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Análisis de The Division 2: la nueva vara de medir para el género del shooter looter
Análisis

Análisis de The Division 2: la nueva vara de medir para el género del shooter looter

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Cuando te han vendido lo mismo varias veces acabas acostumbrándote a creer que eso es lo normal. Con los ejemplos de shooter looter más recientes y sus interminables hojas de ruta, lo habitual era encontrarnos con juegos de un contenido escaso que sumaban la promesa de un futuro mejor por un módico precio. The Division 2 es el juego que viene a romper esa tónica.

Ubisoft firma aquí un proyecto mastodóntico en el que la escasez nunca es una opción. The Division 2 sienta las bases de cómo debería crecer el género, demostrando además que la filosofía de recortar contenido en aras de futuros DLC ya no tiene sentido. Es como sentarte en la comidad de Navidad y que tu estómago sea un pozo sin fondo. Siempre hay algo rico que llevarte a la boca y tus ganas de más siguen siendo insaciables.

The Division 2: una secuela para enmarcar

A la marca gala no parece haberle funcionado demasiado bien la estrategia de esconder los análisis del juego hasta después del lanzamiento. La excusa de que todos jugásemos juntos era entendible, pero innecesaria. Así lo ha demostrado en mi partida, donde he recorrido The Division 2 de cabo a rabo prácticamente en solitario y sin problemas para disfrutar o afrontar el reto.

El suma y sigue habitual recoge lo sembrado por la primera entrega y lo amplía en las direcciones más lógicas: nuevo escenario, armas y enemigos, pero complementa todo ese paquete con una serie de mejoras que, por bien ejecutadas y planeadas, hacen de esta secuela un juego mucho más grande y disfrutable de lo que lo era el primero.

Con la excusa de un virus mortal para vaciar las calles de Washington DC, nuestro objetivo será controlar la situación a base de ayudar a los civiles y limpiar las calles. Estas están manchadas no sólo por una dirección de arte brutal, sino también de ejércitos enemigos capaces de ponerte en aprietos en cualquier momento, ya sea en una misión en la que intentas salvar al presidente o paseando de camino a comprar el pan.

El concepto de un escenario vivo va mucho más allá de ver un ciervo echar a galopar de tanto en tanto. Aquí la idea es que un simple recorrido te asalte con una docena de situaciones que te inviten a alargar ese camino unos bloques más. Ayudar a unos pobres desalmados que se han aventurado a explorar, recoger suministros o incluso despejar campamentos enemigos es, en el 99% de las veces, algo con lo que apetece arremangarse.

Un juego hecho para los fans del género

Inevitable retomar aquí las sensaciones con otros juegos recientes. Y no sólo Anthem, también ejemplos como Destiny. Estando las posibilidades y experiencia de disparo un punto por debajo de lo que veíamos allí, las diferencias entre aquellos y este juego radican en un punto mucho más importante.

Si nos fustigábamos porque aquellos parecían responder a la hoja de cálculo de una gran compañía, una en la que ir tachando todo aquello que podía resultar rentable para las arcas de la empresa, en The Division 2 todas esas reglas se ven superadas por unas mucho más gratificantes: ¿qué quiere el jugador y cómo puedo ayudarle a conseguirlo?

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Pues resulta que el jugador, al menos en mi caso, quiere disfrutar de la experiencia solo o acompañado, quiere hacerlo a través de escenarios lo más variados posibles en un mapa que admita la misma pluralidad. También quiere saber a ciencia cierta si lo que ha looteado le merece la pena o no sin tener que navegar por farragosos menús, evitar pantallas de carga innecesarias, y que todo lo relativo al habitual “vete a recogerme estos materiales” sea tan secundario como relegarlo a algo que puedes obviar por completo para completar la aventura.

Pero sobre todo, lo que más desea por encima de todas esas opciones, es llegar al final de la aventura con la sensación de que el juego le ha dado todo lo que podía ofrecer. No sólo eso, seguro que alguno quiere que, además, todo vuelva a empezar con más opciones, más habilidades y nuevos enemigos.

Dicho y hecho. Nada, absolutamente nada (y ojo ahí porque no es poca cosa), puede reprochársele a The Division 2 en su objetivo de hacer que el usuario salga lo más contento posible de la experiencia.

Tiroteos que recuerdan a joyas del shooter

De nada servirían todas esas buenas intenciones si el juego no estuviese a la altura. Siendo todos conscientes de que, en esencia, esto va de disparar a los malos y recoger la basura que sueltan para ver si nos conviene sumarla a nuestro inventario, escenario e inteligencia artificial suponen la guinda de un pastel tan desafiantes como gratificante.

