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Por qué la SNES fue (y sigue siendo) para muchos la mejor consola de Nintendo
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Por qué la SNES fue (y sigue siendo) para muchos la mejor consola de Nintendo

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Con la llegada de la SNES mini, a todos los que formamos el equipo de VidaExtra nos han invadido una serie de recuerdos que hemos decidido compartir con vosotros. Son todos estos fragmentos los que, al final, pueden dar entender por qué la SNES fue, y sigue siendo para muchos, la mejor consola de Nintendo.

R. Márquez

Mi historia con la SNES es probablemente la más controvertida de todas las que leeréis aquí. La mía no es una historia de amor, es una historia de odio. Por aquella época mis escarceos con Nintendo se limitaban a algunas partidas a la NES de mi tío y una Game Boy que provocó varios castigos por culpa de ‘Super Mario Land’ (ahí vinieron las primeras excusas de “es que ahora no lo puedo dejar porque he llegado a X”). Pero para entonces mi corazón ya se había hecho seguero.

Con una Megadrive en casa, las discusiones en el patio del colegio sobre qué consola era mejor estaban a la orden del día. Puede que ahora todo aquello parezca estúpido, pero a aquella edad no teníamos ni fútbol ni políticia, así que de algo había que discutir.

La mala suerte quiso que la riña se intentase solucionar comparando dos juegos que estaban en ambas consolas: ‘Aladdin’, y es evidente qué consola ganó aquella batalla. Yo me fui feliz a casa sabiendo que mi consola era la mejor, pero ojalá hubiese habido hueco para otros juegos que equilibrasen la balanza y me dejasen ver un poco más allá.

Pasaron los años y fui estrellándome con los distintos descalabros de Sega, primero con Saturn y luego con Dreamcast, así que no me quedó otra que rendirme a la PlayStation de Sony. Sin embargo la suerte quiso que entre mi grupo de amigos se organizase un cumpleaños en el apartamento de verano de uno de ellos. Fiesta, alcohol, discoteca de playa plagada de guiris y la promesa de montarla pardísima cuando llegásemos de madrugada a la casa.

Al final no hubo guiris en la ecuación, sólo las amigas que venían con nosotros, así que la farra en casa acabó convirtiéndose en un torneo de videojuegos con un toque de ebriedad. ¿Las plataformas? Una Nintendo 64 y una SNES, cada una con varios juegos entre los que iríamos saltando.

Fue entonces cuando descubrí ‘Super Mario Kart’, ‘GoldenEye’, ‘Tetris & Dr. Mario’, ‘Mario Tennis’... Quedé tan prendado de aquello que, tras un trabajo de verano que tenía como objetivo ahorrar para conseguir una PSP, lo que acabé comprando fue una Nintendo GameCube, de oferta con 'Mario Kart Double Dash', y una SNES dejada de la mano de Satán en un Cash Converters. Aquella noche mi corazón se pasó al otro bando, y desde entonces no ha vuelto a cambiar.

Jarkendia

280917 Snesjarken

Siempre quise tener una Super Nintendo, pero por aquel entonces, al ser todavía un niño, no me podía permitir lo que quisiese y al final me tuve que decantar por la Mega Drive de SEGA. Y tampoco me arrepiento, que conste. Porque ambas consolas de 16 bits eran una maravilla. Pero siempre vi con mejores ojos al Cerebro de la Bestia, y buena parte de la culpa la tenía su envidiable catálogo de RPG nipones, donde guardo un gran recuerdo del 'Illusion of Time'.

Junto con 'The Legend of Zelda: A Link to the Past', fue una de las primeras aventuras que pude degustar en su plenitud gracias a la Super Nintendo que me dejó mi buen amigo Jorge, y donde tampoco faltaron el bueno de Mario con su 'Super Mario World' y muchas más joyas incluidas ahora en la Mini SNES.

Además, tal y como había hecho SEGA en 1994 con 'Soleil' y 'The Story of Thor', la obra de Quintet fue la primera en su género de la SNES en venir en castellano, lo que propició que nuestro territorio se fuese teniendo más en cuenta.

