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Immortals Fenyx Rising cambia los dioses griegos por los chinos en una aventura con más novedades y horas de las que esperaba
Análisis

Immortals Fenyx Rising cambia los dioses griegos por los chinos en una aventura con más novedades y horas de las que esperaba

Ya era algo muy a tener en cuenta desde hace años, pero Ubisoft vuelve a demostrar que la idea de no dejar a nadie atrás puede tener grandes resultados. Con Immortals Fenyx Rising, un juego que por el mero hecho de ser un mundo abierto podría haber dado carpetazo a su historia y dejar el 100% para quienes quisieran ir más allá, lo han demostrado con creces.

La intención de hacer que la vida de sus juegos lleguen más allá de la semana de lanzamiento vuelve a materializarse con Mitos del Reino del Este, el nuevo DLC de Immortals Fenyx Rising que nos traslada a un nuevo escenario con otra historia, personajes, mecánicas y retos.

Una excusa más para seguir jugando

En mi cabeza, Mitos del Reino del Este apuntaba a ser un contenido mucho más pequeño. Una idea rota por una historia lo suficientemente escueta para ser completada en una tarde, pero con un endgame igual de adictivo que en la campaña original.

Con una cultura del reaprovechamiento que hace tremendamente fácil reconocer patrones de ataque y estética de enemigos, en cualquier otro juego esto podría sonar como algo negativo, pero sorprendentemente no acabas con ese sabor de boca.

Lo cierto es que ideas como esta resultan ser una lección de cómo alargar la vida del juego sin necesidad de invertir una barbaridad en un nuevo desarrollo o, peor aún para nosotros, recortar contenidos que te vendan o regalen a posteriori.

Si bien es cierto que tienes una campaña corta, un mapa que podría considerarse un cuarto del visto en la historia principal, y un personaje con idénticas habilidades salvo por un par de novedades que amplifican dos de los poderes, la mera idea de volver a disfrutar del juego con una estética y mitología distinta sabe a regalo.

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Más novedades de las que esperaba

Cambiando los dioses griegos por los chinos, Mitos del Reino del Este es la otra cara de la estrategia DLC de Immortals Fenyx Rising.

Si en Un Nuevo Dios la cosa se centraba en las salas con puzles de físicas y pruebas de velocidad, en este esa vertiente se deja de lado para centrarlo todo en la exploración del escenario, el resolver puzles escondidos por el mundo y seguir adelante la campaña desvelando nuevas zonas del mapa.

Algo así como un Immortals Fenyx Rising de bolsillo que encantará a quienes disfrutasen subiendo hasta lo más alto de una montaña para intentar adivinar qué cueva guarda el siguiente set de armaduras. Una fantástica forma de seguir explotando la rama más aventurera del juego.

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Con algunos añadidos en forma de nuevas mecánicas como un tipo de puzle en el que dar vuelta a paneles a base de tiros con la flecha, nubes que te teletransportan hasta chocar con una pared y desaparecer, y puzles basados en viento, lo cierto es que lo único malo que podría echarle en cara a Mitos del Reino del Este es no haber profundizado más en la mitología china.

Su historia, su peor cara

Los secundarios son los justos y, aunque las cinemáticas y esquema de la historia sigue siendo el mismo, se echa en falta algo más de chicha y, sobre todo, el retorno de ese ácido sentido del humor del que hacía gala la aventura principal.

Se palpa cierta intención de ser respetuoso con esa cultura, pero no era el juego para centrarse en eso. No después de reírte en la cara del absurdo que rodea a religiones antiguas y nuevas durante un buen puñado de horas.

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O me haces interesarme por esos dioses o me invitas a reírme de/con ellos, pero caer en una historia plana queda lejos de ser lo ideal. Sólo algunos de los jefes finales, por lo espectacular de sus diseños, han sido capaces de impresionarme e invitarme a rebuscar en internet para intentar saber más sobre ellos.

En cualquier caso las sensaciones son las que comentábamos antes. Buenas, pero no fascinantes, derivando en un más pero no mejor que, francamente, tampoco está nada mal para un juego en el que ya llevo invertidas decenas de horas.

Digamos que en un banquete a nadie le extrañará que puedas pedir otro plato. La cuestión es que aquí no lo haces porque te hayas quedado con hambre, sino porque está tan rico que no ves el momento de parar de comer.

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