Tras ver Ghostwire: Tokyo he sido envuelto en su niebla y me ha recordado a Los Cazafantasmas más de lo que imaginaba
Análisis

Tras ver Ghostwire: Tokyo he sido envuelto en su niebla y me ha recordado a Los Cazafantasmas más de lo que imaginaba

Muchas dudas, cuestiones y pocas certezas se presentan cuando te van a mostrar Ghostwire: Tokyo en profundidad. Y no es porque uno ponga en duda la trayectoria de Shinji Mikami o Tango Gameworks, con la saga The Evil Within como referente. Pisas arenas movedizas porque el secretismo alrededor del título ha sido una constante desde que fuera anunciado allá por el E3 2019 o las sensaciones negativas tras la marcha de Ikumi Nakamura. Sin embargo, la niebla ha sido despejada y lo que he podido ver no defrauda.

Durante toda la presentación de la obra, poco a poco, comenzó a invadirme un pensamiento que he querido trasladar a este texto. Ghostwire: Tokyo me recuerda poderosamente a Los Cazafantasmas, pero no porque aparezca Bill Murray soltando el chascarrillo de turno, sino por el trabajo que realiza la empresa neoyorquina. Esto va de capturar espíritus, limpiar la capital japonesa de espectros llegados del más allá y averiguar qué diantres está pasando.

El novato y el maestro

Pregunta seria: ¿cómo afrontas una hecatombe extrasensorial estando tú solo para salvar el día? Sencillamente, no puedes hacerlo por tu cuenta. Es por ello que Akito termina por fusionarse con KK, un cazador de fantasmas experimentado que ha terminado convirtiéndose en un ente más. A través de una extraña conexión que se manifiesta en el físico del protagonista, los dos personajes tendrá que hacer equipo para enfrentarse a una amenaza como pocas.

Principalmente la que dirige Hanny, un villano que no esconde sus intenciones, coronando su aspecto con una máscara demoníaca que impide ver su rostro. Ha conseguido que toda la zona de Shibuya se encuentre sumergida en una densa niebla, lo que causa que la población se haya evaporado. No solo eso, sino que extrañas criaturas pueblan las calles y las aceras están repletas de las ropas de los que una vez estuvieron allí, como si Cell de Dragon Ball hubiese hecho una limpieza exprés.

De alguna forma que no queda todavía clara, Hanny es capaz de tener conexiones mentales con Akito, soltando el clásico discurso de que la vía que ha tomado es la verdadera y los demás están equivocados. Sea así o no, lo cierto es que Akito se juega algo mucho más importante para él como es ayudar a su propia familia. Las cartas están encima de la mesa y toca jugarlas.

Ghostwire: Tokyo

Sellando y exorcizando

Una vez hechas las presentaciones, toca meternos en la auténtica mandanga, la parte inicial de Ghostwire: Tokyo.  Con unos poderes recién adquiridos, pude ver cómo Akito comenzaba a acostumbrarse a ellos bajo las órdenes e indicaciones de KK. Bolas de energía salen sin parar de sus manos, las cuales sirven para atacar a los Visitors, los seres que habéis podido ver en el último gameplay.

Oficinistas con paraguas que recuerdan a Slenderman, colegialas sin cabeza, la clásica Hachishakusama de la que se inspira el diseño de Lady Dimitrescu... la variedad es amplia y aunque muestran comportamientos diferentes, el objetivo es el mismo: exorcizarlos. Los orbes que lanzamos sirven para quebrar sus cuerpos, momento en el que sus núcleos quedan expuestos para que los arrebatemos.

A través de L2, Akito lanza una especie de cuerda mística que se ata a los núcleos y tira de ellos para arrancarlos. Nada me lo confirma, pero todo apunta a que los gatillos hápticos del DualSense tendrán mucho que decir en momentos como este. Y es que al ser Ghostwire: Tokyo un juego en primera persona, es muy visual en este sentido. Nuestro personaje realiza posiciones complejas con los dedos, gira y curva las muñecas para que los ataques que lanza sean efectivos.

Sin embargo, no hay nada más efectivo para limpiar Tokyo que lo que parece que será una de las mecánicas principales de la obra. En varios artes y gameplays hemos podido ver esos arcos japoneses rojos, llamados Tori, y que actúan como punto de referencia para saber dónde se concentran grandes cantidades de nieblas. Repartidos por todo el mapa, habrá que encontrarlos, despejarlos de enemigos y la niebla desaparecerá. Como recompensa, recibiremos un objeto fundamental.

Ghostwire: Tokyo

Se tratan de los Katashiro, unas figuras de papel que tienen la capacidad de absorber los espíritus que se encuentran desperdigados y guardarlos en su interior. Claro, no sabríamos nada de esto si no fuese por KK, que da en todo momento indicaciones a Akito sobre un mundo que no conoce. Al igual que sucede en Forspoken, es habitual escuchar conversaciones entre los dos mientras jugamos, forjando una relación imprevista por ambos.