Hoy podré cumplir ese sueño, por fin, de comprar una Super Nintendo, mi consola favorita de la Gran N junto con mi añorada (y que aún conservo) GameCube. Y aunque haya completado el grueso de su catálogo de exclusivos (desde aquí me gustaría reivindicar el 'Soul Blazer', padre del citado 'Illusion of Time', precursor, a su vez, de 'Terranigma'), sé que volveré a sentir ese "poder", esa magia, al tener su mando de nuevo entre mis manos. SEGA, ¿para cuándo tu Mega Drive Mini? Que ahora me arrepiento de haber vendido casi todo su catálogo de juegos...

Alex CD

‘Super Mario Kart’. Si hay un juego al que recuerdo haber echado horas y horas con la SNES, ese es ‘Super Mario Kart’. La culpa, en el mejor sentido de la palabra, la tiene un primo mío seis años menor que yo al que, por aquel entonces, estuve haciendo compañía durante unos meses. Iba todas las tardes, merendábamos lo que nos dejaba preparado mi tía (recuerdo unos deliciosos bocatas de jamón de york con tomate y un Cola Cao), y nos poníamos a los mandos de su SNES.

Jugábamos, principalmente, al divertidísimo modo batalla de globos. Vaya partidazas. Yo, además, tenía mi propia SNES en casa, claro. Y en ese caso creo que, a parte del ‘Super Mario Kart’, mis principales obsesiones fueron el ‘Super Castlevania IV’ y el ‘Street Fighter II’. Maldita sea: había gastado monedas en la recreativa del título de Capcom como para asfaltar una calle, ¿cómo no iba a desgastar el cartucho de aquel juego echándole horas y más horas en mi consola? Probablemente no tantas como mi memoria me quiere hacer creer, porque imagino que algo de tiempo le dedicaría a hacer los deberes, a salir con los amigos y demás, pero creo que ya me entendéis.

Hace unos días, sin motivo aparente (es probable que mi subconsciente estuviera jugueteando con la llegada de la SNES mini), me desperté con esta melodía en mi cabeza:

‘Super Castlevania IV’, otro de mis juegos de cabecera en mi SNES, se colaba por las grietas de mi mente para convertirse en una suerte de mágico despertador gracias a este maravilloso tema. Todavía recuerdo la sensación de alucine que tuve en su momento cuando llegué a ese nivel del juego en el que las paredes rotaban de fondo. En el minuto 3:08 de este vídeo podéis ver esto:

Me dejó con el culo torcido, qué queréis que os diga.

Y no he hablado de las llamadas “noches de vicio eterno”. La idea me la vendió un amigo (ey, Pablo) y no dudé en comprársela. Básicamente consistía en quedar por la noche en casa de alguno, enchufar el ‘Street Fighter II’ (o cualquier otro, pero lo recuerdo especialmente con ese juego), y no parar de jugar hasta que se hiciera de día.

SNES mini, ven a mí.

Frankie MB

La manera con la que vivimos mis compañeros de clase y yo la llegada de la Super Nintendo no se me olvidará jamás. Se podría decir que, como consumidores voraces de las revistas de videojuegos, aquel fue el primer GRAN lanzamiento y repasamos cada artículo, anuncio y comparativa hasta la saciedad. Y qué gran campaña montó ERBE: ¡El Cerebro de la Bestia la llamaron!

Mención aparte era su catálogo de salida: pese a que llegaría un 'Super Mario World' esencial que dejaría en pañales un 'Super Mario Bros. 3' al que le habíamos dedicado una ingente cantidad de horas, aquélla revolucionaria promesa de 16 bits reforzaba su lanzamiento con 'Super Tennis' y una nueva y revolucionaria apuesta de conducción llamada 'F-Zero' que rompía la baraja en el género de la conducción gracias al Modo 7.

Sin embargo, el mayor incentivo fue una conversión -que en su momento consideramos perfecta- de 'Street Fighter II'. Un juego que para nosotros era la perdición más absoluta. Pero el combo nintendero iba acumulando hits a una velocidad de vértigo: 'TMNT: Turtles in Time', 'Super Ghouls 'n Ghosts', 'Sunset Riders', un 'Super Mario All Stars' que nos pilló por sorpresa y, más adelante, juegos basados en 'Dragon Ball Z' y 'Star Wars'. ¡Qué locura!