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Que cualquier encuentro pueda llevarte al hoyo si no estás atento es la mejor muestra de ello. Y es que con una agresividad fantástica que por momentos recuerda a algunos encuentros de joyas como Halo 3, los enemigos se agachan para esquivar tus balas, reaccionan a la superioridad o inferioridad numérica, y son lo suficientemente agresivos para que cualquier cobertura pueda pasar de zona segura a peligro inminente en cuestión de segundos.

El cómo te rodean y buscan el flanco perfecto mientras estás ocupado con otro asaltante, probablemente un enemigos esponja de balas y cargado de protecciones que puedes reventar para buscar un punto débil, es algo que vives constantemente. Que el escenario sea un museo recreando la Guerra de Vietnam o una biblioteca pública es, además, el lienzo sobre el que se pintar toda esa pasión por los tiroteos.

Lástima que en algunos de los más importantes haya hueco para el queso (buscar una zona desde la que es casi imposible morir), que no aproveche más el entorno para dotarlo de espectacularidad (que los libros de la biblioteca se despedacen o que acciones como activar una tubería que llena la sala de fuego sean anecdóticas), o que el verdadero reto sólo aparezca cuando juegas en niveles más altos o en aquellos en los que el balanceo se les ha ido de las manos (sí, fortaleza del puerto, te estoy mirando a ti).

El más y mejor del endgame y la Zona Oscura

Habiendo pasado por su historia como lobo solitario, sólo con la compañía de gadgets que también admiten mejoras y opciones de ataque, mi experiencia con el cooperativo ha estado más centrada en los tramos finales y la Zona Oscura. Lo ha sido casi siempre acompañado de amigos, pudiendo gestionar mejor los ataques y lamentando la oportunidad perdida que supone no haber adaptado la marcación de Ghost Recon Wildlands en tiempos del ping de Apex Legends.

Afortunadamente el flujo de enemigos hace que el reto esté ahí en una situación u otra, pero no negaré que he encontrado más satisfactoria la opción de ser yo el que, de la mano de logros y fracasos, he superado todo lo que el juego me iba echando a la cara. A ese ritmo he disfrutado más la exploración y la evolución del personaje, pero también he agradecido el poder comparar armas, estadísticas y cucamonadas en forma de chandal (estilo meme ruso) que complementan que no todo sea cubrirte y disparar.

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Como probablemente muchos jugadores, me he mostrado escéptico desde el anuncio y he obviado el flujo de información que ha ido llegando sobre The Division 2. Tal vez por eso lo encontrado más allá del final, una vez superado el nivel 30 del personaje, me ha resultado tan sorprendente.

Que llegar allí suponga recibir tres nuevas opciones de ataque, un nuevo árbol de habilidades para cada una de ellas, y la invasión de todas las misiones por una facción nueva que te supera en opciones tecnológicas, es justo lo que necesita un título como este para alargarse durante algo más que la semana de vicio intensivo tras el lanzamiento. El resto, las raids y más novedades, ya llegarán, pero hasta entonces seguiré teniendo algo interesante que hacer.

Igual de agradable se ha tornado la Zona Oscura, el apartado en el que nace y muere el interés del PvP. O he tenido suerte en mis incursiones o Ubisoft ha querido calmar los ánimos no sólo a base de balancear y equilibrar la experiencia, también reduciendo el número de posibles encuentros con otros usuarios. Si es el caso, no me ha molestado, siendo los enemigos del juego un rival igual de digno y puñetero cuando llega la hora de extraer el botín que has recopilado explorando.

La opinión de VidaExtra

Ofreciendo todo lo necesario para que queramos recoger, crear y modificar todas las armas y equipamiento que nos venga a la cabeza, The Division 2 presenta el escenario y reto perfecto para que esas ganas de seguir disparando y recogiendo botín nunca tengan límite. Sí se nota la falta de ambición en querer trasladar esa maestría a lo narrativo y sus cinemáticas, muy por debajo de todo lo demás, pero creo que la mayoría estamos de acuerdo en que no hemos venido aquí por la historia.

Puede que The Division 2 no acabe siendo paladín de ninguna lucha dentro del género, pero sin duda será la excusa perfecta para que piense en él cuando otro juego me la intente colar a base de hojas de ruta con futuros contenidos y un pase de temporada de pago. Ubisoft demuestra que lo de crear un shooter looter masivo y gratificante no era cuestión de posibilidades, sino de ganas, y sólo por eso ya merece todo el apoyo y aplausos que seamos capaces de brindar.

Imprescindible

The Division 2

The Division 2

Plataformas PC, PS4, Xbox One (versión analizada)
Multijugador
Desarrollador Ubisoft
Compañía Ubisoft
Lanzamiento Ya disponible
Precio 64,90 euros

Lo mejor

  • Formidables tiroteos
  • Un juego con contenido para aburrir
  • La inmensa cantidad de opciones de personalización de juego

Lo peor

  • Su historia sigue dejando mucho que desear
  • La ambición en lo técnico a veces le pasa factura

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