Análisis de 'Race Driver: Grid'. Una grata sorpresa

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El olor a gasolina quemada invade el ambiente. El crujir de los motores se eleva por encima del sonido de los aplausos y los vítores del público. El sol cae a plomo y deslumbra en el horizonte, sabes que hoy no va a ser una carrera fácil y que vas a tener que darlo todo sobre el asfalto. Bienvenidos a ‘Race Driver: Grid’.

Si tuviera que resumir en una frase la sensación que provoca este título, esta iría relacionada sin duda con el calor. Este juego da calor, así de claro. Puede parecer una tontería pero estamos ante una de las mejores recreaciones de una atmósfera determinada. El sol deslumbrante que se cuela entre edificios y árboles, el humo que acapara por momentos la pantalla, el ruido de los motores, el trazado de los circuitos, la texturización, todo, absolutamente todo está diseñado para transmitir esa sensación que provoca un acuciante sol.

Dejando de lado las polémicas suscitadas por GameTrailers hace un tiempo, lo cierto es que nos encontramos ante un juego totalmente arcade, que si bien hace alguna concesión al mundo del simulador, jamás pierde de vista esa jugabilidad propia de los que sólo buscan divertir desde el primer momento.

Así que los amigos de la conducción agresiva, los derrapes imposibles y los motores destrozados, tienen en ‘Race Driver Grid’ a un buen aliado.

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Gráficos.

A todos nos tiene que quedar claro que no estamos ante un ‘Gran Turismo’ y que la potencia visual del título no representa la sublimación de la potencia de una generación nueva de consolas, pero oye, cumple sobradamente.

El modelado de los coches es, a priori, bueno. Los destrozos que sufren al chocar están muy bien conseguidos y algunos efectos de partículas rayan a un gran nivel.

Y hablando de efectos de partículas, no puedo no resaltar la excelente representación del humo que se ha llevado a cabo. Como decía antes no se trata de buscar el realismo sino de potenciarlo, y cuando, al derrapar, nos envolvemos en una espesa nube de humo volumétrica que, por momentos, llega a tapar la pantalla entera, entendemos esa afirmación.

Es exagerado, pero ayuda a crear un estilo propio.

Las deformaciones de los coches también merecen un punto y a parte. Quizá podríamos haber esperado algo mucho más espectacular, decenas de cristales volando o carrocerías que se destrozaran de una manera orgánica (semejante a las de ‘GTA IV’ o al sublime ‘Burnout Paradise’) pero no, por momentos da la sensación de que los coches tienen unos estados predefinidos, y que pese a que algunas piezas son móviles y por tanto pueden salir volando, van avanzando de uno a otro. Del estado “coche nuevo” al “coche hecho una porquería” e interpolando a todos los hermanos intermedios.

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Aunque de nuevo, es mi obligación decir, que pese a que da esa sensación el conjunto global es bueno. Sí que nos da la impresión de controlar un aparato que puede reventarse en pedazos contra una pared si nos da la gana, o si nuestra pericia al volante equivale a la que tiene Hamilton un día de resaca.

Los escenarios son detallados y espectaculares, desde el Jarama, hasta las calles de San Francisco, y aunque puede que no alcancen el realismo del que hacen gala otros títulos, no se puede negar que están bien trabajados y se han cuidado al máximo algunos detalles.

Aunque dentro de esos detalles no entra el público. Esos muñequitos que si bien se comportan como un autómata real (saludan, animan, etc…) e incluso cuando parece que vamos a chocar contra ellos se asustan y gritan despavoridos, no han tenido tan buena suerte al ser representados. De hecho sus modelados son tan pobres que recuerdan a un mal título de PSX, aunque la verdad sea dicha, cuando circulamos a 150 Mph, la poligonación del público se puede ir al pairo.

Y ahora el punto fuerte. Algo que a muchos desagrada y, a otros como a mí, nos ha parecido lo mejor del título. Avisados quedáis de que esto va a gustos. La atmósfera, hablo de la atmósfera. Cuando al principio decía que el juego emanaba calor me refería a ella.

