace décadas fuese conocido como el honorable Conde Dooku ahora se encuentra al servicio de Darth Sidius, un temible Lord Sith determinado a destruir a la orden Jedi.

Tras el fracaso de sus planes en el planeta Naboo, Dooku y Darth Sidius  se encuentran preparando su siguiente movimiento: la creación de un poderoso ejército de clones, para lo cual necesitarán un sujeto que sirva como plantilla genética. Y es entonces cuando Dooku recuerda a aquel mandaloriano capaz de doblegar a decenas de Jedis. Sin embargo, primero deberá someterlo a una prueba.

Star Wars: Bounty Hunter es un soberbio juego de acción y disparos en tercera persona en el que nos pondremos en la piel de Jango Fett, quien ya se ha labrado una reputación como el mejor cazarrecompensas de la galaxia. Eso sí, como descubriremos, Jango no es el único mandaloriano con vida dispuesto a vender su talento al mejor postor.

El juego de LucasArts es una oportunidad de lujo de poner en práctica las habilidades de Jango, sacarle todo el partido a su armadura y su particular arsenal y, de paso, sacarnos unos cuantos créditos de la República atrapando a criminales en exóticos planetas y lugares conocidos por los fans de Star Wars como Coruscant o Tatooine.

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En Star Wars: Bounty Hunter nuestra misión principal consistirá en dar caza a la antigua padawan del conde Dooku, quien ahora dirige su propio sindicato criminal. No obstante, Jango no es el único que ha recibido el encargo por parte de los Sith: su despiadado ex compañero Montross volverá a aparecer en su camino dispuesto a quedarse con la sustanciosa recompensa y, de paso, vengarse de Fett a cualquier precio.

Por delante, seis largos capítulos divididos en cuatro actos principales cada uno, en los que deberemos recorrer enormes mapeados verticales (perfectos para dar uso a nuestro jet-pack), batirnos en duelo contra oleadas de maleantes y, en el proceso, dar caza a parte de la escoria galáctica cobrando un buen pellizco por sus capturas.

Pese a que Star Wars: Bounty Hunter llegó a las estanterías casi medio año después del estreno en cine de El Ataque de los clones, su producción comenzó a mediados del año 2000, prácticamente un año después de la llegada a las carteleras de La Amenaza fantasma, con un objetivo bien definido: ofrecer a los fans un juego de acción que girase en torno al personaje de Jango Fett.

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Lógicamente, y como vimos más arriba, aquello suponía establecer un universo y un contexto ambicioso dada la relevancia que tendrán Jango y los soldados clon en las precuelas cinematográficas de George Lucas y, por extensión, la enorme popularidad con la que ya contaba Boba Fett en las trilogía clásica de Star Wars.

Eso sí, en Lucasfilm y LucasArts supieron aprovechar al máximo aquella oportunidad.

El mejor cazarrecompensas de LucasArts

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En muchos aspectos, Star Wars: Bounty Hunter logra llevar al jugador a través de los rincones más oscuros del universo Star Wars que pasaban casi de puntillas en los tres primeros episodios de la Saga Skywalker. Arrancando desde un turbio Foso de Batalla y llevándonos a cámaras de congelación de carbonita e incluso obligándolos a hacer tratos con el mismísimo Jabba el Hutt.

Retomando en el proceso el concepto de una galaxia a medio camino entre las leyendas y códigos de honor de los Samurais, la crudeza de los Westerns en los que los lentos mueren con las botas puestas y lo mejor de la ciencia ficción espacial.

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Quizás el sistema de control pudiese parecer obsoleto a día de hoy, pero las habilidades de Jango estaban magistralmente adaptadas a la jugabilidad de Star Wars: Bounty Hunter:

  • Su propio sistema de apuntado automático a dos pistolas calibra muy bien la dificultad del juego, poniéndonos por delante montones de enemigos que batiremos en dos o más direcciones y, a la vez, garantizando duelos intensos sin llegar a ser frustrante.
  • Por otro lado, Jango es muy versátil en cuestión de movilidad con esquives, rodajes y un uso muy ingenioso de su jet-pack que permite la creación y el diseño de fases plataformeras enormes y verticales.
  • Además, contamos con un visor con el que escanear a todos los personajes que encontraremos en el juego, de modo que podemos averiguar si había alguna recompensa por ellos y atraparlos antes de fulminarlos con los blasters.

Cada una de las fases tiene una duración especialmente lograda y perfectamente adaptada a las necesidades de la trama y las cinemáticas intermedias. Con el añadido extra de que, como ocurriese con los juegos de Star Wars de la época, contaba con la B.S.O. de John Williams. Algo que siempre es un reclamo añadido.

