Cuatro horas en Death's Door son más que suficientes para convertirse en uno de mis juegos más esperados
Análisis

Cuatro horas en Death's Door son más que suficientes para convertirse en uno de mis juegos más esperados

Tal y como ocurrió con Phantom Abyss hace unos días, entro en Death’s Door con más pereza de la que el juego merece. Quedé encantando con Titan’s Souls -del mismo estudio- y sería un sacrilegio no reseñar la buenísima pinta que se gasta en lo visual, pero la idea de otro action RPG se me hacía un poco cuesta arriba.

El miedo a escenarios densos y laberínticos, el temor a la incesante chapa críptica de personajes que hablan sin decir nada, el vete de aquí para allá y vuelve otra vez al punto inicial que tan pocos juegos saben aprovechar a su favor… Afortunadamente la curiosidad ha podido más que la pereza y, ahora que he llegado al muro de la demo, estoy deseando poder continuar.

Una aventura a lo Ghibli

Con un aspecto que inevitablemente recuerda a Ghibli por culpa de algunos de sus personajes, Death’s Door nos invita a adentrarnos en la historia de un cuervo shinigami cuyo trabajo es segar las almas que le encargan sus jefes. Un trabajo para el que está sobradamente preparado pero que conlleva un riesgo: debe actuar rápido porque mientras ese alma ande suelta perderá su inmortalidad e irá envejeciendo poco a poco.

Como es de esperar ante tan retorcida propuesta, el alma acabará perdida y deberá hacer lo posible para recuperarla, lo que nos llevará de bosques a ciudades en ruinas, pasando por la mansión de una bruja o la fábrica que está en su sótano donde convierte a la gente en objetos de alfarería.

Death's Door

Afortunadamente para el entusiasmo de quien escribe estas líneas, todo lo relacionado con su historia suele ser tan breve y relevante como entretenido y conciso. El juego va constantemente al grano y no está para tonterías con la intención de hacerte perder el tiempo a base de comentarios vacíos y crípticos.

Combates de lo más entretenidos

La buena gente de Acid Nerve se queda aquí con las mecánicas básicas de su anterior juego, pero cambian por completo el planteamiento al sustituir el boss rush por un mundo mucho más grande y nutrido de enemigos. En la variedad está el gusto, dicen, y en poco más de dos horas he contado ya cerca de siete escenarios distintos.

Como si de una aventura a lo Zelda se tratase, Death’s Door nos hace ir de aquí para allá completando puzles y aniquilando enemigos a espadazos, pero dando un mayor peso al combate aprovechando las esquivas y frenetismo en los combates que muchos recordábamos de Titan’s Souls.

Death's Door

La posibilidad de cambiar de arma para ofrecer distintos estilos de combate -de la potencia de la espada a la agilidad y el mayor combo de las dagas- se suma al uso de ataques a distancia como flechas o magias que, además, podremos mejorar a base de gastar las almas cosechadas y cumplir ciertos objetivos secundarios.

Una oda a la exploración

Puede que eso último, apoyado por el énfasis en la exploración que ofrece el juego, haya sido la sorpresa más agradable que he tenido durante la demo. Escudriñar un área que parecía más que revisitada acabó derivando en una lucha contra un jefe que, una vez superado, me permitió mejorar mi ataque de fuego tras una dulce victoria.

El miedo a cruzarme con un laberinto de salas clónicas plagadas de escaleras y viajes insulsos era el principal escollo que me alejaba de Death’s Door, pero lo cierto es que cogerle el pulso a su navegación es relativamente fácil y, aunque ese rollete laberíntico está innegablemente en alguno de sus puntos de interés, su mundo es mucho más coherente y entretenido de lo que mis mayores miedos esperaban.

Death's Door

Hay pocos momentos más especiales que entrar de culo a un juego y salir de él con ganas de más. Death’s Door es entrañable, bonito y muy divertido, pero todos los secretos a los que no he podido acceder por culpa de estar ante una demo limitada son, al menos por ahora, lo que más me va a arrastrar hacia él cuando aterrice en Steam el próximo 20 de julio.

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