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Sonic en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020: las olimpiadas de bolsillo de SEGA se viven en clave de minijuegos
Análisis

Sonic en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020: las olimpiadas de bolsillo de SEGA se viven en clave de minijuegos

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Los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 se nos habrán ido al próximo año, pero el abanderado de SEGA es imparable: tras el tradicional crossover olímpico con Mario en los sistemas de Nintendo, Sonic y sus amigos han comenzado a celebrar el mayor evento deportivo internacional en móviles. Una fiesta del deporte a la que está todo el mundo invitado. Al menos, durante los primeros compases de la experiencia.

Si bien Mario y Sonic en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 es un título de corte familiar cargado de pequeñas experiencias jugables para Switch, el equivalente de iOS, Android y dispositivos de Amazon como el Fire TV Stick retiene la premisa, la mitad de los personajes (los de SEGA, claro) y buena parte de los eventos, transformando cada competición en un minijuego que podremos abordar haciendo uso de la pantalla táctil.

SEGA recupera buena parte de la fórmula que vimos en la edición para Nintendo 3DS de Mario y Sonic en los Juegos Olímpicos de Rio aportando cierto contexto argumental a la experiencia y, a su vez, retoma el legado del Sonic at the Olympic Games de 2008. Eso sí, pese a que la descarga de la app es gratuita, para disfrutar del espectáculo completo será necesario hacer compras dentro del juego.

Las Olimpiadas en clave de minijuegos

No es ningún secreto que Sonic en los Juegos Olímpicos: Tokio 2020 busca abordar -o, al menos ofrecer- una experiencia basada en la que SEGA creó para Switch adaptando cada deporte a lo que puede hacerse con una pantalla táctil. Algo que afecta de manera directa al diseño de las pruebas y a cómo las disfrutaremos, aunque visualmente no se separa demasiado de los modelos de consola.

Ahora bien, cuando hablamos de la manera de celebrar el evento nos referimos todo lo relacionado con las olimpiadas: Sonic, Tails y compañía serán turistas en Japón y descubrirán al jugador a lo largo de una trama simplísima los lugares más emblemáticos de la capital del país del sol naciente.

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Y, en un mismo movimiento, protegerlos de los planes de Eggman resolviendo sus diferencias a base de competiciones deportivas.

El plan del Dr. Eggman y sus secuaces es de manual: ha tomado la ciudad y se dispone a sabotear los Juegos Olímpicos. Sin embargo, también es una manera tan válida como cualquier otra de ir desbloqueando nuevos eventos deportivos y, a su vez, los eventos EX, unas variaciones de los mismos en las que se introducen variantes, cambios y elementos todavía más arcade al conjunto.

Por delante, 15 eventos deportivos en clave de minijuego que resolveremos a base de tapear la pantalla en el momento preciso, arrastrar el dedo en la dirección adecuada o presionando botones virtuales colocados en pantalla según el tipo de disciplina.

Y pese a que las primeras pruebas son terriblemente sencillas, lo suficiente para llevarnos todas las medallas de oro de la primera de las cinco zonas del juego, no tardaremos en notar cómo poco a poco vamos quedándonos más rezagados frente a los demás. Afianzándose cada vez más el delicado equilibrio entre lo sencillo, lo entretenido y lo desafiante.

En lo relativo a nuestros progresos, la historia que se nos pone por delante también incluye desafíos con Jefes Finales que deberemos superar en tiempo o puntuación para poder avanzar, así como una serie de minijuegos extra que le terminan de dar un punto de variedad al conjunto. Algunos de éstos inspirados en otras experiencias como Sonic Jump y otros en calidad de juegos de memoria.

La disposición a la hora de elegir deporte o continuar con la trama tiene margen de mejora, desde luego: cada una de las cinco zonas principales del juego está basada en una localización de Tokio, obligándonos a hacer el recorrido completo para acceder a todos los eventos. Y si bien existen atajos con lo que podemos ir a un evento y una dificultad en concreto, la realidad es que se podía haber organizado todo mejor.

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La experiencia multijugador, por otro lado, queda relevada a los desafíos: una vez completado un evento podremos retar a nuestros contactos o una lista de jugadores de todo el mundo. Enviar desafíos o aceptarlos es parte del encanto, claro, siendo una suerte de competición asíncrona. Lo cual no evita que echemos de menos la sensaciones de competir en tiempo real.

