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Wreckfest, el Destruction Derby que tanto necesitaba
Análisis

Wreckfest, el Destruction Derby que tanto necesitaba

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Destruction Derby es el juego con el que estrené la primera PlayStation, de ahí que le tenga cariño. De vez en cuando echo alguna partida para comprobar lo mal que ha envejecido, pese a que siga teniendo su encanto; pero también para recordar que la saga lleva muerta desde aquel Destruction Derby Arenas de 2004 en PS2.

Lo más parecido que tuvimos con la saga iniciada por Reflections, fue precisamente con aquel Flatout de Bugbear Entertainment surgido en 2004, dejando mejor sabor de boca que los dos últimos Destruction Derby del siglo XXI. Y es precisamente este estudio el que nos sorprendía en 2013 anunciando Next Car Game (hasta llamarse Wreckfest), a medio camino entre ambos clásicos.

Su desarrollo no fue sencillo, puesto que sus creadores sufrieron el varapalo de una campaña fallida en KickStarter y un posterior Steam Early Access que se hizo eterno, viendo cómo su conversión a consolas sufría varios retrasos hasta ponerse finalmente a la venta el pasado mes de agosto de 2019.

Desde que salió quise probarlo pero su precio y las tímidas rebajas me echaron para atrás, hasta que pude jugarlo este pasado fin de semana a fondo gracias a que estuvo gratis en Xbox Live. Y pude disipar las dudas que tenía.

Lo que mal empieza... a veces acaba bien

Wreckfest

Es toda una metáfora ver cómo comienza Wreckfest y cómo fue su desarrollo, porque me chocó bastante (nunca mejor dicho) comprobar que había que controlar inicialmente unas diminutas cortadoras de césped en una arena de demolición, con la presión de ese desafío que nos insta a derrotar a tres rivales.

Pensé: es la peor manera de empezar un juego, porque estos coches son lentos y torpes y no reflejan el comportamiento de los bólidos de verdad dentro del juego. Lo curioso es que esa especie de tutorial desenfadado volvería a repetirse en un evento de mitad de temporada y con una carrera al uso. Ahí me empezó a quedar claro que Wreckfest no se iba a ceñir única y exclusivamente a los coches habituales y de hecho pude corroborarlo poco después compitiendo (literalmente) con sofás sobre ruedas. Y no son las únicas rarezas del resto de campeonatos.

Por momentos, parecía la saga TOCA de Codemasters, pero pasada por el filtro de Jackass. Y eso siempre me va a gustar. En cualquier caso, donde de verdad sobresale Wreckfest es a la hora de recrear carreras donde vale todo y los accidentes graves acaban destrozando los bólidos como si fuesen mantequilla.

Es en esa clase de circuitos, especialmente los que tienen cruces para que sea más propicio crear el caos con colisiones y virajes de toda índole, donde me recorrió una fuerte carga nostálgica que evocó lo que sentí la primera vez que jugué a Destruction Derby. ¡Hasta algunos modelos de los coches (con sus logos y colores) y circuitos son prácticamente un calco! Homenaje descarado, vaya.

Así sería Destruction Derby en la actualidad

Wreckfest

Hay una técnica de aquel clásico que aquí funciona a la perfección para hacer que el rival que tenemos situado delante pierda el control: forzamos su parte trasera para que acabe girando más de 180 grados y lo perdamos de vista un rato. Salvo que Wreckfest ofrece un realismo superior para las colisiones y destrozos.

Es tremendo ver cómo sale disparada prácticamente cualquier pieza de nuestro bólido a medida que sufre desperfectos, convirtiéndose la carretera en todo un campo de "minas" con ruedas, puertas y demás, de lo más decorativo. Y por supuesto, los coches destrozados no desaparecen del circuito. Y entorpecen.

A nivel jugable cumple con creces, teniendo a mayores distintos métodos de configuración, más allá de las habituales mejoras en las prestaciones de nuestro vehículo o en el tipo de piezas que nos convienen según el tipo de terreno sobre el que vamos a competir. Lo mejor es que podemos subir la dosis de realismo para que los desperfectos provoquen incapacidades totales en el bólido en cuestión.

A modo de aliciente, se nos concede experiencia por cada carrera y por cada acción sobre el enemigo (choques, virajes, venganza, destrucción...), que sirve para desbloquear más piezas para comprar (con el dinero ganado de las carreras, por otro lado). Lo malo son las interminables pantallas de carga entre carreras.

En Wreckfest pesa más lo positivo, de todas formas, y mejora según vemos los circuitos más avanzados, donde no falta incluso un loop gigante de los que suele pasar sin despeinarse el mismísimo Sonic. La gracia es que no todos los coches son capaces de solventar ese problema con soltura, siendo impagable la estampa de verlos caer desde arriba de todo. Cuando lo vea con una buena rebaja, caerá fijo en formato físico y será un juego que explotaré a buen seguro con la llegada de Xbox Series X para disipar por completo esas esperas tan insufribles.

  • Plataformas: Steam, PS4 y Xbox One (versión analizada)
  • Multijugador: sí, online (hasta 16 jugadores)
  • Desarrollador: Bugbear Entertainment
  • Compañía: THQ Nordic
  • Lanzamiento: 26 de agosto de 2019 (Consolas)
  • Precio: desde 33,24 euros
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