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Ha llegado el momento de darle una oportunidad a la realidad virtual, pero sigue sin ponérnoslo fácil
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Ha llegado el momento de darle una oportunidad a la realidad virtual, pero sigue sin ponérnoslo fácil

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Llevaba mucho tiempo soñando con la idea de asomarme de lleno a la realidad virtual. Lo vivido hace varios años atrás en los premios Xataka se encargó de encender una mecha que un posterior escarceo con el kit de desarrollo de PlayStation VR avivó con fuerza. Ya desde entonces fui muy consciente del potencial de esta tecnología, pero la razón pesaba más que el corazón. 

Ni mi colección de cacharros estaba preparada para sumar uno más a la fiesta, ni mi bolsillo me animaba a hacer un desembolso al que sabía que no iba a sacar rendimiento. La falta de juegos con cara y ojos, a base de conceptos más cercanos a las experiencias que a lo que yo veo como tales, invitaban a esperar.

El buen momento de la realidad virtual

Hoy ese escenario es completamente distinto. Las experiencias fugaces siguen ahí, sí, pero también le acompañan una serie de propuestas muy interesantes que, en forma de aventuras en solitario o de la mano de juegos que disfrutar en familia, hacen del mercado VR una opción muchísimo más interesante.

No sólo podemos acceder a fantásticas ideas de la talla de Beat Saber, The Invisible Hours, Moss,  In Death, Tetris Effect..., también tenemos todas esas adaptaciones que poco a poco van sumando propuestas como Skyrim o Doom. Sumémosle, además, el trabajo de la comunidad a la hora de portar juegos a realidad virtual a base de mods. ¿Ejemplos? Jugar a Quake en VR. Para qué quieres más.

Pero si el presente pinta bien, el futuro lo hace aún mejor a base de más y más estudios apostando por la tecnología. Estamos ante un escenario en el que el futuro a corto plazo tiene muy buena pinta. Ahí están ejemplos como los de Blood And Truth, Everybody’s Golf VR, Jupiter & Mars, Rogan: The Thief o Trover Saves The Universe que atestiguan la buena salud que le espera al medio.

El salto no sólo es sorprendente porque muchos le auguraban un futuro igual o similar al de los juegos 3D que empezaron a brillar tras la llegada de la película Avatar, también porque la industria no le está poniendo las cosas fáciles a la tecnología para salir adelante con facilidad, especialmente en el campo del PC. 

"A pesar de" en vez de "gracias a"

Con PlayStation VR reinando cómodamente en el apartado consolero con 4,2 millones de unidades colocadas en todo el mundo, el crecimiento sigue siendo todo lo estable que debería. Un punto a su favor si tenemos en cuenta que el desembolso no es precisamente barato y está cerca de lo que supone comprar una consola de otra marca. 

En ordenador, en cambio, los estudios tienen que luchar contra una lucha entre periféricos que les obliga a querer estar en el mayor número de sistemas posibles, una apuesta que no es precisamente barata. Tampoco ayuda la llegada de distintos formatos como Oculus Quest, visor que no precisa instalación o PC y que cuenta con un catálogo propio similar al de Rift que por ahora lo separa de su hermano mayor. 

Lo que en esencia debería ser una buena noticia, abrir el mercado para que más gente se sume a la fiesta, deja a los desarrolladores en una posición cada vez más complicada que las propias marcas no se encargan de balancear a base de comprar estudios y juegos exclusivos. No al menos con la inercia que requiere una tecnología en expansión

Con todo eso sobre la mesa, la dualidad entre lo prometedor de la tecnología y sus juegos choca de lleno con la inestabilidad de la propuesta y las dudas frente a qué camino escoger. Preguntas que, con el E3 2019 y una nueva generación a la vuelta de la esquina, esperamos sean resueltas para que animar a la gente a dar el paso (algo que yo recomiendo encarecidamente) sea mañana mucho más fácil de lo que es hoy

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