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Amputada, condecorada y mortífera: Virginia Hall, la espía en la que se inspira Battlefield V
Cultura

Amputada, condecorada y mortífera: Virginia Hall, la espía en la que se inspira Battlefield V

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Antes incluso de que el movimiento #NotMyBattlefield empezase a coger fuerza, el anuncio de ‘Battlefield V’ nos invitó a buscar información sobre las historias que podrían haber inspirado la creación de sus personajes. No por buscar justificaciones innecesarias, ojo, por el simple hecho de que si en realidad hubo una mujer amputada pegando mochetazos en primera línea de fuego, es un dato alucinante que merece la pena conocer.

Y resulta que sí, que de entre todas las mujeres que actuaron como soporte y se vieron las caras con el enemigo, ya sea como soldados o como miembros de la resistencia, hay un nombre que casa bastante con la idea que propone ‘Battlefield V’. Tenía un miembro amputado, acabó con 150 soldados alemanes, capturó otros 300 y hasta se las apañó para destruir cuatro puentes. Esta es la historia de Virginia Hall.

La pesadilla de la Gestapo

Nacida en 1906, la vida de Virginia Hall fue casi 30 años viento en popa. Se licenció en Estados Unidos, pudo continuar estudiando en Europa y el haber aprendido alemán y francés le ayudó a trabajar en distintos consulados de su país. Lamentablemente, a los 27 años un accidente cazando provocó que tuviese una bala en su pierna más tiempo del humanamente soportado, lo que derivó en gangrena y la posterior amputación de su pierna izquierda por debajo de la rótula.

Cuthbert -así es como llamó a su pierna prostética- fue un impedimento para continuar su carrera, así que decidió dar un giro para intentar colaborar contra el fascismo que se estaba apoderando de Europa. Lo hizo desde París, donde se alistó en el cuerpo de ambulancias francesas con la intención de ayudar a conducir camiones de heridos o asistir a los mismos en las trincheras.

Su nuevo trabajo no le duró mucho y, con la ocupación de Francia, se vio obligada a huir a Londres, donde ayudó a crear la Dirección de Operaciones Especiales, una agencia de espías que llegó a tener unos 13.000 agentes, de los cuales cerca de 3.200 eran mujeres. Hall decidió que sería más útil en territorio enemigo, así que viajó hasta Lyon para trabajar bajo la tapadera de ser una reportera del New York Times.

Allí consiguió ser de gran valía saboteando operaciones alemanas, ayudando a escapar a soldados e informando sobre la situación a Londres. La Dama Coja, como le llamaban los nazis, se estaba convirtiendo en un auténtico dolor de cabeza, así que cuando las pancartas con su cara empezaron a aparecer, la tapadera se vino abajo y tocó escapar. ¿Dónde? A España. Saltando de un tren mucho antes de llegar a su destino y recorriendo 50 kilómetros de los Pirineos hasta superar la frontera.

Precisamente durante ese trayecto, Hall contactó con la oficina de Londres para reportar sobre su situación y paradero. En el mensaje aseguraba que la Gestapo la tenía casi acorralada y que escapar de las balas nazis estaba siendo muy difícil por culpa de Cuthbert. Sin ser conscientes de que Cuthbert era su pierna prostética, enviaron a Hall el siguiente mensaje: “Si Cuthbert te está dando problemas, elimínalo.

La Cruz por Servicio Distinguido

Hall consigue llegar a España y acaba en la cárcel por no tener papeles. Allí pasa seis semanas hasta que la agencia consigue negociar su liberación y se le asigna que se quede en el país para intentar ayudar desde allí. Pero claro, a estas alturas a Hall la acción de la posguerra española no acaba de llenarle y, ya que se tiene que jugar el cuello, prefiere hacerlo donde a ella le venga en gana.

Virginia1

Vuelve a Londres para seguir entrenándose, esta vez en materia de comunicaciones, y se le transfiere a la Oficina de Servicios Estratégicos -lo que después se convertiría en la CIA-. Allí, pese a ser una de las personas más buscadas por la Gestapo, decide que es hora de volver a Francia para preparar a la Resistencia y organizar los preparativos para el Día D.

Allí monta pisos francos, coordina la entrega de suministros, rescata a pilotos aliados e incluso se encarga de entrenar a tres batallones de la resistencia con los que sembrará el caos en la Francia ocupada. A ella y su equipo se le atribuyen la destrucción de cuatro puentes, haber cortado numerosas líneas de tren, haber hecho descarrilar una docena de ellos, la muerte de 150 soldados alemanes y la captura de otros 300 soldados enemigos.

Suficiente para que, tras terminar la guerra, se le conceda la Cruz por Servicio Distinguido, la segunda medalla más alta tras la Medalla de Honor. El director de la CIA quiere hacerlo, además, por todo lo alto y con una gran ceremonia, pero asustada de que eso pueda suponer el final de su carrera como espía, decide aceptarla en privado.

Tras ello seguiría trabajando como agente de inteligencia, negándose a aceptar más de una docena de condecoraciones para no poner en peligro su carrera y, finalmente, retirándose tras 30 años de servicio y haberse convertido en la espía norteamericana con la condecoración más alta de la historia.

Menos religiones intocables y más videojuegos

Resulta que, al final, en busca de ese pseudo realismo del que parece haberse vanagloriado siempre ‘Battlefield’ -una maniobra publicitaria que en esencia poco tiene que ver con lo que consideraríamos un simulador de tiros fidedigno-, también puede encerrar sorpresas incluso en las situaciones más inverosímiles.

Lo es desde el filtro que a EA y DICE conviene, claro, de la misma forma que las representaciones de sus mapas históricos son libres. Pero también de la mano de lo que la ficción nos ha hecho creer como auténtico, idealizando la idea de la guerra y deformando la cruda realidad del conflicto hasta el punto de hacernos olvidar eventos importantes mientras que otros se repiten una vez tras otra.

Importante destacar también que, más allá de los gustos particulares de cada uno, con ‘Battlefield V’ apuntan a intentar abrazar un público más amplio, y eso -sí o sí- significa abrirse, ya sea acercándose a otro tipo de historias o modificando su paleta de colores. No es tirar por la borda unos supuestos esquemas que para algunos parecen estar grabados en piedra, es utilizar la magia del marketing para adaptarse a lo que demandan las nuevas generaciones.

Si es para contar historias memorables como la de Virginia Hall, aunque de por medio existan mil licencias propias destinadas a hacer de la experiencia algo más espectacular, bienvenidos sean todos los cambios que consideren oportunos.

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