Si bien el sistema de cámaras es pésimo si lo comparamos con el de Super Mario 64 u otros estándares actuales, lo cierto es que no estaba nada mal para la época, ofreciendo una suerte de guía que podíamos adaptar al stick derecho del mando, pese a que cuando emprendíamos el vuelo resultase algo impredecible al principio y no del todo fino después.

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Con todo, LucasArts acertó ofreciendo poder ajustar los controles de cámara desde los menús del juego, aprovechando para lucirse creando versiones acomodadas a las capacidades individuales del hardware PS2 y de GameCube. Algo poco frecuente, todo sea dicho.

Star Wars: Bounty Hunter fue un acierto total en lo jugable, en duración y en ambientación y trama. Una apuesta tan acertada como inspirada por la acción por parte de una LucasArts que demostraba que habían tomado nota de sus aciertos y errores con títulos como Shadows of The Empire o el juego de Obi-Wan para Xbox.

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Pero, sobre todo, se coronó al dar un transfondo inmejorable y un muy necesario protagonismo a un personaje tan trascendental como Jango Fett. Llevándonos poco a poco al momento en el que éste cerraría su trato con los Sith para la creación del ejército de Clones. Recordando en todo momento el legado de Jaster Mereel.

El legado de Jango Fett y los mandalorianos

Boba Fett es un personaje recurrente en juegos de Star Wars. Al menos, en aquellos en los que los héroes cinematográficos hacen acto de presencia. A veces con un tono desenfadado como en los títulos de LEGO Star Wars, y otras posicionándose como favorito por los fans, incluyendo las entregas de Battlefront. incluso se le vio medirse en batallas singulares con lo mejor y lo peor de la Galaxia muy muy lejana en Masters of Tëras Käsi.

A fin de cuentas, Boba Fett es nada menos que el clon inalterado que exigió Jango Fett para dar continuidad a la voluntad de su mentor y sus compañeros caídos.

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Paradógicamente, y pese a las infinitas posibilidades y el enorme atractivo que supone ponerse en la piel del cazarrecompensas más temido de la era del Imperio Galáctico en los videojuegos, hubo que esperar al lanzamiento de Star Wars Bounty Hunter para que Lucasfilm y LucasArts aprovechasen las capacidades y talentos que han convertido a los mandalorianos en leyendas a nivel interplanetario. Y, siendo justos, lo hicieron de maravilla.

Lucasfilm arropó al personaje de Jango Fett con sus propias historias más allá de su participación en El Ataque de los Clones con novelas, juguetes, merchandising y, por supuesto, sus propios cómics. Fue, precisamente, a través de éstos donde terminaba de dar contexto al videojuego, introduciendo páginas de las historietas de Jango Fett: Primera Caza como desbloqueables repartidos entre los capítulos de Star Wars Bounty Hunter.

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Lógicamente, aquella expansión del canon de Star Wars disparó la imaginación de los fans y desde Lucasfilm supieron canalizarlo bien. Introduciendo nuevos mandalorianos a través de nuevas producciones como la serie Star Wars: Clone Wars de Cartoon Network y Disney +, o la más reciente Star Wars Rebels.

Ampliando su leyenda con notable acierto y, más recientemente, regalando a los apasionados por la Guerra de las Galaxias una producción capaz de rivalizar (y superar) la trilogía de secuelas de la Saga Skywalker: la serie El Mandaloriano.

Producida para Disney +, la serie centrada en un enigmático cazarrecompensas canaliza la esencia de la trilogía clásica y rescata muchos de los aspectos más celebrados del Universo Expandido (actualmente relegado al sello Leyendas y sacado del canon). Siendo parte de su éxito el modo en el que hereda con orgullo la pasión y la iniciativa que se puso en dar un trasfondo y una identidad a los mercenarios de Mandalore en Star Wars: Bounty Hunter.

Es innegable que El Mandaloriano se presta de maravilla a contar con su propio videojuego, pero de momento nos conformamos con que sirva de puente de cara a la nueva etapa que se abre frente al legado de Star Wars y sus fans.

Porque Din Djarin, el protagonista de El Mandaloriano, tiene que batirse en cada capítulo con la fama y las leyendas que precede a los de su credo. Y lo más curioso de todo es que buena parte de esas leyendas nacieron en torno al soberbio prólogo de Star Wars: el Ataque de los Clones que nosotros mismos vivimos en consolas. Visto así, resulta hasta poético.

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