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Paradojas del destino, la casualidad quiso que, pese a que muchos de mis compañeros de curso consiguieran su Super Pack - aquel combo de 'Super Mario World' y 'Street Fighter II' era una oferta jugosísima- acabáramos con una Mega Drive que nos regaló muchos de los mejores momentos al mando de una consola -qué alegría cuando se anunció el 'Dragon Ball Z: L'appel du Destin' o 'Street Fighter II: Champion Edition- e incontables tardes de entretenimiento.

Sin embargo, mi primer gran contacto, más allá de las partidas ocasionales, con la Super Nintendo no sería con nuestro elegante modelo PAL, sino con aquélla versión americana a la que no tardé en cogerle un cariño especial: durante las vacaciones de verano nos fuimos a Chile y mis primos mayores ya tenían un catálogo de juegos atronador en el que destacaban, además de varios de los juegos imprescindibles, un 'Lethal Weapon 3' o el revolucionario 'NCAA Basketball'. ¡Pero los maratones de Street Fighter que pasabamos en familia eran gloriosos!

Años después, con el repentino auge de las tiendas de segunda mano y algo de dinero ahorrado, conseguimos sacarnos la espinita de la Super Nintendo. Estamos hablando de los tiempos de las consolas de 128 bits, pero había otras máquinas a las que prestar atención, y también intentaba sacar adelante mis estudios universitarios -una vida que reclamaba lo poquito que ganaba-. Pero tener una Super Nintendo era mucho más que un capricho, era una deuda pendiente con aquel niño que tenía dentro.

La Super Nintendo recibió un catálogo espectacular y fue una de las consolas más versátiles y sorprendentes de la Gran N, marcando momentos cruciales en la industria: la Guerra entre Nintendo y SEGA dejó como ganadores absolutos a los jugadores, el auge de los titanes de la industria y las grandes sagas, la apuesta por géneros imposibles de ver hasta entonces... Es más, ya no solo se cuidaba el propio concepto del juego, los desarrolladores tenían herramientas para mimar su apartado visual y los usuarios exigían por primera vez - y con motivos- que se cuidara la jugabilidad.

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Dos décadas después, el Cerebro de la Bestia regresa con dos mandos y un tamaño perfecto para llevarlo a casa de familiares y amigos, algo idóneo para recuperar todos esos momentos aplazados en el tiempo. Y esta vez, viviremos el lanzamiento desde el primer día.

Sergio Cejas

Cuando me viene a la cabeza el nombre de Super Nintendo o SNES, no puedo pensar en otra cosa que en una de las mejores épocas de mi vida como aficionado a los videojuegos. He disfrutado de momentos irrepetibles con todas sus consolas e incluso con las de la competencia que no olvidaré jamás, pero lo que llegué a sentir con la Super Nintendo es de otro nivel.

Mega Man X

Quizás uno de los grandes motivos por los que puedo afirmar esto es porque tengo la fortuna de contar con más de 70 juegos originales de su catálogo que me han proporcionado toda clase de experiencias. Pero sobre todo, no olvidaré aquellas tardes enteras que me pegaba con mi hermano jugando a cualquier cosa para dos jugadores o también cómo nos reuníamos a veces varios amigos del colegio en mi casa para jugar a 'Super Bomberman 3' o 'Tiny Toon Wild & Wacky Sports', entre otros.

También fue en ese momento cuando Mega Man X se convirtió en mi personaje preferido de videojuegos. Siempre había sido muy fan del héroe azul de Capcom en la época de la NES, pero su versión más futurista me conquistó, al igual que gracias a 'Super Metroid' o 'The Legend of Zelda: A Link to the Past' pasaron a ser ambas sagas de mis favoritas, siendo justo estos de los juegos que más veces he podido rejugar en toda mi vida e incluso dedicarme a hacerles speedruns.

