El día que el actor Kirk Cameron protagonizó el videojuego The Horde a cargo de los creadores de Crash Bandicoot N. Sane Trilogy
Análisis

El día que el actor Kirk Cameron protagonizó el videojuego The Horde a cargo de los creadores de Crash Bandicoot N. Sane Trilogy

Todo el mundo sabe que la batalla por las consolas de 32-bits la ganó Sony con su PlayStation, para sorpresa de SEGA con su Saturn. Y que en esa década de los noventa hubo compañías que intentaron hacerse con un hueco del mercado y fracasaron estrepitosamente, tanto Atari con su Jaguar como The 3DO Company con su 3DO, dos consolas que no aprovecharon su potencial y con un catálogo de juegos paupérrimo en comparación con los dos gigantes citados de SEGA y Sony.

Sin embargo, las cosas como son, a 3DO le debemos el nacimiento de Need for Speed, por ejemplo, o esa rareza del estudio Toys for Bob llamada The Horde que protagonizó Kirk Cameron. Sí, el mismo actor de la serie Los problemas crecen.

The Horde mezcló acción con gestión y estrategia

The Horde

The Horde no fue un juego que copase grandes titulares en la prensa española, tal vez por salir primero en 3DO (también salió poco después en MS-DOS y Saturn) o tal vez por su propuesta innovadora, pero no cosechó desde luego notazas en comparación con otros lanzamientos de aquella época. Y eso que el reclamo era llamativo para los que crecimos viendo a Kirk Cameron en esa serie de 1985.

Las nuevas consolas de 32-bits ofrecían la posibilidad de contar con escenas de introducción en FMV (Full-Motion Video) gracias al CD, por lo que parecía estar ante una película que daba pie justo después a un videojuego. Que la premisa de este trabajo de Toys for Bob fuese absurda daba igual. Porque en su prólogo veíamos al campesino protagonizado por Kirk salvándole la vida al rey, por lo que éste, en agradecimiento, le daba su espada para protegerlos de la horda. Menuda suerte, ¿no? No, menudo marrón. Porque los Hordlings son innumerables.

Y es que estos monstruos de color rojo de distintas formas y tamaño asolan año tras año al reino destrozando sus casas, sus cultivos y matando a sus habitantes, por supuesto. De ahí que nuestra obligación sea erradicarlos para que pueda prosperar el reino. Y por desgracia no será el único problema de esta historia.

Si The Horde no cautivó a la prensa por igual fue porque propuso un estilo de juego totalmente innovador... pero complejo hasta pillarle el truco. La parte de estrategia era a la vez de gestión, puesto que no solamente teníamos que colocar trampas o muros para controlar las zonas por las que podían venir los Hordlings, sino también plantar y posteriormente talar árboles para obtener más monedas que nos permitiesen comprar más y mejores cosas a lo largo de la partida.

Para esa planificación había un tiempo límite que podíamos adelantar si no queríamos esperar por la horda. Tras esto llegaba la parte de acción controlando a Kirk Cameron a golpe de espada para atacar a los monstruos. El movimiento era uno de los aspectos donde flojeaba el juego, al movernos en ocho direcciones. De hecho, toda la interfaz distaba mucho de las facilidades de los RTS al uso y como hack & slash era de lo más primitivo. Pero la mezcla era muy original, eso sí.

Decíamos unos párrafos más atrás que la horda no era el único problema y esto venía dado por los impuestos del reino al año. Inicialmente se nos pedían 20 monedas, pero la cifra iba subiendo año tras año, lo que nos obligaba a plantar muchos más árboles, entre otras cosas, para poder hacer frente no sólo a la horda, sino a las exigencias del reino para que prosperase debidamente.

Un adelantado a su tiempo que hay que reivindicar

The Horde

Lógicamente, esas exigencias con los impuestos tenían al menos su parte positiva, puesto que al terminar cada año aparte de poder salvar la partida teníamos acceso a la tienda desde la que comprar diversas mejoras, como poder contratar los servicios de otros soldados, desbloquear señuelos para la horda o incluso bombas y un anillo de teletransporte. Por lo que se hacía más duro (sobre todo si no gestionábamos bien su economía), pero nos daba más ventajas.

Completar las diversas estaciones de cada año tenía su recompensa, por lo tanto. Y no siempre era una catástrofe que algún Hordling destrozase una vivienda o matase a varios aldeanos, porque si planificábamos bien a la larga, todo se hacía más llevadero. Y para esto también ayudaba el acceso al minimapa, desde el cuál no solamente podíamos ver por dónde nos venían los monstruos, sino talar directamente los árboles desde ahí, como en cualquier Age of Empires en PC.

Viéndolo en perspectiva sorprende mucho que sea del mismo estudio que creó Pandemonium! o el encargado de esos remakes "tres en uno" llamados Crash Bandicoot N. Sane Trilogy y Spyro Reignited Trilogy; incluso del más reciente Crash Bandicoot 4: It's About Time. Volver a The Horde ahora se hace más duro que antes, pero con mayor experiencia para afrontar con éxito su peculiar propuesta.

No será desde luego un candidato a recibir algún día una remasterización, pero sí que es el típico abandonware al que merece darle otra oportunidad, porque llega a picar y a divertir lo suyo. Y ver a Kirk Cameron de esta guisa antes de abrazar el cristianismo evangélico no tiene precio. Porque The Horde es bastante gore...

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