Tras varias horas sufriendo y disfrutando Phantom Abyss, ahora conozco insultos que no sabía que tenía en mi cabeza
Análisis

Tras varias horas sufriendo y disfrutando Phantom Abyss, ahora conozco insultos que no sabía que tenía en mi cabeza

Como ocurre en casi todo juego de Devolver que acabas probando por fiarte más del buen gusto de la editora que de la experiencia pueda llegar a ofrecer, Phantom Abyss es un juego sorprendente. Una de esas ideas simplonas y con unas patas aparentemente cortas que, sin embargo, no tardan en convertirse en el mejor de los carteristas.

¿Y qué te roban? La vida. Te roban las horas, la calma, la decencia, el autocontrol y, si eres de los que se exalta más de la cuenta, probablemente también algún mando o un ratón. He perdido la cuenta de las veces que me he acordado de la madre de los desarrolladores, pero cuando ha llegado el momento de ponerle el freno al juego y sentarme a escribir, lo he hecho con una sonrisa de oreja a oreja.

Mucho más que un Fall Guys a lo Indiana Jones

Aunque en los primeros compases o vídeos las comparativas con Fall Guys parecen inevitables, lo cierto es que tras probar Phantom Abyss en su llegada a Steam, tiene poco que ver. Sí, debes correr del punto A al punto B evitando todo tipo de trampas, pero mantiene un ritmo mucho más calmado que el otro juego de Devolver.

Tampoco hay rivales que molesten o incordien, sólo el fantasma de quienes, como con mucha seguridad tú acabarás haciendo, han perecido en algún punto de ese mismo templo. Una guía que puede servir para alertarte de una trampa más escondida de lo habitual o incluso mostrarte el camino hacia un nuevo secreto.

A partir de ahí la premisa es que sólo una persona en todo el mundo conseguirá llegar al final. Si mueres no tendrás la posibilidad de repetir, sino que saltarás a otro templo con una distinta disposición de salas que tendrá más o menos fantasmas dependiendo de la gente que haya pasado por allí antes que tú.

Esperándote unos pasos más allá está una colección de pinchos que ruedan por el suelo, cuchillas que dan vueltas alrededor de una columna, martillos gigantes que se balancean, dardos tranquilizantes que salen disparados y lanzas que salen del suelo buscando empalarte de la forma más dolorosa posible.

Phantom Abyss

Las apariencias engañan

Es inevitable pasar por Phantom Abyss pensando que es un juego más fácil de lo que debería. Las trampas son evidentes, la forma de sortearlas también y, salvo en contadas excepciones, el ir con calma y midiendo tus pasos es más que suficiente para sobrevivir sin problemas.

Los problemas llegarán tan pronto aparezca uno de los dos mayores problemas con los que te vas a cruzar. Por un lado está el exceso de confianza que te lleva a pensar que llegas a ese salto o que puedes esquivar ese peligro con menos calma de la que deberías.

Por el otro, un guardián del templo que, dependiendo de lo que te toque, puede resultar cada vez más implacable y puñetero. No es un enemigo al uso que vaya de cabeza a por ti, sino una trampa más que en forma de rayos solares, bolas de veneno o un incansable perseguidor, serán capaces de desconcentrarte lo suficiente para caer en la siguiente trampa.

Phantom Abyss

Es ahí cuando, por miedo a los problemas que te puedan causar, tu paso por el templo se acelera más de lo que debería y, a más velocidad, más posibilidades de meter la pata con catastróficas consecuencias para la run que creías tener perfectamente controlada.

Bastante más chicha de lo que parece

Ok, superas todo eso y llegas al final. Y ahora qué. La idea, aunque estoy a kilómetros de distancia de vivirla en mis carnes, es que a base de conseguir los trofeos que se encuentran al final del camino acabarás escapando del templo, pero en el puñado de horas que llevo jugadas sólo he conseguido hacerlo en dos ocasiones.

Parte de la culpa es mía, claro, y no por lo anteriormente relatado sino porque llegado a cierto punto siempre puedes elegir entre correr un último tramo y asegurar el premio o, si así lo prefieres, bajar un nivel más para intentar conseguir un premio más jugoso en una zona con nuevas trampas y salas.

Phantom Abyss

Un clásico riesgo recompensa apadrinado por la posibilidad de conseguir nuevos látigos con los que abrir cofres, frenar cuchillas o agarrarte a salientes para superar obstáculos y librarte de la muerte. Del básico y sus limitadas acciones a látigos especiales con una bendición y una maldición como, por ejemplo, ganar un corazón más pero que las tiendas sean un 20% más caras.

Y así, tan simplón y básico como parece, entre el pique por llegar cada vez más lejos y la curiosidad por ver qué nueva zona descubres o qué nuevo látigo consigues, de repente te encuentras atrapado en el templo de Phantom Abyss. Una trampa mortal capaz de hacerte inventar nuevos insultos que ni creías posible y saltar de la silla de alegría, varias veces y durante una misma partida. Un pozo de horas con mucho camino por recorrer que ya cuenta con una base excelente y de lo más recomendable.

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