Super Metroid

Aun así, el verdadero motivo por el que siempre consideraré personalmente a Super Nintendo como la mejor consola que ha existido, más allá del completo, extenso y grandioso catálogo con el que cuenta, es por haberme dado a conocer la época dorada de los RPG. Fue gracias al Cerebro de la Bestia que comenzase mi afición por este género y se convirtiese en mi favorito. Es imposible olvidarse de joyas como 'Secret of Mana', 'Breath of Fire II', 'Secret of Evermore' o 'Chrono Trigger'.

Y naturalmente, si me tengo que quedar con dos obras maestras de ella serían 'Illusion of Time' y 'Terranigma'. Mis dos juegos favoritos de Super Nintendo y de los mejores que he probado nunca. Ya no solo es que argumentalmente fuesen impresionantes con ese repaso que hacían a la historia de la humanidad o a la vida en sí, es que además jugablemente eran muy entretenidos y desafiantes, sobre todo el segundo de ellos, que he de reconocer que no me lo pasé hasta hace unos años que volví a darle una oportunidad (¡maldita Bloody Mary!).

Terranigma

No puedo terminar sin hacer una mención especial a otros grandes recuerdos que me ha dejado la Super Nintendo: el nacimiento de 'Super Mario Kart', la banda sonora merecedora de grandes premios de 'Super Castlevania IV', la majestuosa trilogía de 'Donkey Kong Country' o los extremadamente complicados y no tan populares 'Plok', 'B.O.B.' o 'Whirlo'. Podría tirarme horas hablando de cualquiera de todos estos títulos, pero lo que tengo claro es que a partir de mañana viajaré en el tiempo a aquellos momentos de mi infancia para sentirme como si tuviese de nuevo siete años.

Ire Díez

Earthbound

Puede que mi historia con Super Nintendo sea menos positiva de lo que debería a tenor de las impresiones de mis colegas, y puede también que la considere la consola más memorable que he tenido en la vida. Cuando cumplí los seis años mis padres decidieron (valientemente) regalarme videojuegos. En los 90 era el vendedor el que te recomendaba y convencía de las bondades de las consolas, y el rebajado precio de Mega Drive II terminó seduciendo al presupuesto familiar.

‘Sonic’, ‘Shinobi’, ‘Columns’, ‘Fifa96’ y ‘Street of Rage’ me transformaron en un enamorado de las aventuras que no mueren nunca, que divierten pase el tiempo que pase. Por lo que dedicarme profesionalmente a la industria venía intrínseco con eso de ser un fanático antes de entrar en la primaria.

Por supuesto, la Mega Drive me encantaba a niveles de traca, pero en el fondo de mi corazón sentía que solo estaba tapando carencias. Necesitaba la Super Nintendo en mi habitación para hacerle compañía a la Game Boy. La necesitaba por encima de cualquier otra consola o PC, pero por vergüenza (o por no entristecer a mis padres) me faltó sinceridad para reconocerlo.

Pasaron años, consolas, generaciones, novias, etapas y empleos temporales muy cutres, hasta que por fin apareció en mi casa, perfecta: con su caja original, manteniendo el color impoluto y con una copia de ‘Earthbound’, mi juego favorito. Mentiría si os dijera que fue el día más feliz de mi vida, pero lo cierto es que aquel momento supuso un antes y un después en mi dilatada trayectoria como jugador enfermizo.

Como podéis intuir la historia no acabó bien, de ahí la primera frase de mi texto. Con la subida de precio de las matrículas universitarias tuve que trabajar más de la cuenta, pedir las becas que (inexplicablemente) no me concedían y deshacerme de mis joyas más preciadas para hacer frente a semejante sablazo por la espalda. La SNES se vendió la primera y pude salvar el máster. Menuda espina clavada, amigos.

Por suerte vivimos en la época del revival y Kimishima sabe dónde darnos para caer sin piedad. El Cerebro de la Bestia aterriza otra vez en casa, y en esta ocasión para acompañarme hasta que los hijos de los hijos de mis hijos decidan cansarse de ella.

No puedo celebrarlo más fuerte.

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