No he visto en muchos títulos de coches un uso tan efectivo y resultón de las luces. Y aunque el efecto de Hdri o Glow es demasiado alto y llega a veces a molestar, en mi opinión, ayuda a crear un estilo propio de juego, un sello. De alguna manera, cuando hablan de ‘RaceDriver Grid’, lo primero que te viene a la cabeza es el Glow, ese cielo al que no se puede mirar directamente o el asfalto ardiendo. Sería demencial pensar que algo tan exagerado como está en este juego no ha sido un acto premeditado. Tendrá detractores, seguramente, pero no se puede negar que al menos le confiere un carácter de distinción sobre la competencia.

Sonido.

Un juego que viene completamente doblado al castellano siempre se agradece. Y además puntúa doble en este aspecto, puesto que no cuenta con una mala interpretación, todo lo contrario. Desde nuestro mánager, hasta el copiloto, ambos parecen contener algún tipo de sentimiento y eso, acostumbrados a los doblajes que a veces nos “regalan”, es decir mucho.

Es curioso cuando desde el primer menú, la máquina te pregunta por tu nombre y te hace elegir entre una montaña de locuciones para luego poder dirigirse a ti de una manera personalizada.

Una vez en carrera, tu copiloto y amigo de peripecias, no dudará en exclamarte cosas como: – ¡Daniel (en mi caso), aminora, aminora si no quieres chocar! -, un detalle simpático que ayuda a humanizar un poco el trato de las ayudas sonoras.

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Las músicas son piezas estándar que aunque no llaman demasiado la atención, y precisamente por eso, acompañan correctamente el traspaso entre menús.

Respecto a los choques, derrapes, cristales rotos y frenazos, como imagináis rallan a una gran altura.

Jugabilidad.

Tratándose de un juego arcade como éste, la jugabilidad es la adecuada. No esperéis una física realista cien por cien, no esperéis sentir el peso del coche en las curvas o el agarre de una mejor o peor rueda. Aquí se ha venido a sudar sangre y esas tonterías no importan.
Si es cierto que a medida que el juego avanza podemos ir mejorando nuestro coche, pero en ningún momento llega a representar un verdadero handicap en la jugabilidad.

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Es interesante resaltar el sistema de daños y colisiones que se ha implementado en el juego. Las diferentes colisiones que vayamos sufriendo en la carrera afectaran de una u otra manera al coche. Mediante un esquema podremos ver los puntos afectados y como éstos afectan al control. Por ejemplo, si las ruedas se han visto seriamente dañadas, no sería raro que el coche siguiera una tendencia muy fuerte a irse a alguno de los lados. El resultado, una complicación más de cara al jugador, que al mismo tiempo añade un plus de dificultad y entretenimiento.

No podemos pasar por el aspecto jugable sin incidir en otra de las novedades del título. El sistema de repetición en medio de la partida. Cada vez que descuajaringuemos el coche contra algo, se nos dará la oportunidad de volver atrás en la carrera y elegir el punto desde donde queremos volver a intentarlo. Y es que para que os hagáis una idea mejor, imaginad que estos coches en lugar de gasolina se mueven gracias a las arenas del tiempo. Tal cual.

Resumiendo, un buen título de carreras arcade que promete adrenalina y diversión a los fans del género. Quizá se hecha de menos mucha mayor libertad e interacción con los escenarios, sobretodo si comparamos con colosos como ‘Burnout Paradise’, pero estoy seguro de que los amantes de la conducción salvaje y sencilla sabrán hacerle hueco en sus estanterías.

Recomendado para los que se están sacando el carnet de conducir justo ahora, antes de verano. Lástima que la realidad no sea así.

No recomendado a los fans del mundo del motor. Esa gente capaz de saber los caballos de potencia y la aleación de las llantas del primer modelo que desarrolló Skoda, no se encontrará reflejada en lo que propone ‘RaceDriver: Grid’.

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