Los más viejos del lugar recordarán las cabinas telefónicas, unos extraños aparatos que poblaban las calles de medio mundo y permitían hacer llamadas. En Ghostwire: Tokyo tienen una nueva vida, puesto que sirven como máquina clave para enviar a los espíritus recogidos fuera de la zona de Shibuya. Y no parece que vayan a ser pocos, ya que el recuento que apareció en pantalla contaba 240.050 espíritus, si bien cogemos unas cuantas decenas de cada vez. Las monedas y la experiencia como recompensa son bienvenidas. Y atentos a los yokai, que estarán presentes en diferentes puntos del juego y otorgarán habilidades especiales si los atrapamos.

Los recovecos de Tokyo

No se puede negar que Tango Gameworks tiene su sede en la propia ciudad que recrea. Y es que el equipo de desarrollo ha hecho un trabajo espléndido a la hora de construir la urbe. La estereotípica, y muchas veces cierta, imagen de Tokyo llena de luces de neón aquí se puede encontrar y que sea de noche de forma constante ayuda a que luzca todavía más. Un simple pantallazo del juego te hace pensar de forma inequívoca en la capital de Japón. Además, choca todavía más ver un lugar tan inmensamente poblado en la vida real y que ahora está completamente vacío.

El caos causado por Hanny ha dejado todo hecho unos zorros, por lo que es habitual encontrarse con carteles, farolas y otras partes del mobiliario urbano en posiciones extrañas. Flotando, parpadeando, como si no supiesen decidirse entre el mundo de los vivos u otra dimensión que los arrastra. No obstante, no solo del puro asfalto vive Ghostwire: Tokyo, sino que tiene más que decir mirando hacia arriba y hacia dentro. Y me explico.

Ghostwire: Tokyo

La verticalidad apareció como elemento sorpresa, sin comerlo ni beberlo, en cuanto Akito logró engancharse con sus lazos a un Tengu, un ave celestial del folclore japonés. Un impulso repentino le elevó y lo dejó en un tejado, donde más arcos Tori se alzan, con hombres trajeados, niebla y bandadas de cuervos.

No parece haber daño por caída, pero eso importa muy poco cuando puedes planear y posarte cual pluma. Si en las azoteas hay motivos para estar atentos, no se quedan nada atrás los interiores. Es muy pronto para poder decirlo, pero es sorprendente la cantidad de lugares a los que Akito puede entrar y no con pocas sorpresas. Quizás el sueño de muchos se cumpla cuando, tras entrar en una tienda con el hilo musical más amable del mundo, te recibe un gato flotante. Llega un punto en el que ya no te cuestionas nada y simplemente le compras más Katashiro o comida que mejora las estadísticas. Y sí, confirmado que se puede acariciar a los gatos.

No todos los días se te aparece un espíritu en mitad de la calle y te pide ayuda para exorcizar su casa. Rutina diaria para Akito, que se introduce en la típica casa japonesa, que comienza a retorcer sus estancias, mostrar manchas en las paredes y a intentar provocar pánico al visitante. Pequeña locura que me recordó a la imaginación de Double Fine con Psychonauts, aunque se queda lejos de la gran originalidad que demuestra el equipo de Tim Schafer.

Ojo a la visión de detective, al mas puro estilo Batman Arkham y que permite ver retazos de espíritus junto con las huellas que han dejado. Se pueden seguir para encontrarlos y ponerles fin, no sin antes cruzarte con un árbol de corrupción; córtalo de raíz y más espíritus para el Katashiro.

Ghostwire: Tokyo

Cita apuntada en la agenda

La ayuda para Akito no solo llegará por parte de KK, sino que habrá que recurrir a su antiguo equipo de disuasión fantasmagórica. Los miembros están desperdigados por la ciudad, así que tendremos que recabar información para ubicarlos y recibir su ayuda. Por ejemplo, al entrar en uno de los apartamentos, Akito tuvo que romper el sello que lo protegía. Esto se puede lleva a cabo con el panel táctil del DualSense o haciendo que KK se ocupe de la tarea con un solo botón. Es aquí donde recibimos el arco que lanza flechas de fuego y más información sobre la historia, que como mínimo me hizo querer tirar más del hilo.

Nada más salir, una barrera bloquea el edificio al completo, por lo que con una contrarreloj soplando en la nuca, hay que encontrar diferentes núcleos repartidos por la estructura, tanto dentro como fuera. De ese modo el muro místico se libera y podemos continuar. Un buen rato de partida el que he podido ver, lo suficiente como para convencerme de que el día 25 de marzo estaré pendiente de su lanzamiento en PS5 y PC.

Tango Gameworks asegura que Ghostwire: Tokyo se encuentra en la fase final de pulido y lo cierto es que se ve muy consistente. Gráficamente no luce como un juego de nueva generación, pero la personalidad que derrocha hace que lo marque en el calendario como uno de los títulos más interesantes del 2022.

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