El falso algoritmo de la suerte: por qué los videojuegos nos engañan para simular la fortuna
Cultura

El falso algoritmo de la suerte: por qué los videojuegos nos engañan para simular la fortuna

Ni se ve, ni se toca, ni puedes definir qué es o qué sentido tiene sin sentirte un poco estúpido. Antaño gobernada por dioses, luego por la razón y a día de hoy por cadenas de unos y ceros, la suerte lleva con nosotros casi tanto como el resto de cosas etéreas que en un sentido u otro marcan nuestro día a día.

La suerte, creas o no en ella al llamarla por su nombre o catalogarlo como casualidad, forma parte de nuestras vidas desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, desde el café que derramas por la mañana hasta el autobús que se escapa en tus narices al volver a casa. Los videojuegos, por descontado, no iban a ser menos.

Qué es la suerte

Si os parece bien, vamos a sentirnos un poco estúpidos. Intentemos definir la suerte con algo que vaya más allá de vomitar lo que pone en la RAE: “encadenamiento de los sucesos, considerado como fortuito o casual”. Qué es la suerte y por qué le damos importancia a algo que, te guste o no, ocurre o no ocurre.

Si bien desde un punto de vista filosófico podríamos echar a correr ríos de tinta sobre su existencia, sentido y papel en nuestras vidas, al intentar aterrizar la idea de la suerte en lo lúdico la definición suele ser mucho más concisa y satisfactoria: es lo contrario a la habilidad.

Ya sea con juegos prehistóricos a base de huesos tallados, con juegos de mesa en los que colocar vagones de tren sobre un tablero, o con videojuegos que pongan a prueba nuestra relación mano ojo, la suerte siempre está ahí a no ser que la habilidad la haya fagocitado por completo.

En otras palabras, a más probabilidad de ganar frente a alguien que no conoce el juego, mayor habilidad y menos suerte. Si mis posibilidades al tirar una moneda al aire son del 50%, la suerte domina el juego. Si debo saber cómo mover las fichas por el tablero y el contrario no ha tocado un peón en su vida, mis posibilidades pueden crecer hasta superar el 90%.

Del ajedrez se dice que, por su complejidad, es el único juego sin suerte, pero incluso ahí habría que hilar muy fino para justificar su desaparición. A fin de cuentas no todo depende del juego, también depende del jugador. Especialmente del contrario y su memoria, habilidad o capacidad para adelantarse a sus movimientos. Sucesos fortuitos y casuales que, pese a la habilidad, escapan a nuestro control.

Battle Chess

Por qué jugamos con la suerte

Con el auge del juego competitivo, la suerte en los videojuegos se ha puesto en el punto de mira de aquellos que no quieren poner su habilidad en manos de la fortuna. ¿Os suenan las broncas por el caparazón azul de Mario Kart? Pues añadidle premios de varios ceros para acabar de calentar el ambiente.

Sin embargo, como en casi todo lo lúdico, la suerte es una parte fundamental de por qué nos gustan los videojuegos. Incluso para aquellos que siguen pensando que la habilidad marca cada uno de sus pasos en un mundo virtual, la suerte es lo que les separa de estar jugando una eterna y aburrida partida de ajedrez.

  • Ego: seguro que te suena aquello de “si gano, gano por mi habilidad, y si pierdo, es que he tenido mala suerte”. La suerte pueda darte o quitarte una victoria, pero también sirve de excusa para una mejora de ego capaz de evitar la frustración.
  • Más jugadores: si todos los juegos se basasen únicamente en la habilidad sin tener en cuenta la suerte, el número de jugadores que podrían seguir sumándose al juego como principiantes cada vez sería menor y, a la larga, la posibilidad de encontrar a alguien con quien jugar acabaría desapareciendo.
  • Motivación: la frase de “esta vez es la buena” es otro de los empujones emocionales que nos invita a seguir jugando pese a que nuestra habilidad sea inferior a la requerida. Gozar de un golpe de suerte que acomode una victoria, por ejemplo con ese jefe no realizando el ataque que siempre acaba contigo.
  • Variedad: por último está la posibilidad de vivir una situación distinta. Fortuito o casual, ¿recuerdas? Si todo sale tal y como estaba planeado el juego acaba siendo más un puzle que una experiencia emocionante.

El falso algoritmo de la suerte

Shell

Pese a las buenas razones que arrastran a los diseñadores a incluir un componente de suerte en sus juegos, la idea sigue siendo un arma de doble filo que cada dos por tres invita a repensar lo que sabemos sobre ella y cómo la ejecutamos.

