Cuando el desarrollo de videojuegos se convierte en una fábrica de series turcas
Industria

Cuando el desarrollo de videojuegos se convierte en una fábrica de series turcas

Hay una razón por la que Coca-Cola ha mantenido en secreto su fórmula durante todos estos años, y pese a su empeño nada ha impedido que alrededor del globo surjan cientos de marcas intentando ofrecer un producto similar.

Con la fórmula para crear el videojuego perfecto ha ocurrido prácticamente lo mismo, pero la diferencia dentro de esta industria es que el gran secreto ya ocupa tutoriales, conferencias, libros y miles de GB de documentación a lo largo y ancho de internet. Y con ello, la industria del videojuego se ha convertido en una fábrica de telenovelas turcas.

La fórmula del éxito

De entre todas las modas del mundo del entretenimiento actual, una de las que más me fascina es la de las telenovelas turcas. Ni en mis sueños más surrealistas habría imaginado que una serie -¡muchas!- de Oriente Medio podría acabar cosechando los mejores datos de audiencia de la televisión española.

Hasta mis padres, que siempre han renegado del formato de la telenovela latinoamericana -aunque por alguna razón uno de mis primeros recuerdos es cantar el "mi vida eres tú" de Cristal, algo falla ahí- han acabado enganchados no a una, sino a varias series similares.

¿Pero de dónde salen tantas telenovelas turcas? ¿A qué se debe su éxito? Y, sobre todo, ¿por qué todas parecen iguales? Porque como en la Coca-Cola o el mundo del videojuego, cuando algo tiene éxito, el resto no tarda en intentar copiar la fórmula.

En primer lugar son proyectos de grandes presupuestos que se alejan del formato diario al que la televisión de nuestro país estaba acostumbrada. A diferencia de Cristal, sin ir más lejos, son series de emisión semanal que en Turquía se emiten en prime time y cuentan con algunos de los mejores actores del país.

Más allá de eso, todas siguen una misma fórmula en la que priman la tragedia y el amor, las grabaciones en exteriores, el lenguaje no verbal, los primeros planos que se recrean en silencios y reflexiones, el sugerir más que mostrar para evitar la censura, las tonadillas con la música típica del país…

Infiel

Cambian los actores y cambian las historias, pero los pilares de cómo deben hacerse están asentados y se comparten entre todas las series para que apuntar al éxito y alcanzarlo sea lo más fácil posible. No hay riesgos creativos ni formatos que se salgan de la línea de puntos marcada, y por eso es fácil encontrarse con comentarios que aseguren que todas las telenovelas turcas son iguales.

Los juegos como telenovelas turcas

No soy fan o seguidor de las series turcas -aunque reconozco disfrutar un poco asediando a mi suegra con preguntas cada vez que vamos a su casa y coincide que está viendo una- así que las críticas hacia cómo esa fórmula se repite hasta la saciedad de una a otra no me afectan especialmente.

La de "últimamente todos los juegos son iguales" que leemos y escuchamos cada vez con más ahínco sí me duele un poco más. Que sigan surgiendo ideas originales de la mano de desarrollos independientes sigue salvando la papeleta, pero incluso ahí no es oro todo lo que reluce y también afecta, aunque sea de refilón, la misma frase.

Las fórmulas que convierten los géneros en modas, que repiten los mismos tipos de enemigos, los mismos iconos en un mundo abierto o idénticas estrategias de monetización y retención. Con todo el talento creativo que hay repartido por el mundo, Blizzard apuesta por un Clash Royale de Warcraft y por cambiar las cajas de botín de Overwatch 2 por un pase de batalla.

No hay hueco para la innovación porque, por un lado, todos esos experimentos ya los hemos vivido y después de décadas siguiendo caminos distintos la industria se ha asentado sobre lo que ahora se considera estándar, y por otro lado, son desarrollos de tantísimo presupuesto que correr riesgos no entra en los planes de nadie.

Los juegos que son hojas de Excel en los que se marca qué debe tener para apuntar al éxito, desde Anthem hasta Marvel’s Avengers, siguen sin ser una garantía de éxito, pero es la fórmula más cercana a la Coca-Cola que, quienes no son o poseen dicho secreto, pueden alcanzar.

Pensad en la fórmula de Telltale Games, en la de Quantic Dream, o en todos los años que han pasado hasta la llegada de un Elden Ring cuyo mundo abierto no sea una copia de GTA o Breath of the Wild. Recordad todos los juegos que, devorados pensando que no había una fórmula mejor, han pasado frente a nuestros ojos como una maratón de novelas turcas frente a la atenta mirada de mis padres.

Elden Ring

La cara amarga de la democratización del desarrollo

Y con esa misma idea pero otro camino llegamos hasta el desarrollo independiente y lo que, lamentablemente, también se repite allí. Gaia me libre de demonizar la democratización del mundo del desarrollo, ya sabemos lo fácil que es caer en el clasismo de la aristocracia de Platón pese a tener buenas intenciones, pero hablar sobre cómo la democracia es la menos mala de las fórmulas de gobierno también implica reconocer que, pese a todas sus bondades, no siempre es perfecta.

Que el mundo del desarrollo cuente hoy con esa colección de tutoriales, motores gráficos, conferencias, ensayos, libros de diseño y miles de GB de documentación a lo largo y ancho de internet, siempre será considerado como un logro de nuestra industria para quienes abogamos por un sector más libre y transparente. Pero nada de eso puede tapar que, pese a todas sus bondades, no es una fórmula perfecta.

Tener herramientas con las que afrontar un bloqueo técnico, artístico o de diseño hace que quienes podrían acabar atascados y abandonen el camino tengan un hilo del que tirar, pero también que todos ellos van a acabar llegando al mismo destino replicando estéticas, mecánicas y, por qué no, también errores.

Otras físicas, otras mécanicas, otro espadazo y otro parry que no sean la copia de la copia de otro Souls pixelado con protagonistas corrompidos por la oscuridad de un mal ancestral. Otro camino para llegar al jugador y hacerle sentir que lo que tiene ante sí es algo nunca visto.

Porque ante otro Soulsborne roguelike siempre puede haber un Inscryption, pese al éxito de un Guitar Hero siempre hay hueco para alabar un Rhythm Paradise, y aunque todos quieran su propio mundo abierto plagado de iconos los jugadores seguiremos apreciando el valor de un Sea of Thieves.

Hay una parte de la industria que sigue lejos de querer ser una fábrica de telenovelas turcas. Apoyémosla y encumbrémosla con todas nuestras fuerzas y entusiasmo porque, si dejamos que ganen los de siempre, la vamos a echar muchísimo de menos.

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