Sin embargo, la verdadera barrera del juego no es ni la dificultad ni cómo está enfocada su sistema competitivo con otros jugadores, sino el punto en el que el juego te propone que compres la experiencia completa.

Para disfrutar de todo el espectáculo es necesario pagar la entrada

Los 220 MB Megas que pide la aplicación de Sonic en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 en iOS (y 90 de Google Play) son solo una descarga inicial cuyo propósito es comprobar que el juego funciona correctamente en tu dispositivo y aprobar permisos, licencias y notificaciones: tras la primera carrera, SEGA nos invita a bajar más de 600 Megas más con el juego completo. La mala noticia es que eso tampoco nos asegurará disfrutar de todo lo que ofrece.

Como ocurrió con Super Mario Run, la realidad de Sonic en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 es que se ofrece una experiencia Free-to-Start, con lo que tras una decena de pruebas será necesario adquirir las siguientes fases a través de pases o, directamente, un único lote que te da acceso a las cinco zonas de juego. La sensación final es que estás ante una suerte de demo y el precio para el juego completo rebajado equivale -apróximadamente- a un mes de suscripción de Apple Arcade.

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Con todo, se trata de un único pago, aunque ahí no acaban los contenidos extra que podremos adquirir: SEGA nos ofrece lotes de pago con temas musicales o ventajas añadidas una vez hayamos avanzado lo suficiente. Lógicamente, en este caso se trata de elementos totalmente accesorios.

Por otro lado, el adquirir el Pase de acceso total a todas las zonas de juego no implica que vayas a tener a mano a todos los personajes o las disciplinas y variantes deportivas: en mi caso recibí a Metal Sonic una vez entré en la segunda zona y sólo es posible usarlo en determinados eventos. Por otro lado, y siendo justos, el pase de acceso total que adquirí también incluye cinco pases de demostración premium que puedo repartir libremente.

Así, nos encontramos con una propuesta de juego en la que antes de poder jugar al Tenis de Mesa con Amy Rose (por ejemplo) tendrás que pagar y dar toda una serie de rodeos. Lo cual no quita ni ensombrece que sus diseños de fase, su nivel de progresión de dificultad o la manera de plasmar la variedad de cada disciplina olímpica están razonablemente bien planteados.

Un pasatiempo liviano que, por una u otra cosa, acaba reclamando tus ratos libres

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Enterarme de que había contenidos extra no incluidos en el Pase de acceso total una vez efectuada la compra no fue la mejor manera de empezar las olimpiadas que me propuso SEGA, pero lo cierto es que en algo más de dos tardes que llevo con el juego puedo decir que, en mi caso, he amortizado de algún modo esos cinco euros: entre rato y rato he ido desbloqueando cosas, avanzando en la historia e intentando mantenerme en lo alto del podio en cada desafío.

Soy consciente de que, como pasa con todos los juegos de móviles, sean de un único pago o free-to-play- el desafío real reside en superar la barrera de continuar jugando tres días seguidos. Hearthstone sigue ahí, Mario Kart Tour lo consiguió, Super Mario Run también y, visto lo visto, Sonic en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 seguirá estando instalado en mi dispositivo los próximos días. Al menos, hasta que consiga tener a mano todo lo que  ofrece la experiencia completa.

Los minijuegos que propone SEGA no son como los de los party games: se nos desafía a obtener el oro frente a los personajes del universo Sonic y, a su vez, batirnos de manera asíncrona con otros jugadores. Puede que me equivoque, pero salvo que haya planes para meter nuevos contenidos de manera escalonada a medio y largo plazo, para cuando se celebren las Olimpiadas de Tokio es muy probable que ya no lo tenga instalado.

Sonic en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 no consigue igualar el factor adictivo de experiencias como Brawl Stars o Clash Royale, pero entretiene y se palpa que hay el trabajo que hay detrás. Lo suficiente como para que SEGA vuelva a hacerme pagar por un nuevo juego de Sonic, a sabiendas que no será el último.

Hasta entonces, y mientras me siga divirtiendo, pienso dejar marcas y puntuaciones altas en los rankings y tablas de clasificación del juego. Y, ¿quién sabe? Igual hasta logro un récord mundial. El Kárate al estilo SEGA nunca se me ha dado mal.

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