Sin hacer demasiado ruido, Milestone ha traído de vuelta la mítica saga Screamer con un reinicio por completo que, para ser sinceros, prácticamente lo único que mantiene es su nombre y el hecho de ser un juego de carreras si lo comparamos con el título original publicado hace más de 30 años. La compañía italiana vuelve a demostrar una vez más por qué son unos auténticos expertos en el desarrollo de este tipo de juegos, siendo esta nueva entrega la mejor prueba de ello al brindarnos una apuesta original, adictiva y, sobre todo, de lo más desafiante.
Semanas atrás tuve la oportunidad de disfrutar de esta propuesta durante poco más de una hora, pero me dejó con unas grandes sensaciones que ahora se han visto aumentadas tras disfrutar de su versión definitiva. No se trata del típico juego de conducción arcade sin más, porque nada más empezar ya resalta por su apartado visual, porque parece enteramente que estemos frente a una serie anime por las secuencias cinemáticas que van desfilando de vez en cuando.
Entre la narrativa y la emoción de las carreras
En esta entrega, todo el argumento juego un papel bastante importante, metiéndonos de lleno en un futuro distópico en el que cinco equipos se enfrentan entre ellos en un torneo de carreras ilegales. Cada uno de los personajes están perfectamente definidos y son muy diferentes entre ellos, formando tríos que cuentan con sus propias finalidades para alzarse con la victoria, entre los que podemos encontrar soldados, superestrellas, criminales, etc.
En esta intensa competición, en la que no pararán de formarse rivalidades y alianzas, al final, todos buscan exactamente lo mismo: hacerse con la victoria a toda costa. Esto también nos deja con otro detalle que al principio resulta un tanto chocante, como es el hecho de que cada uno de los personajes habla en su idioma natal. Mientras uno mantiene conversaciones en inglés, otro contesta en francés, en italiano, en japonés, etc., pero todos se entienden sin el más mínimo problema.
Se trata de una decisión un tanto curiosa que, una vez te acostumbras, le da un toque internacional muy peculiar a la trama. En cuanto al hecho de remarcar por qué tiene tanto peso se debe a que, prácticamente, es en lo único que se centra el modo historia. A lo largo de sus decenas de capítulos, el juego no para de presentarnos a los distintos personajes y sus motivaciones para conocerlos mejor y también para ir desbloqueándolos, junto con skins de sus vehículos y otra serie de artículos.
Se podría decir que este modo hace las veces de tutorial para conocer mejor cómo se conduce cada uno de los coches y en especial para aprender las mecánicas más fundamentales. No obstante, hay que reconocer que hay momentos que da la impresión de que el hecho de ser un juego de conducción queda en un segundo plano. A la larga, te pasas más tiempo leyendo las extensas conversaciones que mantienen los personajes que pilotando.
Incluso hay momentos en los que estas charlas se mantienen en medio de la carrera, cortando el ritmo por completo. Eso sí, cuando llega el momento de verdad de ponerte al volante, Screamer es una pura descarga de adrenalina por lo frenético que se vuelve el ritmo y la tensión que se libra en cada curva.
Aun así, quien venga solo por ser un juego de conducción arcade, es probable que sienta que la historia, sin ser mala, es puro relleno y decida saltarla al abundar más que los momentos de conducción, los cuales pueden consistir en ganar la carrera directamente, alcanzar una determinada posición, llegar a la meta sin más o realizar determinadas acciones. Los objetivos van variando por completo para que, en general, la competición sea muy variada y no os podáis relajar jamás.
Un desafío para los más salvajes al volante
Para aquellos que decidan pasar de largo de la campaña, el juego ofrece ración de entretenimiento para dar y tomar gracias al resto de modos disponibles. Estos sí que están centrados en la conducción pura y dura con retos de todo tipo, desde un modo en el que puedes personalizar las reglas al dedillo hasta otros que consisten en cruzar puntos de control, obtener puntos por ganar carreras o el clásico contrarreloj. Todo ello sin olvidar el multijugador online y local, ideal para los que prefieran las reuniones en una misma casa.
Las formas de pasar el rato son la mar de variadas para que resulte imposible aburrirse. Eso sí, cada reto es bastante más exigente que el anterior, por lo que estaréis obligados a darlo todo mientras falláis unas cuantas veces por el camino hasta que os hagáis con la jugabilidad. Y es que en Screamer resulta un título muy desafiante, porque en sus circuitos te desplazas a una velocidad de vértigo y cualquier choque, un mal derrape o frenar más de la cuenta se penaliza severamente.
Uno de los puntos más interesantes es su sistema de control, ya que los coches se manejan empleando los dos sticks del mando: uno para ir de izquierda a derecha y el otro para derrapar. Una mecánica un tanto diferente a lo que nos tienen acostumbrados otros títulos del género, pero que encaja de maravilla con su espíritu arcade. En cualquier caso, lo que destaca por encima de todo son las barras de energía que se van recargando poco a poco.
Por un lado, cuentas con una especie de turbo que depende de cambiar de marcha en el momento adecuado y que se potencia si tienes buenos reflejos al pulsar determinados botones. Por el otro lado, está la mecánica que hace que las carreras se vuelvan un auténtico campo de batalla, ya que puedes embestir a los adversarios. Eso se logra gracias a que los vehículos pueden cargar un impacto que destruye en pedazos a cualquier rival, provocando una pérdida de segundos valiosísimos. Es más, la única manera de defenderse es activando los escudos en el momento oportuno.
Es vital tener en cuenta que el turbo, la carga y los escudos no funcionan exactamente igual y tampoco se cargan de la misma manera para cada uno de los personajes, lo que influye a la hora de escoger a cada uno. Por lo tanto, no solo se premia la habilidad al volante, sino también la capacidad estratégica para gestionar de la manera idónea las capacidades de cada uno de los coches. Más que nada porque el juego alcanza unos picos de dificultad que requieren una concentración máxima para ser el mejor.
En resumidas cuentas, tenemos un juegazo que ha resultado ser una de las mayores sorpresas de este 2026. Es una de las propuestas más recomendables de los últimos años dentro del género de conducción porque, a pesar de que se ha hecho demasiado hincapié en su historia, la jugabilidad sigue siendo la reina en un conjunto general. Con una banda sonora que acompaña a la perfección a la emoción que vive en la pista, Screamer sabe cómo mantenerte pegado a los mandos con ganas de librar una carrera tras otra.
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