Tal vez hemos sido demasiado duros con Destruction AllStars, pero tampoco puede decirse que haya puesto de su parte
Análisis

Tal vez hemos sido demasiado duros con Destruction AllStars, pero tampoco puede decirse que haya puesto de su parte

Lo que hace unos meses prometía ser un lanzamiento de 80 euros y uno de los caballos de batalla en el lanzamiento de PS5, llega hoy en forma de juego gratuito con micropagos a PS Plus. Destruction AllStars no ha sido uno de esos juegos que generen un entusiasmo desmedido, y ahora es más fácil entender las razones.

El juego de coches y poderes especiales de Lucid Games lo tenía relativamente fácil para destacar. La “gratuidad” de su puesta en circulación y la falta de lanzamientos exclusivos realmente potentes parecían la oportunidad perfecta para hacerse un hueco de la nada tal y como lo hizo Rocket League en su día, pero ahora mismo lo tiene difícil.

Una base sólida sobre la que seguir trabajando

Puede que sea difícil dar con alguien que hubiese apostado el todo por el todo con Destruction AllStars, pero no es menos cierto que a nadie le amarga un dulce. Faltos de títulos similares al Destruction Derby con el que nos criamos -Wreckfest, FlatOut y poco más-, esta locura de colorines y explosiones bien podía ser uno de esos multijugador a los que acudes con amigos para desconectar después de un día torcido.

Son sensaciones que realmente se mantienen ahí durante los primeros minutos del tutorial y las dos primeras partidas. La idea de saltar del coche en el último momento y recoger otro para seguir luchando siempre es satisfactoria y, en general, la propuesta es lo suficientemente original como para ser reseñable. Hay, digámoslo de otro modo, buenos mimbres.

Pero lo que construyes a partir de ahí es finalmente lo que marca la diferencia y, en ese caso, a Destruction AllStars le hacen falta un par de vueltas más para acabar de cuadrar y encandilar más allá de esas primeras partidas.

Caótico, pero no en el buen sentido

El primer choque frontal están en lo jugable. Pese a gozar de personajes con poderes y acciones destinadas a hacer más fácil que puedas sembrar el caos, cuadrar esos golpes es relativamente difícil por culpa de escenarios excesivamente grandes.

El control del vehículo no ayuda y, con un giro con freno de mano que siempre acaba en 180º, las sensaciones que transmite están lejos de ser satisfactorias. Un problema que, de rebote, también se acaba contagiando a unas físicas que sufren para trasladar los impactos al jugador. Responden más bien poco a lo que una furgoneta con escudo frontal debería reflejar al llevarse por delante un pequeño turismo.

Que el uso de los poderes resulte anecdótico y la pugna por vehículos esté resuelta regular -una combinación de botones frente a la facilidad de aporrear el joystick de lado a lado- consiguen también que la elección de personajes, salvo en casos muy concretos, no dé para mucho más que la curiosidad de descubrir qué hace.

Un sistema de progresión anecdótico

De ahí saltamos a esa segunda vuelta que el juego pide a gritos, la que invita al equipo de Lucid a plantear un debate interno sobre si esto es o no un juego free-to-play. Que tengas que pagar por las campañas de cada personaje, una serie de desafíos bastante bien resueltos para jugar en solitario y conocer mejor las posibilidades de cada uno de ellos, queda lejos de lo que personalmente consideraría lógico.

La prueba gratuita que ofrece para uno de ellos da buena cuenta de lo divertido que podría ser asomarse ahí como tutorial antes de lanzarte al ruedo, pero no parece lo suficientemente potente o interesante como para reclamar una inversión por ello.

Ni siquiera los premios en forma de skins, saludos y demás cucamonadas parecen querer que gastes dinero ahí. Meros cambios de colores y animaciones que poco o nada entienden de épica quedan muy lejos, demasiado, de cualquier opción de embarcarse en su sistema de progreso más allá de lo divertido que puedan resultarte o no sus partidas.

No perdemos la esperanza

Por suerte el margen de mejora es enorme y las claves para alcanzarlo parecen estar relativamente cerca. Para un juego que apuntaba a ser un triple A distinto, la forma en la que han encarado la posibilidad de explotar esa personalidad es bastante limitada.

No han sido pocos los que hemos visto caer recientemente por conformarse con lo justo y, de hecho, Destruction AllStars incluso tiene por delante demostrar si puede o no subir a esa misma altura antes de mantenerse o empezar su particular descenso.

Quiero creer que las alarmas ya encendieron con su retraso de última hora y que el giro que necesita el juego para acabar de cuadrar y empezar a llamar la atención está en camino. Nada me gustaría más que ese entusiasmo de los primeros minutos con Destruction AllStars me durase un puñado de horas más.

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