Hubo una época en la que PlayStation Store no era digital, sino física: la Meca de los fans de PlayStation
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Hubo una época en la que PlayStation Store no era digital, sino física: la Meca de los fans de PlayStation

Corría el verano de 1999, estábamos a las puertas de un nuevo milenio y los fans de PSX miraban con ojos golosos cómo PS2 tomaría el relevo del éxito de PlayStation, primero en Japón, y luego en el resto del mundo. Pero había un sitio en el que aquello se viviría de forma especial. Un lugar convertido, a golpe de talonario, en la Meca de los fans de PlayStation.

Allí se celebraban los eventos de lanzamiento con famosos, se hacía cola para comprar nuevas consolas, y se visitaba con amigos para probar las últimas novedades y llevarte alguna demo a casa con la que seguir soñando con el juego que te comprarías algún día. Visto así, es comprensible que el relato sobre la PlayStation Store tenga un aura especial.

Sony Metreon: el centro comercial perfecto

Al otro lado del charco, muy lejos de unos Centro Mail con los días contados y los clásicos bazares en los que buscar las últimas novedades de tecnología a precio reducido, Sony inauguraba en San Francisco el Sony Metreon, un centro comercial de 85 millones de dólares.

Uno de esos complejos de tiendas y entretenimiento sacados del futuro con pantallas IMAX en sus cines, boleras virtuales, parques infantiles basados en franquicias internacionales, y tiendas pensadas para perderte y pasar la tarde en ellas aunque no tuvieses intención de comprar nada.

Una oda a la pasión estadounidense por los centros comerciales que, a la larga y con relatos como este, se nos acabó contagiando también a nosotros -mucho antes de que estos se convirtiesen también en un símbolo de la decadencia cuando el capitalismo se nos va de las manos-.

“Durante el instituto mi amigo y yo cogíamos el autobús de Santa Cruz hasta allí. Patinábamos por la ciudad, parábamos en la PS Store para descansar, jugábamos algún puñado de juegos un rato y luego pillábamos el autobús a casa. Eran tiempos mágicos”.

Entre máquinas arcade del futuro y un paseo de la fama como el de Hollywood, pero dedicado a personajes de videojuego, en el Sony Metreon también podías encontrar las dos tiendas principales de Sony: la Sony Style dedicada a todos los productos de la marca que con el tiempo acabamos disfrutando también por estos lares, y la PlayStation Store que motivó este texto.

El día que la PlayStation Store era de ladrillo y cristal

Por muy chovinistas que nos guste ser a veces, visualizad ser el amigo del instituto de ese chico al que leíamos antes, llegar a la tienda después de una sesión de “Imagina ser Tony Hawk” y sentarte en la enorme barra de bar repleta de consolas y juegos con las últimas novedades a echar la tarde sin gastarte un dólar.

La idea no tardó en permear entre la juventud estadounidense que, empujada por aquellas fotos de revistas de videojuegos en las que Carmen Electra y Jason Biggs se codeaban con mascotas gigantes de tus videojuegos favoritos en su fiesta de lanzamiento, acudían a la tienda como si fuese un punto turístico más de San Francisco.

Lo más curioso del Sony Metreon y la propia PlayStation Store es que su mayor baza fue también un clavo en su ataúd. Si bien los fans de PlayStation y las hordas de jóvenes acudían en masa a alucinar con aquél centro comercial del futuro, su gasto en las dependencias de Sony era notablemente menor al coste que implicaba mantener todo aquello.

En 2009, 10 años después de aquello y de haber vivido la fiesta de lanzamiento de PS2, PSP, PS3 y grandes sagas como Tekken y Metal Gear Solid, o incluso haber servido como escenario para el videojuego Rise To Honor de Jet Li, Sony daba carpetazo al proyecto, cerraba sus tiendas y vendía el complejo.

La PlayStation Store dejaba de tener un lado físico, de ladrillo y vidrieras, para centrarse en el digital, y a la decisión le seguían ríos de tinta de adolescentes recordando en Reddit lo especial que fue aquella tienda para ellos. No me cabe duda que, de haber estado por allí en aquella época, también lo habría sido para mí.

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