Partimos de la base de que, como recogíamos al principio, la suerte no es algo que se pueda medir con facilidad, y que incluso en aquellos juegos donde prima la habilidad, siempre hay algo de esa fortuna etérea en el aire. ¿Cómo trasladas esa casualidad a algo tan preciso como las matemáticas?

La clave está en que no puedes hacerlo. Lo que antes era la voluntad de los dioses, ahora es parte del código de un programador, y no, no es completamente aleatorio. Debes provocar la generación de un número que sirva como excusa para simular esa suerte que marca un dado.

Aunque la función ya está automatizada en ciertos lenguajes, en otros requiere inicializar esa generación agarrándose a otro número que sirva de base para la fórmula, lo que normalmente se realiza partiendo de un valor específico como el milisegundo de la hora actual.

Si tuviésemos una forma de asegurar que el número base que se está utilizando es siempre el mismo, los cálculos siempre nos entregarían el mismo número “aleatorio”. Dicho de otra forma, ni es suerte ni tampoco aleatorio, pero se le parece mucho.

Mario Party

El enorme reto de simular la suerte

Con la solución de cómo generar la suerte en manos del diseñador, el siguiente reto está en hacer que esta sea más divertida que frustrante. Toca, aunque no sea para precisamente hacer honor a su nombre, provocar la suerte.

Lo curioso de la suerte dentro de un videojuego es que demasiada suerte parece irreal, y muy poca suerte provoca una sensación similar. Imagina que estás ante un disparo de XCOM en el que la suerte dicta que tienes un 90% de probabilidades de acertar el siguiente tiro.

Si nos acogemos a la suerte, las posibilidades de que ese tiro falle están ahí y, aunque improbable, que lo falles tres veces seguidas también. Piensa en qué es lo siguiente que harías si ocurriese eso.

XCOM

Los diseñadores de videojuegos pronto aprendieron que no es lo mismo ofrecer un 33% de posibilidades que hacer que la suerte te sonría una de cada tres veces. Es la razón por la que se introdujo el concepto pity timer. Algo así como un contador de la compasión.

Con la intención de evitar lo frustrante de abrir 40 sobres de Hearthstone sin que te toque nada bueno, los 40 que abras tendrán un X% de posibilidades de entregar una carta legendaria, pero si pasados esos 40 no has recibido ninguna, el juego automáticamente cambia tu suerte para forzar la aparición.

La idea está muy cerca del refuerzo positivo de Skinner que comentábamos hace años al hablar sobre la psicología detrás de las cajas de loot. Frente a estímulos aleatorios que producen una respuesta, el cerebro segrega dopamina en todos los intentos., por lo que la confianza a la hora de obtener esa suerte es tan poderosa como la suerte en sí misma.

La manipulación de la suerte

Con la explosión de los juegos para móviles y los modelos free-to-play de juegos como Candy Crush, empezó a correr como la pólvora la teoría de una manipulación en la suerte del juego que, tal y como acabamos de ver, tampoco resulta especialmente descabellada.

La situación provocó que varios creadores de juegos con la suerte por bandera de aquél momento como eran Peggle y Puzzle Quest, saliesen al paso para arrojar números y declaraciones que intentasen aclarar la situación y desmentir las acusaciones. Las de este último fueron especialmente graciosas:

“Puedo asegurar que la inteligencia artificial no hace trampas o sabe qué gemas van a caer. Escribí la IA yo mismo, así que estoy 100% seguro de ello.
Dicho de otra forma:
a) Soy programador, así que soy básicamente un vago.
b) Escribir una IA que haga trucos, se adelante a los acontecimientos y realice múltiples evaluaciones es mucho más trabajo que crear una IA que simplemente evalúe lo que hay.
c) Si hubiese querido hacer el juego más difícil lo habría hecho de la forma VAGA y simplemente les habría dado más puntos de vida.”
Suerte1

La teoría de la manipulación está ahí, claro, pero incluso en juegos de Nintendo, en los que la suerte es primordial -por aquello que comentábamos de la variedad, la diversión y el hacer que toda la familia pueda jugar junta sin que la habilidad lo impida-, hay una lógica detrás.

Así lo recordaba el director y productor de Mario Kart al asegurar que, aunque desde la gran N se deseaba que la experiencia fuese igual para todos hasta el final, el mejor jugador es el que seguirá teniendo mayores posibilidades de ganar. En otras palabras, que la suerte está ahí, aunque unas veces nos guste más que otras, y es tan necesaria y satisfactoria en los videojuegos de hoy en día como lo era hace miles de años entre dados esculpidos con huesos.

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